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La transformación de Harry en diez pasos: de Alteza Real a príncipe en Estados Unidos

El nieto de la Reina de Inglaterra está dando un giro a su vida que pasará a la historia de la monarquía británica

por Sira Acosta

 A lo largo de la historia se ha analizado la biografía de esas mujeres que dejan una vida “normal” para convertirse en princesas. Así se estudia el bagaje con el que llegan, la formación que reciben y, sobre todo, la transformación que dan para representar a la monárquica. Algunas lo hacen en un viaje largo, como en el caso de la duquesa de Cambridge, que vivió un reposado noviazgo con el príncipe Guillermo hasta entrar en la Casa Windsor, y en otros casos, como el de Meghan Markle, es casi fugaz.  Hay biografías más controvertidas, como la de Sofia de Suecia o Mette Marit de Noruega, y otras que brillan nada más descubrirlas, como Máxima de Holanda o Mary de Dinamarca. También se ha hecho ese análisis con hombres, como el príncipe Daniel de Suecia e incluso se hizo con el propio duque de Edimburgo, nacido príncipe pero destinado a vivir como consorte de la Reina de Inglaterra. A lo que muy rara vez se ha asistido a lo largo de la historia, es a la reconversión de un príncipe que decide de forma voluntaria dejar de ser Alteza RealHarry de Inglaterra pasará a la historia por ello y ha conseguido reconvertirse en diez pasos.

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  1. Un modelo a seguir. Si alguien supo salir de la Casa Real y elevar su popularidad esa fue Diana de Gales. Después de divorciarse del príncipe Carlos mostró quién era realmente, dio entrevistas incómodas para la Familia Real y abrazó causas que eran un tabú en la monarquía hasta entonces. Según el que fuera su mayordomo, Diana de Gales llegó a fantasear con una vida discreta fuera del Reino Unido, exactamente el camino que han tomado Harry y Meghan.
     
  2. La tormenta perfecta. Este tiempo de crisis sanitaria, confinamientos y viajes restringidos han servido para que la pareja se asiente en su nueva vida. De lo contrario, su presencia o ausencia en un evento familiar, como podría haber sido la boda de Beatriz de York o el Trooping the colour, lo hubiera eclipsado todo reabriendo una herida que todavía no se ha cerrado en el Reino Unido. No obstante, ya se adivinan algunas fechas en la que los Sussex podrían hacer su regreso, aunque la COVID-19 marque un futuro incierto. 
     
  3. Hay que hacer números. Las finanzas de la pareja fueron analizadas al milímetro cuando soltaron la bomba sobre el Palacio de Buckingham, desde la herencia de Diana hasta las ganancias de Meghan como actriz. Ahora sus números son otros, acaban de comprar una casa de más de doce millones de euros y una vez que pasas más de 183 días en Estados Unidos comienzas a pagar impuestos allí y los de Santa Bárbara son de los más altos. Por otro lado, la pareja tenía un vasto patrimonio personal, puede cobrar por su trabajo y los fondos del Ducado de Cornualles, una extensa cartera de inversiones inmobiliarias y financieras, no les fueron retirados. Desde algunas publicaciones financieras británicas que ya se ha advertido que si Harry y Meghan juegan bien sus cartas podrían levantar una multimillonaria fortuna en diez años, de hecho, han puesto como ejemplo a otros británicos que han sabido crear con éxito y variedad de proyectos una marca poderosa con sello familiar: los Beckham. 

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  4. A la caza de nuevos (y brillantes) retos. Desde hace unas semanas el rumor de que los Sussex iban a desembarcar en la industria audiovisual corría como la pólvora por las colinas de Hollywood. Ahora ya se ha desvelado el secreto: HELLO! ha confirmado que Meghan y Harry han cerrado un importante acuerdo con Netflix para crear un contenido definido como “programación familiar que inspire”. Poco se conoce por el momento, pero parece lógico pensar que los Sussex apostarán por la temática que dominan, como son las cuestiones medioambientales, el deporte paralímpico (primer proyecto de Harry con Netflix), la salud mental, el manejo ético de las nuevas tecnologías o la igualdad en el más amplio sentido de la palabra, ya que desde su llegada a Los Ángeles han abordado tanto cuestiones raciales como de género.

    Esto tiene una segunda lectura: ¿significa entonces que los nuevos socios de los Sussex no abordarán cuestiones incómodas para la Casa Real británica? El gigante del entrenamiento tiene producciones propias como The Crown, que no disgusta e incluso se ha dicho que "entretiene" a los Windsor, pero luego tiene títulos como Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico, en el que se bucea con soltura sobre los vínculos del príncipe Andrés con la trama de corrupción del fallecido magnate. Por otro lado, hace unos meses se publicó que Netflix tendría sobre la mesa (pero que no había comprado) un documental sobre los episodios más oscuros e íntimos de la vida de Diana, un material que no iba a ser del agrado ni de Guillermo ni de Harry. Nada se ha vuelto a comentar sobre esa producción.
     
  5. Hay líneas rojas que no se cruzan: Al hilo de lo anterior, si alguien fantasea con que los Sussex participen en una producción que tenga que ver algo con la Familia Real británica, que está resultando un filón para Netflix tanto con producciones propias como externas, ya puede dejar de soñar. Si cuando firmaron el contrato con la agencia Harry Walker (una agencia con sede en Nueva York que representa, entre otros, a los Obama, a los Clinton, a la tenista Serena Williams o a la apasionante naturalista británica Jane Goodall para dar charlas o participar en debates moderados) se advirtió que nunca hablarían ni de los Windsor ni de su salida de la Casa Real o de sus roles dentro de la familia, es lógico suponer que harán lo mismo con Netflix.

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    Otra muestra de que Harry deja el Reino Unido pero que no dinamita los puentes que deja atrás es que, a diferencia de Meghan, no se ha involucrado en nada que roce la política. La Duquesa se ha metido de lleno en las próximas elecciones de Estados Unidos con el fin de promover el voto entre la juventud, aunque no se ha pronunciado por ningún candidato a buen entendedor, pocas palabras bastan. En cuanto Meghan "batió sus alas" en este sentido, generó un huracán al otro lado del Atlántico. Rápidamente The Telegraph calmó los ánimos y por fuentes propias publicó: "El príncipe Harry 'no se involucrará en la campaña electoral de Estados Unidos'". Es decir, de la Reina y su familia se espera la máxima neutralidad dentro del Reino Unido y una nula injerencia en las cuestiones de política interna de otros países. Es decir, como príncipe nunca votó y eso parece que no va a cambiar. 
     
  6. No perder los compromisos con el Reino Unido. Entre los términos que se negociaron para su salida, Harry mantuvo el patronazgo de las organizaciones sin ánimo de lucro con las que había colaborado hasta entonces. En estos primeros meses en Los Ángeles ha mantenido el contacto con ellas, como con los representantes de la liga profesional de rugby, y también ha sabido reconvertir esas relaciones, por ejemplo, ha participado a pie de calle con Baby2Baby, una de las cuatro organizaciones a las que derivaron los regalos por el nacimiento de Archie.
     
  7. Comunicarse sin palabras. A Harry los pantalones vaqueros le quedan perfectos, también los polos desabrochados, las pulseras de cuero, las zapatillas desgastadas y la barba de tres días. Sin embargo, ¿cuántas veces lo hemos visto con pantalones cortos? En las contadas ocasiones que fue fotografiado jugando al fútbol. Ahora ha relajado su estilo, igual que Meghan, y los pantalones cortos y las deportivas parecen un símbolo más de su estrenada libertad.

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    Otro gesto con el que los duques de Sussex lanzan un mensaje. Siempre que el confinamiento lo ha permitido se han dejado ver y lo han hecho a pie de calle. Esto es relevante en un momento en el que la Casa Real está adaptándose a la nueva realidad familiar. En la página web oficial se hicieron cambios y la vez que se eliminaron las pestañas que redirigían a los lectores a las redes sociales de los duques de Sussex se eliminaron las del príncipe Andrés. Parece lógico ya que ninguno de los tres es ahora un miembro activo de la Casa Real, sin embargo, la forma de marcar la diferencia, en un momento en el que el duque de York apuesta por el ostracismo (ojo, que no ha sido juzgado), es demostrar que no se han ido a los Estados Unidos a encerrarse en una fortaleza. En este sentido, parece que que la salida de los duques de Sussex ha sido la propia "tormenta perfecta" para el príncipe Andrés ya que lleva meses pasando desapercibido. 
     
  8. También hay palacios en California. Veranos en Balmoral, Navidades en Sandrigham, escapadas de fin de semana a Windsor, casa de soltero en Kensington y, por último, una casa reformada a medida en Frogmore House. La vida de Harry ha transcurrido entre los palacios más impresionantes, sin embargo, ahora ha comprado su propio palacio. Tiene vistas al oceáno Pacífico, jardines de estilo mediterráneo y un pub en el sótano. 
     
  9. Nuevos amigos. Ya vimos en su boda que amigos no les faltan y, por cierto, bien posicionados. Entre ellos el matrimonio Clooney, Serena Williams, la activista Gloria Steinem o la propia Oprah Winfrey, que parece haber sido una pieza clave para hacer su llegada a los Estados Unidos más agradable. Ahora la tienen como vecina en el condado de Santa Bárbara, concretamente en la exclusiva y blindada zona de Montecito, donde viven un largo listado de estrellas como Ellen DeGeneres, Kirk Douglas o George Lucas. 

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  10. Hay que tender nuevos puentes. La historia de la monarquía británica ha demostrado que es capaz de superar cualquier escollo, entre ellos que el propio rey, Eduardo VIII, abdicara para casarse con Wallis Simpson. Cuando amaine la tormenta y pase el 'Megxit' (mal llamado, ya que la reciente biografía ha dejado claro que la decisión la tomó Harry, una trabajo periodístico que los Sussex no han venido a desmentir, como sí ha ocurrido con otras publicaciones), esto quedará en una anécdota, una de las que pase a la historia, pero una anécdota al fin y al cabo. ¿O es que nadie recuerda la "guerra fría" entre el duque de Edimburgo y Sarah Ferguson? En su momento, la imagen de la duquesa de York saltó por los aires y el príncipe Felipe la evitó durante los 26 años posteriores, concretamente hasta la boda de Eugenia de York.

    En definitiva, dejando a un lado la institución, Harry es nieto, hijo, hermano, tío, sobrino… Así es de esperar que las aguas vuelvan a su cauce y puede que ya haya fecha para ello. El próximo año Diana de Gales hubiera cumplido 60 años y sus hijos van a instalar una estatua en su memoria en la que fuera su última residencia oficial. Así que, tarde o temprano, ya que por delante quedan también unas Navidades, esa batalla entre hermanos (título bajo el que incluso se ha publicado otro libro centrado en el conflicto entre Guillermo y Harry) llegará a su fin. Pero para aquel entonces, Harry ya habrá escrito su propia historia, una muy distinta a la que se había imaginado para él cuando nació en 1984 siendo entonces el tercero en la línea de sucesión al trono británico, un lugar que ocupa ahora su sobrino George de Cambridge.

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