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Cuando Meghan se salta las normas…

La prometida del Príncipe firmó una dedicatoria y posó para un selfie en su último acto oficial, algo que no está permitido a los miembros de la familia Windsor

por hola.com

Las actrices firman autógrafos, pero las princesas no. Meghan Markle lo sabe y por eso trató de compatibilizar su nueva función con los deseos de las pequeñas fans que le esperaban (con un hora de retraso y bajo un cielo gales que no paraba de amenazar con lluvia) a las puertas del Castillo de Cardiff, algo que no le fue sencillo. Desde su primera aparición en público junto al príncipe Harry la ex estrella de Suit dejó claro que no iba a ser una princesa del siglo XX y en cada nuevo acto oficial lo viene reafirmando: lo suyo será más estilo siglo XXI.

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Ese aire informal y cercano –tan Harry por otro lado- son dos de los ingredientes con los que está construyendo un perfil carismático que a día de hoy transita entre la actriz que ha sido hasta ahora y la Windsor que va a ser. En esa línea, la prometida del Príncipe cogió uno de los bolis que le ofrecían y escribió una dedicatoria, aunque no llegó a estampar su firma, un gesto que los miembros de la Familia Real británica tendrían prohibido y que según Express tiene el fin de evitar una posible falsificación.

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“Lo siento, no tengo permitido hacer esto”, se supone que es la respuesta ideal pero incluso el príncipe Carlos alguna vez no ha querido negarse y ha garabateado un informal “Charles 2010”. La reina Isabel II, por su parte, también ha roto en ocasiones su propio protocolo al firmar un balón de fútbol para un joven aficionado al Manchester United durante su visita a Malasia en 1998. El tiempo dirá si Meghan conserva esta costumbre de sus días de actriz tras el “sí, quiero” que tendrá lugar el próximo 19 de mayo en el Castillo de Windsor.

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Lo que sí hizo Meghan Markle, saltándose el protocolo, fue posar para un selfie con otra fan que le esperaba en el lugar, y eso que a los miembros de la Familia Real británica tampoco se les permite tomarse fotografías con el público en este tipo de actos.

Desde su moño “messy” hasta los vaqueros rotos –una prenda que se encuentra sin ir más lejos en el armario de doña Letizia- y la sencilla pero impecable camisa masculina a medio meter en el pantalón con la que hizo su aparición en Toronto al lado de Harry se pueden contar en esa lista de “trasgresiones”. A la que hay que sumar el aparecer de la mano del Príncipe en todos los actos (hay que recordar que esos gestos de cariño son poco comunes en público en los Windsor) y la más grande de todas, una en la que contó con el beneplácito de la Reina: el celebrar la Navidad en Sandringham sin haber pasado por el altar.

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Las primeras apariciones de Meghan están causando fascinación entre los británicos entusiasmados con la idea de que un nuevo tipo de mujer entre en la Corte y con ella nuevas maneras. Exactamente igual que hizo Diana de Gales en su día, pionera en ir sin guantes para poder estrechar con calidez las manos que le esperaban o en dar visibilidad a causas (entre ellas el Sida por lo que según los medios británicos recibió cartas de por su destacado papel en esta lucha) por las que la realeza nunca se había interesado y que hoy en día están plenamente integradas en las agendas de las casas reales en general.

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