Isabel II en Irlanda: un viaje para la concordia cargado de actos simbólicos

En su visita oficial de cuatro días al país, la reina de Inglaterra ha visitado algunos los lugares más emblemáticos del conflicto que han mantenido las dos naciones durante siglos para ratificar la normalización definitiva de las relaciones entre ambas

por hola.com

Es una visita histórica, por ser la primera que realiza un monarca británico desde que el país consiguiera la independencia hace casi un siglo. Isabel II y el duque de Edimburgo se encuentran desde el martes en Irlanda en un viaje oficial de cuatro días que ha estado rodeado de ingentes medidas de seguridad y cargado de simbolismo, pues ha llevado a la monarca a algunos de los lugares más representativos del nacionalismo irlandés.


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Con un abrigo y sombrero verde -el color de Irlanda- y un vestido azul -el color del patrón irlandés, San Patricio-, la soberana británica y su esposo fueron recibidos a su llegada a Dublín por el viceprimer ministro y titular de Exteriores, Eamon Gilmore, y acto seguido se desplazaron a la residencia de la presidenta irlandesa, Mary McAleese, que les dio la bienvenida oficial. Allí, y tras escuchar por primera vez en 100 años en territorio irlandés independiente el Dios salve a la reina, el himno nacional del Reino Unido, tuvo lugar la plantación de un roble irlandés como símbolo del comienzo de una nueva era de entendimiento entre ambos países.

Tras la firma del libro de visitas y una breve charla con el primer ministro irlandés, Enda Kenny, veintiún cañonazos del Segundo Regimiento de Artillería saludaron a la reina, quien también pasó revista a la guardia de honor, compuesta por miembros de los tres ejércitos. Pero el gesto más emotivo y esperado de la jornada se produjo cuando la reina depositó una corona de flores ante el monumento que honra a los irlandeses caídos por la causa de la liberación nacional. Durante la solemne ceremonia celebrada en el Jardín del Recuerdo, en la céntrica Parnell Square, sonaron de nuevo los respectivos himnos nacionales y se guardó silencio por los republicanos irlandeses que lucharon contra la corona británica.

En la biblioteca del Trinity College, universidad fundada en 1592 por Isabel I y frecuentada exclusivamente por protestantes durante gran parte de su historia, la soberana pudo admirar el Libro de Kells, una de las obras más importantes del cristianismo celta, justo cien años después de que también lo hiciera su abuelo Jorge V en la última visita de un monarca británico a una Irlanda bajo control del Reino Unido.


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El miércoles, Isabel II y su marido visitaron el museo de la fábrica de la cerveza negra Guinness, donde protagonizaron la anécdota del día cuando rechazaron probar "la pinta perfecta", como la denominan los irlandeses. La escena tuvo lugar en el Gravity Bar de la emblemática fábrica de Saint James, en la última planta de un edificio reformado para albergar un museo dedicado a la llamada "sustancia negra", en referencia a esta cerveza "stout" famosa en el mundo entero. La pinta fue servida por el "maestro cervecero" Fergal Murray, una de las pocas personas que conoce la cantidad y tipo exacto de lúpulo, malta de cebaba y levadura contenida en la fórmula secreta de la Guinness.

Por la tarde, la monarca depositó una corona de flores ante el Memorial de Guerra Irlandés, dedicado a los 49.400 irlandeses muertos en la Primera Guerra Mundial, y efectuó una visita al estadio dublinés de Croke Park, el escenario del primer "Domingo Sangriento" y campo casi sagrado para el nacionalismo irlandés (el 21 de noviembre de 1920, en plena guerra de la independencia, fuerzas paramilitares del Ejército británico abrieron aquí fuego contra el público y los jugadores que disputaban un encuentro de fútbol gaélico, causando 14 muertos, entre ellos tres niños, y decenas de heridos). Entre fortísimas medidas de seguridad, Isabel II y McAleese fueron recibidas en "Croker" por el presidente de la Asociación de Deportes Gaélicos (GAA) -propietaria del estadio-, Christy Cooney. En la sala de trofeos, la reina  se reunió con varios mandatarios regionales de la GAA.


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Isabel II cerró la jornada con una "cena de Estado" en el Castillo de Dublín, sede del Gobierno británico durante la ocupación de la isla de Irlanda y a la que asistió, entre otros, el primer ministro británico, David Cameron. En un discurso que arrancó con una frase en gaélico, la soberana subrayó “la solidez de los vínculos” que comparten los Gobiernos y los ciudadanos del Reino Unido e Irlanda, habló de la complejidad de la relación entre las dos naciones durante siglos, del "peso de la historia" y del "sufrimiento compartido", e incidió en la importancia de la conciliación. Isabel II admitió que los acontecimiento violentos del pasado habían afectado a muchos de manera personal -su primo Lord Mountbatten murió a consecuencia de una explosión del IRA en la costa del Condado de Sligo en 1979- y expresó su "profunda compasión" a todos aquellos "que han sufrido a consecuencia de nuestro pasado turbulento".

El histórico viaje ha continuado este jueves con una visita al Centro Nacional de Sementales en el condado de Kildare, al suroeste de Dublín, incluida en el programa dada la conocida afición de la reina a los caballos.

La monarca concluirá su periplo irlandés el viernes con una visita matinal a la llamada Roca de Cashel en el condado de Tipperary, en el centro del país, un castillo medieval en ruinas también conocido como la Roca de San Patricio (patrón de Irlanda). La reina y su esposo pasearán durante unos minutos por el Mercado Inglés de Cork, al sur del país, antes de partir hacia el Reino Unido desde el aeropuerto de esta localidad.

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