El Imperio del Estilo, donde la rapidez, la soltura y el brillo nocturno se han convertido en el epicentro de cada uno de los rostros más destacados de cada una de las monarquías del mundo. Un rincón del mundo que se ha vuelto a establecer como sede de la Asamblea General de la ONU, pues cada año en septiembre, Nueva York se convierte literalmente en el centro del mundo. Presidentes, reyes y primeros ministros de los 193 países miembros viajan a la ciudad para el Debate General de Alto Nivel. No obstante, si ha habido una destacada ausencia en esta reunión de líderes y mandatarios, esa ha sido la jequesa Moza Bint Nasser, quien no protagoniza acto público alguno desde el fallecimiento de su marido, el Emir Padre de Catar, el pasado mes de julio. Un gesto con el que ha roto su propia norma, tras haberse convertido en una de las mujeres clave en las políticas de Oriente Próximo.
La jequesa de Catar desaparece de escena
Perteneciente a una de las familias más destacadas de comerciantes, quien un día vivía en un palacete situado en la ciudad de Al-Khor, estrechó los lazos con los Al-Thani –una de las dinastías más poderosas del mundo–, sirviendo su propia presencia como una modificación del relato que hasta el momento había predominado en las monarquías árabes. Moza Bint Nasser alcanzó el destino con sus propias manos al contraer matrimonio con un entonces príncipe heredero de Catar, quien años más tarde alcanzó un trono lleno de incógnitas, misterios y un profundo dolor que se convirtió en un cambio de escenario; pues por primera vez en las monarquías árabes una mujer pudo alzar la voz. Fue entonces cuando Moza, graduada en Sociología por la Universidad de Catar –aunque soñaba ser médico–, se convirtió en una de las voces más destacadas en defensa de la educación, tanto que su presencia se convirtió en un habitual en las grandes asambleas políticas de carácter mundial donde la defensa a la educación igualitaria se fue consolidando en un habitual.
No obstante, la muerte de su marido el pasado mes de julio la ha alejado por completo del ojo público, pues desde el momento del fallecimiento de quien un día fue monarca, la presencia de la jequesa de Catar se ha reducido a un absoluto desvanecimiento de su propia existencia. Es por ello que ha surgido una duda acerca de cuál será el papel que a partir de ahora desempeñará dentro de la Corte Real de los Al-Thani, pues el luto en el que se encuentra sumergida la madre del actual Emir ha hecho que un halo de misterio se cree en torno a ella. Y es que, a pesar de no haber sido la única esposa de Hamad bin Jalifa Al Thani –ya que el emir contrajo matrimonio con otras dos mujeres más–, Moza se convirtió en la favorita para formar parte del cambio y apertura que el país vivió de la mano del monarca. Fue entonces cuando comenzó a formar parte de la estructura política, a tomar decisiones y a tomar las riendas de su propia vida. Sin embargo, ahora su presencia en Nueva York ha desaparecido por completo, despidiéndose de un encuentro que podría haber hecho historia, pues se han desplazado hasta la Gran Manzana reinas tales como: Máxima de Holanda, Matilde de Bélgica, Guillermo de Luxemburgo y el propio rey de Uganda. Una representación que no se ha limitado únicamente a nuestro continente, pues los derechos y oportunidades se han explorado más allá del cruce de fronteras de la Unión Europea.
Fue precisamente en 1995 cuando el nuevo monarca creó la Fundación para la Educación, la Ciencia y el Desarrollo, un proyecto que ella misma preside y que en 2003 inauguró su mayor hito y el logro del que se siente más orgullosa: la Education City. Este majestuoso complejo ha logrado reunir en mitad de las arenas cataríes las sedes y campus de prestigiosas instituciones internacionales como la Virginia Commonwealth University, la Texas A&M University y la Carnegie Mellon University —todas ellas, además, le han otorgado doctorados honoris causa a la jequesa—. Un legado histórico y transformador que hoy, tras su inesperado retiro voluntario del foco mediático por el luto, cobra más valor y sentido que nunca cuando algunas de las casas reinantes de Europa se establecen en Nueva York.







