Nina Flohr

Se casa este sábado con el príncipe Philippos

Una tiara para Nina Flohr: abrimos el espectacular joyero de la casa real griega

Es una de las joyas distintivas de una boda real y la gran pregunta es ¿cuál de los tesoros de la casa helena lucirá?

por L.F.S.

Aunque Nina Flohr ya es la heredera del rey de jets privados, ahora realmente se va a casar con un príncipe, lo que le permite protagonizar una auténtica boda real y le abre las puertas de uno de los bienes más codiciados de los palacios: el joyero. El de la casa helena guarda como oro en paño varias tiaras que la novia podría utilizar en caso de que decida lucir alguna de estas exclusivas piezas el día de su boda en la catedral de la Anunciación de Santa María de Atenas. El lugar escogido tiene un gran significado para la familia real griega, ya que fue donde se dieron el 'sí, quiero' los padres del novio, el entonces rey Constantino II y la princesa Ana María de Dinamarca. ¿Seguirá también Nina Flohr la tradición al escoger la tiara?

Los escenarios de Atenas donde tendrá lugar la boda real de Philippos de Grecia y Nina Flohr

La tradición de la tiara del Corsario

No se puede descartar la posibilidad de que la novia decida apostar por la sencillez y renunciar a esta joya, pero, en caso de que decida seguir la misma línea que sus cuñadas, es muy probable que la veamos luciendo la conocida como tiara del corsario. Es la misma que utilizaron en su enlace Marie-Chantal, esposa de Pablo de Grecia, y Tatiana Blatnik, del príncipe Nicolás. Se trata de una pieza que en su origen era un broche de la reina Victoria de Suecia, que acabó heredando Ingrid de Dinamarca, madre de Ana María de Grecia y, por tanto, abuela del novio. Aunque no fue esta la tiara elegida por la princesa danesa en su boda con el rey Constantino, sí la lucieron sus hijas Alexia y Theodora en más de una ocasión. Teniendo en cuenta que se la prestó a todas sus nueras, es de esperar que haga lo mismo con Nina. 

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La pieza perdida que rescató Marie-Chantal

No obstante, no siempre manda la tradición y el joyero real griego guarda más tesoros. Alguno hasta se desconocía que estuviese allí. Se trata de la tiara que Marie-Chantal de Grecia rescató en 2012 para el 40º aniversario del reinado de Margarita de Dinamarca en el palacio de Christianborg. La última en lucirla había sido Federica de Grecia, madre de la reina Sofía, en la boda de su hijo Constantino II y la princesa Ana María. Esta fabulosa tiara no formaba parte de las joyas de la corona de la Casa Real griega, sino de las personales de la reina Federica. Su origen se remonta a finales del siglo XIXI a la época en la que el príncipe heredero, Constantino de Grecia, se casó con Sofía de Prusia, hermana del emperador Guillermo II, que se convirtió en reina de Grecia en 1913. Ella la llevó toda su vida y la combinó de mil y una maneras. A su muerte se la legó a su hijo el príncipe Pablo, quien a su vez se la ofreció como regalo de boda a su esposa, la princesa Federica. En el exilio no tuvo ocasión de volver a ponerse su joya favorita y tras su muerte en 1981 nadie volvió a llevarla por lo que se desconocía su paradero. Sería una sorpresa que optará por esta tiara, pero igual que la esposa de Pablo de Grecia optó por darle una segunda vida, tal vez Nina Flohr sea la adecuada para devolverle su esplendor casi una década después. 

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La tiara de las mujeres de la familia 

La tiara Khedive es una creación de Cartier, que data de principios de 1904 y está formada por diamantes engastados en platino pudiendo utilizarse, también, como adorno del pelo. La pieza fue un regalo del Khedive egipcio, Abbas Helmi II (título de origen persa que ostentaron los virreyes de Egipto de 1867 a 1914) a la nieta de la reina Victoria de Inglaterra, la princesa Margarita de Connaught, madre a su vez de la reina Ingrid, que heredó esta joya y la usó a lo largo de toda su vida. Aunque ella no la escogió para el día de su boda -ya que prefirió lucir la corona nupcial cortada de los mirtos que su madre le encargó con motivo de su nacimiento- sí lo hicieron sus tres hijas, la princesa Benedicta, Margarita de Dinamarca y Ana María en su enlace con el rey Constantino. Esta tradición continúa con las nietas de Ingrid, entre ellas Alexia de Grecia y, quien sabe, si Theodora, prometida desde hace dos años. Quienes no la han llevado aún son las mujeres que no formaban parte de la familia, ¿se hará una excepción con Nina?

Las joyas de la reina Olga

La reina Olga, hija del gran duque Constantino de Rusia y la princesa Alejandra de Sajonia-Altenburgo, se conviritió en reina de Grecia con tan solo 16 años al contraer matrimonio con Jorge I. La joven monarca aportó dos valiosísímas piezas al joyero heleno. La primera es una tiara de esmeraldas de cabuchón, conocida como la Diadema de la reina Olga, que fue diseñada para la reina Elizabeth. A juego, llevaba los pendientes, un impresionante collar con tres esmeraldas en forma de lágrimas y un broche. Ana María de Grecia lució esta impresionante tiara en la boda de Federico y Mary de Dinamarca y hasta el momento no se la ha prestado a nadie.

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Otra de las impresionantes tiaras de la reina Olga es una pieza de diamantes y rubíes representando frutos y hojas de olivo. Federica de Grecia se la regaló a su nuera Ana María el día de su boda junto a dos broches y una gargantilla a juego. Han sido varias las veces que hemos visto a la esposa de Constantino de Grecia luciendo este conjunto, como en el enlace de Victoria y Daniel de Suecia, pero nunca hasta ahora la ha lucido otra persona, por lo que sería una sorpresa si la viésemos coronando el look nupcial de Nina Flohr.

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