Ernesto de Hannover

Llevan más de tres años de disputas

Ernesto de Hannover y su heredero, cada vez más alejados en su eterno conflicto familiar

La decisión del Príncipe de demandar a su hijo mayor no ha hecho sino recrudecer su enfrentamiento

por L.F.S.

La demanda interpuesta por Ernesto de Hannover contra su hijo mayor, Ernst August, abre un nuevo capítulo en la eterna disputa que los enfrenta desde que el príncipe heredero decidiese ceder por el valor simbólico de un euros la propiedad del histórico castillo de Marienburg, ubicado en la Baja Sajonia, al Estado alemán. Esto ocurrió en 2017 y, desde entonces, la brecha entre ambos no ha hecho más que agrandarse. El exmarido, aunque formalmente siguen casados, de Carolina de Mónaco, no parece dispuesto a tender puentes con su hijo, añadiendo un quebradero más de cabeza en está complicada época que atraviesa, en la que la salud no le acompaña y las polémicas no le abandonan.

Un último capítulo para el complicado año de Ernesto de Hannover

El príncipe de Hannover demandó a su hijo a finales del 2020 pidiendo la anulación de las donaciones que le hizo entre 2004 y 2007, que incluían propiedades históricas de la familia. En la demanda, exige la devolución de los castillos de Marienburg y de Calenberg, en el municipio de Pattensen-Schulenburg, así como el de Herrenhausen, en Hannover, propiedades históricas de la familia que ahora están en manos de su hijo mayor, al que acusa de "ingratitud". Ernesto de Hannover sostiene que el demandado trató de hacerse con el control de la fortuna de la casa de Hannover a sus espaldas llevando a cabo su destitución como presidente de la fundación familiar Duque de Cumberland (puesto que cedió a su hijo en el año 2012) y planeando la donación del palacio de Marienburg al estado federado alemán de Baja Sajonia, en contra de la voluntad de su padre. Además, le acusa de hacerle firmar "a ciegas" un poder que anula su derecho a revocar la donación y de apropiarse de forma indebida de obras de arte y antigüedades del patrimonio familiar procedentes de la Biblioteca duque Augusto de Wolfenbüttel y del Museo de Historia de Hannover que cifra en cinco millones de euros. 

Por su parte Ernst August de Hannover dejó clara su postura hace ya dos años en una entrevista en el periódico alemán Hannoversche Allgemeine, donde habló sobre las acusaciones vertidas por su padre, así como del dinero que supuestamente le habría dado su padre en el pasado. "Nunca me llegaron esos activos. Lo que me cedió fueron unos terrenos agrícolas y forestales. Los ingresos que estas tierras me proporcionaban no fueron suficientes para el mantenimiento y la rehabilitación del Castillo de Marienburg", explicó, justificando así su decisión de ceder la impresionante propiedad al Gobierno. El heredero de la casa Hannover recordó también la subasta que tuvo que realizar en el año 2005 para poder sufragar gran parte de los gastos. "Las deudas de mi padre fueron pagadas. Y el dinero restante se invirtió, por ejemplo, en la ampliación de la torre principal y el restaurante".

Las reformas pudieron percibirse durante la boda de Ernst August y Ekaterina Malysheva, en julio de 2017, un enlace al que acudieron los hermanos Casiraghi, pero no Ernesto de Hannover, que siempre se manifestó en contra de ese matrimonio y tampoco reconoce a su nieto August, de casi dos años, como legítimo heredero. Fue entonces, antes de la boda de su hijo, cuando le declaró abiertamente la guerra con unas declaraciones al periódico Handesblatt en las que aseguraba que temía que la pareja dilapide la fortuna familiar y que le había dado un ultimátum a su heredero para que le devolviera todos los regalos recibidos desde 2004, incluido el espectacular Castillo de Marienburg y otras propiedades repartidas entre Alemania y Austria. El jefe de una de las casas reales más antiguas de Europa, emprendió una batalla personal y judicial para recuperar el control de los bienes familiares, incluido el coto de caza austriaco en el que el príncipe ha tenido los últimos problemas con la policía.

Mientras las posturas de padre e hijo parecen irreconciliables, el Príncipe, de 66 años, también tiene sus cuentas pendientes con la Justicia después de que la Fiscalía de Wels, en Austria, le acuse de “haber cometido un acto punible en estado de ebriedad”, por lo que podría recibir una sentencia de hasta tres años de prisión. Se refiere a los altercados ocurridos el pasado verano cuando protagonizó hasta tres episodios violentos con la policía en el pabellón de caza de su propiedad. Aunque pueda parecer un suceso paralelo al enfrentamiento que mantiene con su hijo, lo cierto es que el aún marido de Carolina de Hannover también reprocha a su hijo haberle negado ayuda cuando, asegura, se encuentra gravemente enfermo aislado en una cabaña en Austria, una situación que tuvo como consecuencia, según ha explicado en un comunicado, los citados altercados. 

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