Una de cada cinco mujeres presenta un problema de salud mental durante el embarazo o en el primer año posparto, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Entre estos problemas están la depresión y la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo, el estrés postraumático (por la experiencia vivida en el parto), el trastorno bipolar y la psicosis puerperal. También es un periodo en que afecciones previas en este campo se pueden descompensar. Por lo tanto, la atención y los cuidados hacia la mujer deberían tenerse muy en cuenta, algo que no siempre sucede, a pesar de las recomendaciones de organismos como la OMS.
En este manejo de la salud mental perinatal, la lactancia juega un papel destacado. “Cuidar la salud mental de la madre, proteger la relación madre-bebé y apoyar una lactancia satisfactoria cuando es deseada son también intervenciones de seguridad del paciente”, recalca la Dra. Edurne Ciriza Barea, pediatra de Atención Primaria de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) y miembro de AELAMA (Asociación Española de Lactancia Materna), al igual que la Dra. Elia Oliva González, médico de familia. Ambas nos cuentan de qué modo dar el pecho puede ser un factor protector para la salud mental de la madre y qué repercusión tiene en la seguridad de los lactantes.
Hay que considerar que estas alteraciones en la madres, además de afectar a su bienestar, también influyen sobre su capacidad de autocuidado, sobre el cuidado que prestan a su bebé, la interacción entre ambos y el establecimiento o el mantenimiento de la lactancia, como recalcan desde la AEPap.
La lactancia materna, un seguro para madre e hijo cuando marcha bien
"Tradicionalmente, hemos entendido la lactancia fundamentalmente como algo que le sucede al bebé porque recibe leche, dejando en un segundo plano la complejidad del proceso fisiológico que sucede en el cuerpo de la madre. Cada vez que una madre amamanta se ponen en marcha mecanismos hormonales y cerebrales que no solo permiten producir y liberar la leche: también participan en la regulación del estrés, favorecen conductas de cuidado y facilitan la interacción con el bebé", comentan las expertas, ambas consultoras internacionales de lactancia materna certificadas (IBCLC).
Y añaden: "Todo este circuito neuroendocrino, mediado también por la interacción con el bebé, no solo facilita la sincronía entre ambos, sino que favorece estados de calma e incluso una mejor calidad y profundidad del sueño, aunque todas las que hemos sido madres sabemos perfectamente que ese efecto sobre el descanso materno no significa ni dormir más horas ni despertarse menos". No obstante, para que estos efectos protectores se desplieguen es necesario que la lactancia funcione.
"Una lactancia con dolor, dificultades persistentes, preocupación o agotamiento puede convertirse en una fuente de estrés que llegue a pesar más que todos esos mecanismos potencialmente protectores. Por eso, sus posibles efectos sobre la salud mental no pueden separarse de una atención capaz de identificar y resolver las dificultades ni de los apoyos que necesite cada díada", confirman.
La lactancia disfrutada, el estándar de salud
Para las Dras. Ciriza y Oliva, "la lactancia disfrutada, y no solo la leche materna, deberían ser el estándar de salud". Y esto es así porque cuando se pone el foco en la vivencia de la mujer, esta se incorpora a los objetivos sanitarios para que el sistema de salud ofrezca una respuesta a las madres que tienen vivencias alejadas de lo que esperaban o directamente poco satisfactorias.
"Como sociedad, hemos asociado tanta carga moral a las decisiones sobre lactancia, en uno y otro sentido, que ese mandato ni siquiera necesita ser explícito y puede convertirse en aquello que sentimos que una madre 'debería poder' hacer, cumplir, conseguir o incluso disfrutar. Esta discordancia entre lo que pienso, lo que siento y lo que hago, junto con la pérdida de capacidad para decidir, es la que puede generar conflicto y sufrimiento", explican. Por eso insisten en que la función de los profesionales "no es decidir sobre ese proyecto de lactancia mientras abordamos un proceso de salud, sino tener la formación necesaria para poder acompañarlo con seguridad. Esto incluye también saber acompañar su final: acompañar el destete también es acompañar lactancias".
En este sentido, es muy importante identificar y tratar las dificultades con las que se puede encontrar la madre lactante, pero no quedarse ahí: "Es imprescindible valorar los recursos disponibles e incluso simplificar las pautas cuando sea necesario para no generar nuevas cargas", insisten las expertas.
Problemas de salud mental y lactancia
Los problemas de salud mental durante la época de lactancia no constituyen por sí mismos un motivo para interrumpirla ni tampoco, por sí solos, incapacitan a la madre en todos los casos para cuidar de su bebé. "De hecho, la mayoría de tratamientos de salud mental son compatibles con la lactancia y la separación es en sí misma un factor que atenta contra el bienestar materno-infantil y empeora la salud mental de ambos", destacan desde la AEPap.
“El objetivo no debe ser mantener la lactancia a cualquier precio ni interrumpirla preventivamente ante un problema de salud mental. Hay que conocer qué significa esa lactancia para cada mujer y conseguir que la alimentación y los cuidados del bebé sean compatibles con su recuperación y su bienestar”, explica la Dra. Edurne Ciriza. Además, “muchos de los medicamentos empleados en estos trastornos pueden utilizarse durante este periodo o existen alternativas terapéuticas adecuadas”. Al mismo tiempo hay que considerar otra variable: “No podemos valorar únicamente la posible exposición del lactante a un medicamento a través de la leche. También debemos tener en cuenta los riesgos que supone para la madre y para el propio bebé que un problema de salud mental no reciba el tratamiento adecuado”.
La prioridad cuando hay un problema de salud mental perinatal es garantizar la seguridad inmediata de madre e hijo y si tuviera que haber un ingreso, hacerlo en unidades de psiquiatría perinatal donde sea posible la estancia conjunta de bebé y mamá, tal como propone la Organización Mundial de la Salud.
Si hablamos de prevención, desde la AEPap se reivindica que los profesionales de Atención Primaria (Pediatría, Medicina de Familia, Matronas, Enfermería, Trabajo Social y Salud Mental), se conviertan en una red básica de apoyo para poder detectar cuándo la madre sufre un problema de este tipo en el posparto. “Preguntar a una madre cómo se encuentra también forma parte de la protección de la salud de su bebé. El contacto continuado que tenemos en Atención Primaria nos permite detectar señales de alerta y contribuir a que esa madre y esa familia reciban apoyo cuanto antes”, concluye la pediatra.







