Dra. Gloria López Sobrino, neuróloga infantil, sobre los errores más frecuentes al hablar de niños con Asperger: "No todos tienen talentos extraordinarios"


El síndrome de Asperger se ha considerado independiente hasta hace unos años, en que se integró dentro de los trastornos del espectro del autismo (TEA). ¿Qué necesidades concretas tienen los menores con esta condición?


Dra. Gloria López Sobrino© Hospital Ruber Internacional
17 de enero de 2026 - 7:00 CET

En España hay unas 500.000 personas con autismo, según cálculos de la Confederación Autismo España. Así, una de cada cien personas tiene esta condición. El autismo es un espectro muy amplio donde tienen cabida desde personas con un alto funcionamiento hasta otras muy dependientes que necesitan y necesitarán de apoyos intensos durante toda su vida. Dentro de estos perfiles heterogéneos, lo que se ha conocido tradicionalmente como síndrome de Asperger puede representar entre el 18 y el 27% de los casos totales de autismo.

El síndrome de Asperger apareció como categoría diagnóstica en el año 1993, pero desapareció, como tal, en 2013 para integrarlo dentro de los trastornos del espectro del autismo (TEA). En la actualidad, en su lugar, se hablaría de autismo de grado 1 o de alto funcionamiento. No obstante, algunas personas se siguen identificando con esa etiqueta y continúan en marcha diversas asociaciones que reúnen a miembros con sus características. ¿Qué necesitan los menores que están bajo este paraguas?

Los niños con Asperger no carecen de empatía. A veces tienen dificultades para interpretar las emociones de inmediato, pero sienten con gran intensidad y profundidad

Dra. Gloria López Sobrino

Un rasgo característico: ausencia de discapacidad intelectual

Unas de las características más definitorias de lo que venía siendo el síndrome de Asperger es la ausencia de discapacidad intelectual. “El término Asperger se utiliza para describir un perfil frecuente dentro del espectro autista, caracterizado habitualmente por la ausencia de discapacidad intelectual, un desarrollo del lenguaje formalmente conservado, intereses muy intensos y una manera particular de interpretar las normas sociales implícitas. No obstante, se trata de un continuo, con una gran variabilidad entre personas”, detalla la Dra. Gloria López Sobrino, neuróloga infantil del equipo del Dr. Oriol Franch, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Ruber Internacional.

Estos menores tienen un patrón cognitivo propio en el que "el cerebro prioriza ciertos estímulos y presenta mayor dificultad para integrar de forma automática las convenciones sociales implícitas, pero puede mostrar una extraordinaria capacidad para el detalle, la lógica o la memoria", añade. 

No obstante, hay que tener claro que el hecho de que sea un autismo de alto funcionamiento o grado 1 no implica que la vida sea más fácil para ellos, ya que puede haber sufrimiento que derive de la incomprensión, del aislamiento o de la sobrecarga sensorial, por ejemplo. En este sentido, la especialista recalca cómo "necesitan un acompañamiento clínico y educativo adecuado y un entorno que respete su manera de percibir y procesar el mundo". Hay una manera diferente de recibir toda la información que les rodea y van a necesitar de recursos para poder integrarla.

Padre con su hijo en el hombro en la naturaleza© Adobe Stock

Sí, pueden ser niños empáticos

Uno de los errores más frecuentes al hablar de niños con autismo de grado 1 o Aperger es que se considera que no tienen empatía. Pero no es así. “Las personas con Asperger no carecen de empatía. A veces tienen dificultades para interpretar las emociones de inmediato, pero sienten con gran intensidad y profundidad”, aclara la neuróloga infantil.

Este error de juicio es uno de los más habituales, junto a asociar este tipo de autismo a unas capacidades excepcionales. Sin embargo, la realidad es otra. “No todas las personas con Asperger tienen talentos extraordinarios. Existen tantos perfiles como personas, y los estereotipos distorsionan la realidad”, subraya la Dra. López Sobrino.

Además, hay que tener en cuenta que hay determinados rasgos del niño que no se pueden explicar solo en función del autismo. Aquí entran en juego las comorbilidades, es decir, otras condiciones que acompañan a la condición principal. “La ansiedad y el TDAH son comorbilidades frecuentes, y deben evaluarse de forma independiente. Su abordaje –que combina psicoeducación, ajustes del entorno y, en algunos casos, medicación– es clave para mejorar la calidad de vida”, señala la especialista.

tdah en la adolescencia© AdobeStock

7 claves para comprender el síndrome de Asperger

Para comprender y ayudar a un niño con autismo de grado 1 hay que tener en cuenta algo principal, como señala la experta del Hospital Ruber Internacional: "El objetivo no es cambiar quiénes son, sino acompañarlos para que puedan desarrollar plenamente su potencial en un mundo que a menudo no está preparado para comprender su forma de pensar y relacionarse". 

En este sentido, para entender bien a un menor con esta condición hay siete claves que resumen la experta:

  1. Forma parte del espectro autista, pero no tiene discapacidad intelectual.
  2. Las dificultades sociales que presenta constituyen una parte esencial del diagnóstico.
  3. Su estilo cognitivo es lógico, detallista y sistemático.
  4. Sus intereses son intensos y están focalizados en temas concretos.
  5. Es frecuente que presente sensibilidad sensorial, por ejemplo a los ruidos o las luces.
  6. Necesita de apoyos individualizados, pero no le viene bien la sobreprotección.
  7. El diagnóstico temprano favorece su bienestar a lo largo de su vida.

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