El 13 de enero se celebra el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el año 2030, la depresión será una de las tres primeras causas de enfermedad. En muchos casos, comienza en la adolescencia, aunque socialmente se suele pensar que es una afección ligada a adultos.
Josselyn Sevilla Martínez es psicóloga general sanitaria en el Instituto Psicológico Cláritas, de Madrid (www.institutoclaritas.com). Con ella hemos hablado sobre la depresión en niños y adolescentes.
No debemos dejar que pase el tiempo esperando una solución espontánea, sino buscar las herramientas y ayuda necesaria
¿Qué factores son los que con más frecuencia precipitan un episodio depresivo en niños o adolescentes?
En niños, las principales figuras de referencia a nivel social son los padres, aunque los iguales empiezan a cobrar importancia, aumentando hasta la adolescencia, donde pasan a ser las principales figuras de importancia. Hay algunos factores que son transversales en niños y adolescentes, e incluso adultos, como es vivir grandes pérdidas y enfrentarse a duelos complicados. Si dejamos de lado estos aspectos que son transversales a la edad, en niños un factor precipitante de la depresión puede ser el divorcio de padres o el aislamiento social. Vivir una separación dolorosa puede desencadenar un episodio depresivo en niños pequeños. Así mismo, y especialmente en la adolescencia, sentir el rechazo de los iguales puede suponer un gran daño emocional.
¿Qué características singularizan la depresión infanto-juvenil en relación a la depresión en adultos?
Las conductas “síntoma” de la depresión en población infantojuvenil pueden ser variadas, desde el aislamiento, que podemos tenerlo más identificado, hasta conductas desajustadas, rebeldía o disminución del rendimiento escolar. Mientras que en adultos podemos estar más acostumbrados a ver una tendencia a no salir o perdida de interés por actividades gratificantes, en los niños y adolescentes veremos cambios conductuales que no siempre tienen por qué estar relacionados con la tristeza o el aislamiento, sino todo lo contrario (llamadas de atención, irritabilidad, conductas de control…etc).
¿Desde qué edad un menor puede presentar una depresión?
Gran parte de los diagnósticos no se dan en firme hasta los 6 años, sin embargo, hemos observado cuadros depresivos en niños de 3 años. La intervención debe darse de manera prematura, ya que en edades tempranas los niños no pueden expresar de manera clara sus emociones o gestionar de manera adecuada las mismas. Es por ello que no debemos dejar que pase el tiempo esperando una solución espontánea, sino buscar las herramientas y ayuda necesarias.
¿Hasta qué punto influye la herencia genética y hasta cuál las vivencias del menor a la hora de presentar una depresión?
El factor genético juega un papel importante en el desarrollo de la depresión, sin embargo, es un factor más a tener en cuenta en la mayoría de los casos. Esto quiere decir que no vamos a desarrollar depresión necesariamente por tener antecedentes de ella en nuestra familia. Aquí juega un papel muy importante, y casi mayor que la propia genética, el entorno de desarrollo y las vivencias de los menores. Es lo que conocemos como epigenética, y es que el contexto, las experiencias y las vivencias pueden determinar que desarrollemos o no un cuadro depresivo a pesar de no tener antecedentes genéticos o viceversa, condicionar la expresión de genes vinculados a desarrollar enfermedades mentales.
¿Qué probabilidades hay de que un menor con una depresión vuelva a presentarla más adelante?
Esto es muy variable, ya que es muy difícil determinar la probabilidad de riesgo. Hay personas que tras trabajarlo desarrollan herramientas y habilidades que hacen que enfrenten futuras situaciones difíciles de manera muy adecuada y resiliente. Sin embargo, aunque este trabajo se dé de manera impecable, existen sucesos que pueden sobrepasarnos aun teniendo un gran bagaje de herramientas. Si bien es cierto que hay resultados que indican que existe un factor de tendencia o riesgo, muchas personas no entran dentro de este patrón. Lo importante es realizar un trabajo completo, sin anticipar el alta o dejar la terapia a medias, ya que es probable que esto suponga un factor de riesgo mucho mayor que el haber tenido depresión.
¿Cuándo hablamos de depresión recurrente en menores?
Hablamos de depresión recurrente cuando el menor presenta esta sintomatología depresiva durante un largo periodo de tiempo que supera el año o incluso los dos años, en algunos casos, incluso con tratamiento paralelo al curso de los síntomas. No es algo común, pero sí muy limitante tanto para el menor como para su familia.
¿Cómo hay que actuar desde la familia con un niño que tiene depresión?
Lo importante es darle su espacio y reflejarle que debemos buscar ayuda. En muchas ocasiones, los niños o adolescentes no piden ayuda y tenemos que ser los adultos quienes guiemos y animemos a buscar un espacio privado para la persona donde pueda expresarse y buscar soluciones a aquello que le preocupa.
¿Cuál es el abordaje más indicado para la depresión en la infancia y la adolescencia?
La terapia cognitivo-conductual es la que cuenta con mayor base científica, y que por lo tanto mejores resultados ha reflejado en las intervenciones de terapia. Sin embargo, es importante tener en cuenta el papel del vínculo terapéutico y el estilo de cada profesional. Al fin y al cabo, cada persona es distinta y cada terapeuta también lo es, por lo que es importante que el niño o adolescente encaje y se sienta cómodo con el profesional que tiene delante. Esto normalmente conlleva un tiempo prudente, ya que en una o dos sesiones no puede formarse este vínculo.










