Posparto

Francisco Martínez Pérez, neurofisiólogo, sobre los problemas del suelo pélvico tras el parto: “A veces no se trata de un síntoma muy evidente, sino de pequeñas señales que se van sumando”


Algunas mujeres no dicen nada pensando que se trata de algo normal o porque sienten pudor, pero puede llegar a afectar a la vida diaria y suele haber solución


Dr. Francisco Martínez Pérez, neurofisiólogo clínico© Dr. Francisco Martínez Pérez
8 de enero de 2026 - 15:00 CET

Los problemas de suelo pélvico son habituales tras dar a luz. En la mayoría de los casos, a medida que pasan las semanas, el cuerpo de la mujer se va recuperando; sin embargo, en otras muchas ocasiones, prevalecen ciertas molestias de mayor o menor envergadura que pueden afectar a la vida diaria. Cuando los síntomas son muy evidentes, no suele haber duda en consultar con un especialista, pero cuando son simples molestias, como que aparezca una necesidad urgente de ir al baño o malestar a la hora de hacer ejercicio físico o al tener relaciones, no siempre se acude a un especialista, a pesar de que es necesario hacerlo.

Sobre ello hemos hablado con el Dr. Francisco Martínez Pérez, neurofisiólogo clínico de la Clínica Vitruvio de Madrid, uno de los pioneros europeos del estudio neurofisiológico avanzado de suelo pélvico e impulsor de la neuromodulación no invasiva (estimulación magnética transcraneal repetitiva, conocida como EMTr), técnica en la que atesora más de 10 años de experiencia. El Dr. Martínez explica, en esta entrevista, de qué manera puede la neurofisiología clínica y, en concreto, la técnica EMTr, ayudar a mejorar el suelo pélvico tras el parto.

En consulta vemos con frecuencia mujeres que tienen pérdidas, dolor o sensación de debilidad, pero no siempre es fácil saber solo con la exploración clínica cuál es el origen exacto del problema.

Dr. Francisco Martínez Pérez, neurofisiólogo clínico

¿Cuáles son los problemas de suelo pélvico más comunes tras el parto?

Después de un parto, el suelo pélvico ha pasado por una auténtica prueba de resistencia y es habitual que aparezcan distintos problemas. El más conocido son las pérdidas de orina, sobre todo al reír, toser, estornudar o hacer ejercicio. Muchas mujeres lo viven como algo “normal” después de dar a luz, pero conviene recordar que, aunque sea frecuente, no debería asumirse como algo inevitable.

También es relativamente común notar una sensación de peso o presión en la vagina, como si algo empujara hacia abajo, especialmente al final del día o cuando se permanece mucho tiempo de pie. En algunos casos aparecen molestias o dolor en la zona del periné, o dificultades en las relaciones sexuales. Hay otros problemas menos frecuentes, pero muy relevantes, como la dificultad para controlar gases o heces. Y, aunque se habla menos de ello, en algunos partos se pueden ver afectados los nervios de la zona pélvica. Esto no es lo habitual pero puede suceder, sobre todo cuando el parto ha sido largo, complicado o ha requerido instrumentación.

Por otro lado, el nervio que más puede verse implicado es el nervio pudendo, que es fundamental para la sensibilidad y el control del suelo pélvico. Durante el parto puede verse sometido a estiramiento o compresión por la presión prolongada de la cabeza del bebé o por el uso de fórceps o ventosa. Cuando esto ocurre, algunas mujeres pueden notar entumecimiento, hormigueo, dolor o mayor dificultad para controlar los esfínteres. Es importante señalar que, aunque estos casos son menos frecuentes, existen y tienen abordaje médico.

En cuanto a la episiotomía (el corte que en algunos partos se realiza en el periné para facilitar la salida del bebé) no suele ser por sí sola una causa frecuente de lesión nerviosa. Sin embargo, en determinadas circunstancias puede influir de forma indirecta. Cuando la episiotomía es amplia o su cicatrización no es óptima, pueden formarse zonas de fibrosis o rigidez en los tejidos, y en algunos casos puede irritar o comprimir ramas del nervio pudendo, favoreciendo la aparición de dolor persistente, sensaciones extrañas, molestias al sentarse o durante las relaciones sexuales. Todo ello es importante tenerlo en cuenta cuando los síntomas no evolucionan como cabría esperar.

¿Cómo puede la mujer darse cuenta de que puede tener algún tipo de problema en el suelo pélvico después de dar a luz?

A veces no se trata de un síntoma muy evidente, sino de pequeñas señales que se van sumando: escapes de orina que antes no existían, una necesidad urgente de ir al baño, sensación de pesadez en la pelvis o notar que el cuerpo ya no responde igual al hacer esfuerzos.

Otras veces lo que aparece es una sensación difícil de explicar: sentir la zona más débil, menos estable, o no encontrarse cómoda al retomar el ejercicio físico o las relaciones sexuales. Muchas mujeres piensan que es algo pasajero o sienten pudor para comentarlo, pero cuando estos síntomas se mantienen en el tiempo, interfieren en la vida diaria o generan preocupación, es importante consultar con un especialista. Escuchar al cuerpo tras el parto es clave.

¿Cuándo empezar a tratarlo tras el parto?

En el posparto inmediato el cuerpo está en plena recuperación y es normal notar cambios. Aun así, una vez pasadas las primeras semanas y alrededor de la revisión habitual de las seis semanas tras el parto, es un buen momento para valorar cómo se encuentra el suelo pélvico.

Si existen síntomas claros -como pérdidas importantes de orina, sensación de bulto vaginal, dolor persistente o dificultad para controlar gases o heces- no es necesario esperar y se puede consultar antes. Cuanto antes se actúe, mejores serán los resultados. Además, tratar no significa empezar de forma brusca, sino aprender progresivamente a activar, relajar y coordinar bien esta musculatura.

Mujer con problemas de suelo pélvico en el médico© Getty Images
concerns.

¿Puede la neurofisiología hacer frente a estos problemas?

La neurofisiología clínica puede aportar un valor añadido en algunos problemas del suelo pélvico, especialmente cuando se quiere entender mejor qué está ocurriendo desde el punto de vista neuromuscular. Es una especialidad médica centrada en estudiar cómo funcionan los nervios y los músculos y cómo se coordinan entre sí, algo clave en una región tan compleja como la pelvis.

Su papel no es sustituir a otros abordajes, sino complementarlos. En determinadas situaciones -por ejemplo, cuando los síntomas persisten, no encajan del todo con lo esperado o se sospecha que puede existir un componente neurológico-, la neurofisiología permite analizar con mayor precisión el funcionamiento del suelo pélvico y orientar mejor el manejo posterior. En ese sentido, ayuda tanto a comprender el origen del problema como a decidir cuáles pueden ser las opciones más adecuadas de tratamiento en cada caso, siempre dentro de un abordaje individualizado y realista.

Cuando el dolor se mantiene en el tiempo, puede cronificarse y dejar de depender solo del tejido dañado, implicando también cambios en el sistema nervioso.

Dr. Francisco Martínez Pérez, neurofisiólogo clínico

¿En qué consiste la EMTr y cómo ayuda a tratar los problemas de suelo pélvico?

La estimulación magnética transcraneal repetitiva, conocida como EMTr, es una técnica no invasiva que utiliza pulsos magnéticos para modular la actividad de áreas concretas del cerebro. Ha demostrado utilidad en el manejo del dolor crónico, en la rehabilitación neurológica y en trastornos del estado de ánimo como la depresión resistente, entre otros procesos neurológicos y psiquiátricos. Entre sus beneficios está que permite modificar circuitos neuronales alterados y favorecer procesos de recuperación funcional. Explicado de forma sencilla, es una manera de ayudar al cerebro a reorganizarse y funcionar mejor.

Relativo al suelo pélvico, no es raro que lleguen a consulta mujeres que arrastran dolor desde hace años, muchas veces tras un parto, y que no han recibido un abordaje adecuado desde el inicio. Cuando el dolor se mantiene en el tiempo puede cronificarse y dejar de depender solo del tejido dañado, implicando también cambios en el sistema nervioso. En estos casos, la EMTr puede ser una herramienta útil para modular esos circuitos del dolor que han quedado alterados, siempre dentro de un enfoque médico global y realista.

En el caso del posparto, la mayoría de los problemas del suelo pélvico tienen un componente más físico y funcional, por lo que la rehabilitación específica suele ser el primer paso. Sin embargo, en algunas situaciones, la estimulación magnética puede tener un papel complementario. Además de su aplicación a nivel cerebral con equipos médicos de EMTr, también es posible realizar estimulación magnética periférica, que está dirigida a determinadas raíces nerviosas o estructuras neuromusculares implicadas en el control del suelo pélvico. Este enfoque puede ayudar a nivelar la actividad nerviosa y mejorar la coordinación muscular en casos concretos, siempre tras una valoración especializada.

Por otro lado, la EMTr tiene un abordaje añadido en mujeres con depresión posparto porque puede ser una opción terapéutica especialmente valiosa cuando se desea evitar o minimizar el uso de medicación, por ejemplo durante la lactancia. Al tratarse de una técnica no farmacológica, permite abordar el estado de ánimo sin interferir con la lactancia materna, algo que para muchas madres es una preocupación importante.

En todos los casos, la EMTr debe entenderse como parte de un abordaje médico individualizado, integrada con otras medidas y sin generar falsas expectativas.

¿Qué aporta un estudio neurofisiológico del suelo pélvico y por qué es recomendable realizarlo?

Un estudio neurofisiológico del suelo pélvico aporta, sobre todo, claridad. Permite ir un paso más allá de los síntomas y entender qué está ocurriendo realmente en los músculos y en los nervios que participan en el control de esta zona. En consulta vemos con frecuencia mujeres que tienen pérdidas, dolor o sensación de debilidad, pero no siempre es fácil saber solo con la exploración clínica cuál es el origen exacto del problema.

Desde la neurofisiología clínica podemos valorar si existe una alteración neuromuscular: si los músculos se activan correctamente, si hay problemas de coordinación o si la función de algún nervio se encuentra afectada. Esto es especialmente útil, como comentaba, cuando los síntomas persisten en el tiempo, cuando no hay mejoría con la rehabilitación habitual o cuando se sospecha que puede existir una lesión nerviosa relacionada con el parto.

Además, en algunos casos esta información ayuda a estimar si es previsible una recuperación, y también el tratamiento adecuado, o si conviene plantear otras estrategias terapéuticas desde el inicio. Es además útil para orientar el manejo, evitando tratamientos innecesarios y ayudando a elegir las opciones más adecuadas para cada mujer.

No se trata de una prueba que haya que hacer de forma sistemática a todas las mujeres tras el parto, pero sí puede marcar la diferencia en situaciones concretas. En definitiva, el estudio neurofisiológico permite poner nombre a lo que está pasando, algo que para muchas pacientes resulta tranquilizador y es clave para diseñar un tratamiento ajustado y eficaz.

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.