Vuelta a la rutina: suena el despertador, de nuevo todo está marcado por los horarios -tuyos y de los niños-, hay que preparar el plan de comidas y cenas de la semana, recoger a los más pequeños de extraescolares, comprar ese regalo de cumpleaños para un amigo de clase... Y gran parte de esas responsabilidades siguen recayendo en las madres. Por eso, no es extraño que, en estos primeros días del año, la carga mental que implica un nuevo comienzo acabe haciendo mella en muchas mujeres. Sobre cómo detectar y gestionar esa presión hemos hablado con la psicóloga Rebeca Cáceres Alfonso, directora de Tribeca Psicólogos.
¿Por qué la carga mental que sufren las madres puede intensificarse especialmente al comienzo del año?
Tras la intensidad emocional de las fiestas, muchas madres vuelven a la rutina sin haber descansado de verdad y el comienzo del año reactiva una idea muy arraigada: ordenar, organizar, prever.
¿Qué factores psicológicos y sociales influyen en que las madres asuman la mayor parte de la organización familiar?
Hay una combinación potente entre el aprendizaje y la exigencia interna. Muchas mujeres han crecido viendo a otras mujeres hacerlo todo: pensar, cuidar, recordar, sostener. Eso se interioriza como responsabilidad, no como elección. Y eso hace que la responsabilidad de organizar recaiga de manera implícita sobre las mujeres de la familia pasando de madres a hijas.
Por otro lado, a nivel psicológico, aparece con frecuencia el miedo a fallar, a no llegar, a decepcionar.
¿Qué señales indican que una madre está experimentando una sobrecarga mental?
Algunas señales son muy claras, aunque estén normalizadas:
- Sensación constante de ir en automático.
- Dificultad para descansar incluso cuando hay tiempo.
- Sobrepensar.
- Irritabilidad o culpa sin un motivo concreto.
- No tener tiempo para nada relacionado con ella misma.
- Pensar en todo lo que falta incluso cuando algo sale bien.
- Falta de autocuidado.
Cuando la mente no se apaga nunca es un indicador claro de que la persona está sosteniendo demasiado.
La vuelta al trabajo, el colegio, los horarios, las actividades extraescolares, los propósitos de año nuevo… Todo ocurre a la vez. No hay una adaptación progresiva
¿Cómo se diferencia la carga mental del estrés cotidiano o del agotamiento físico?
El estrés puede ser puntual debido a una época concreta o un periodo vital. El cansancio físico se recupera con descanso. La carga mental, en cambio, es persistente y silenciosa. No se ve, no se mide y rara vez se reconoce. No mejora con el descanso y se tiene la sensación constante de que va a más pero que no se puede hacer otra cosa porque es la vida.
¿Qué elementos propios del comienzo del año incrementan esta carga?
La vuelta al trabajo, el colegio, los horarios, las actividades extraescolares, los propósitos de año nuevo… Todo ocurre a la vez. No hay una adaptación progresiva. Hay exigencia inmediata.
¿Por qué muchas madres sienten que deben “arrancar el año perfectas” y cómo influye eso en su bienestar?
Enero suele vivirse como una especie de examen vital. Parece que si no empiezas bien, ya vas tarde. Esa idea conecta con el perfeccionismo y con una autoexigencia profunda. El problema es que cuando una madre intenta hacerlo todo perfecto, suele hacerlo a costa de sí misma. Y eso, a medio plazo, pasa factura emocional.
¿Cómo se puede fomentar una mayor corresponsabilidad dentro de la pareja o del hogar?
El primer paso es tener claro que las responsabilidades de un hogar son compartidas en pareja. Es fundamental que haya un consenso en el reparto de roles, que se desarrollen de manera clara en el día a día y que haya una comunicación constante. Más allá de la pareja, cuando estamos en familia debemos tener claro que corresponsabilidad no es que alguien “eche una mano”, sino que la mano sea de todos. Todos somos parte del hogar y todos somos responsables del mismo.
¿Qué consecuencias puede tener la carga mental sostenida en la salud emocional de una madre?
Puede derivar en ansiedad, irritabilidad, sensación de vacío, desconexión emocional e incluso síntomas depresivos. Muchas mujeres llegan a consulta diciendo: “No debería estar así, no me falta nada”. Y, sin embargo, están agotadas. Agotadas de sostener a todos y no encontrar el sostén para sí mismas.
El primer paso es tener claro que las responsabilidades de un hogar son compartidas en pareja. Es fundamental que haya un consenso en el reparto de roles
¿Cómo afecta a la autoestima o a la sensación de eficacia personal?
No tiene tanto que ver con la autoestima, pero sí con la sensación constante de no llegar a todo. Esa sensación está claramente relacionada con los límites y con las falsas expectativas de tener que llegar a todo.
¿Puede influir en la relación con los hijos o la pareja?
Si no se tiene conciencia sobre qué está pasando para poder abordar el problema y convertirlo en solución, puede afectar a la pareja y a la familia ya que puede aparecer sensación de culpa, distancia emocional o enfado contenido.
¿Qué recomendaciones prácticas darías para reducir la carga mental en este periodo?
- Tener expectativas realistas.
- Priorizar lo esencial y soltar lo accesorio.
- Comunicación en pareja y en familia.
- Roles claramente definidos en pareja y en familia.
- Repartir tareas visibles e invisibles.
- Tomarse un tiempo para uno mismo en el que poder conectar con necesidades y ordenar qué está pasando.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a las madres que empiezan el año sintiéndose desbordadas?
Que si empiezan sintiéndose desbordadas es una buena señal para empezar el año con la conciencia de que hay algo que debe hacerse diferente. Es un buen momento para el cambio porque por ahí no se puede seguir. Un mensaje que creo que debería calar es que cuidarse es la base de una relación sana con uno mismo y con los otros. Es fundamental romper la falsa creencia instalada en muchas personas de que cuidarse es sinónimo de ser egoísta.
Empezar el año es también una excelente oportunidad para empezar a tratarse con más verdad y menos exigencia.






