Niña enseñándole a un oso un dibujo©AdobeStock

Psicología

‘Mi hijo tiene un amigo imaginario: ¿debo preocuparme?’

Hasta un 30% de los niños tienen un amigo imaginario en la primera infancia. En algunos casos, se trata de niños con más imaginación o mayor sensibilidad, pero en otros no. ¿Qué implicaciones tiene en su desarrollo? ¿Obedece a problemas de algún tipo?

Algunos niños hablan, juegan o interactúan de distintas formas con un amigo imaginario. Puede ser invisible o materializarse en un peluche, un muñeco... ¿Por qué recurren a él? ¿Cómo deben intervenir los padres? ¿Es sintomático de algún problema emocional del menor o forma parte de un desarrollo normal?

La función del amigo imaginario

El amigo imaginario puede aparecer a partir de los dos años en el niño y puede permanecer hasta los siete. “Por nuestra experiencia en la clínica nos encontramos amigos imaginarios en multitud de casos en la etapa infantil”, destaca Ana Barrios Arocas, directora del Centro de Psicología y Logopedia Ana Barrios, de Valencia. Así, se estima que tres de cada diez niños pueden inventarse un amigo imaginario en sus primeros años de vida.

Hay distintas teorías en relación a la función que realiza el amigo imaginario en la infancia. Para algunos, “es una creación que construyen por necesidad para así poder compensar sus puntos débiles”, explica la psicóloga.

En otros estudios se relaciona al amigo imaginario con la etapa del desarrollo infantil anterior al juego simbólico. Correspondería al periodo de pensamiento egocéntrico, en el que el niño se cree el centro de todo. “La aparición de ese amigo tan creativo haría referencia al mundo propio del niño, de todo lo que le rodea y descubre”, indica Cintia Rodríguez Zacarés, psicóloga de www.psicologabarrios.com.

A veces se ha relacionado también con ser hijo único y con tener más imaginación o más sensibilidad que otros niños, pero en otros casos no se cumple. En general, los pequeños recurren a esta figura cuando están inmersos en la etapa del juego simbólico. A través de su amigo inventado avanzan en ese periodo, lleno de descubrimientos y emociones.

Niño pequeño con oso de peluche al aire libre©AdobeStock

¿En qué puede ayudarles el amigo imaginario?

A pesar de ser pequeños, los niños pueden distinguir entre fantasía y realidad desde muy temprana edad. “Por tanto, son ellos los que deciden cuándo aparece ese amigo imaginario”, subrayan las especialistas.

El niño se apoya en su amigo especial para desarrollar su creatividad y también lo utiliza como vehículo de expresión de sus emociones. A través de su amigo, pueden salir a la luz algunos miedos o pensamientos que tenga el niño y que no se atreva a verbalizar. Por ejemplo: “Mi osito Pancho no quiere que su papá y su mamá se divorcien”.

También puede ser un elemento útil para transmitir experiencias vividas que no quieran contar. Además, en su amigo imaginario, el pequeño puede reproducir el trato que recibe de otras personas, lo que supone una pista muy importante para los padres.

A través de su amigo imaginario, el niño desarrolla habilidades cognitivas, de relación social y lingüísticas, que le pueden servir de “entrenamiento” para el resto del tiempo.

¿Cómo deben reaccionar los padres?

La existencia de un amigo imaginario “es parte del desarrollo evolutivo de los niños, que puede estar presente en alguno o no darse nunca. Por tanto, tenemos que darle la normalidad que daríamos a cuando nuestro hijo empieza a contarnos historias o cuentos inventados”, tranquilizan las psicólogas.

De este modo, aunque resulte chocante observar cómo el niño interacciona o habla con alguien que solo existe para él (o se relaciona con un objeto inanimado), no hay que alarmarse. Tampoco enfadarse con él por ello ni hacerle sentir vergüenza, porque, además, lo más probable es que siga como hasta entonces, pero a escondidas, lo que puede privar a los padres de una información muy valiosa para conocer mejor a su propio hijo.


No obstante, en ocasiones conviene consultar con profesional. Son las siguientes:

  • El niño tiene más de siete años. “Cuando los niños superan la edad de siete años, en algunas ocasiones estos amigos imaginarios pueden indicar que están pasando o han vivido un momento complicado, aversivo... que no son capaces de verbalizar o afrontar. Si esta situación se da, es importante ver a raíz de qué acontecimiento se creó ese amigo para poder ayudar al niño”, alertan las expertas.
  • El niño pierde el control. El amigo imaginario es una invención del niño y, por tanto, las normas las debería poner él. Sin embargo, puede suceder que se vea afectado por “pensamientos intrusivos que le vienen a la cabeza y no es capaz de controlar”.
  • El amigo imaginario le molesta. También es preocupante si “el amigo imaginario es un personaje persecutorio o delirante, ya que puede hacer que el niño presente problemas emocionales o incluso de conducta”, insisten.
  • Se aísla de jugar con otros niños. Si el pequeño centraliza y tiene como relación exclusiva la de su amigo imaginario y no quiere participar en el mundo real, habría que examinarlo.

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