Cómo introducir frutos secos en bebés.©AdobeStock

Alimentación Infantil

Claves para introducir los frutos secos en la dieta de tu bebé

Es un alimento que se les puede ofrecer a partir de los 6 meses, pero, a pesar de sus grandes beneficios nutricionales, hay que tener cuidado

A partir de los 6 meses de edad, un bebé ya está preparado para comenzar con lo que se conoce como alimentación complementaria y, por tanto, podemos introducir alimentos nuevos en su dieta. Uno de ellos son los frutos secos que, aún a pesar de sus múltiples beneficios a nivel nutricional, necesitan de toda nuestra atención y cuidado al inicio, por dos motivos:

  1. Son alimentos que pueden producir muy fácilmente un atragantamiento, por lo que no se recomienda darlos enteros hasta los cuatro años.
  2. Son la segunda causa de alergia alimentaria de origen vegetal. En España, la nuez es la gran protagonista de las alergias, seguida de la avellana, la almendra y el cacahuete. Tan solo un 10% de los niños con este tipo de alergias consigue superarla de forma espontánea, pues a todos los demás les acompaña hasta que son mayores.

Sin embargo, es importante que los incluyamos de forma habitual en su dieta, por lo que con cuidado y poco a poco, no tienen por qué convertirse en un problema. Además, las últimas evidencias científicas no demuestran que introducirlos más tarde consiga reducir la posibilidad de que aparezca una alergia. Por tanto, para facilitar su introducción, te vamos a dar varios consejos y tres ideas con las que tu bebé comerá frutos secos, pero no enteros.

Cómo introducir los frutos secos en la dieta de tu bebé

A pesar de que los frutos secos son alimentos muy completos y nutritivos, debemos seguir ciertas precauciones desde el primer momento en el que decidimos incorporarlos a la dieta de nuestros hijos, porque son alimentos duros y pequeños con una gran peligrosidad para los niños. Según la propia Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), “son la principal causa de atragantamiento en niños de entre uno y cuatro años”. La razón es que los niños pequeños aún no tienen los molares en su dentadura, con lo que no pueden realizar una buena masticación, además de que la coordinación entre la deglución y el cierre de la glotis no es todavía completa. De ahí que la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda esperar, al menos, hasta los 4 o 5 años para su introducción de manera completa.

Al no poder ofrecerles los frutos secos enteros, se nos plantea una importante duda, sobre todo a aquellas madres que han decidido practicar BLW (Baby-Led Weaning), pues no podemos dejar que sean ellos quienes elijan y se sirvan este tipo de alimentos. Conchi García, dietista-nutricionista y autora del libro De la leche al bocadillo (Martínez Roca), nos ofrece algunas pautas para su introducción.

  • La primera de ellas, es sin duda, qué tipo de frutos secos ofrecemos: es conveniente elegir frutos secos crudos o tostados, sin adición de sal, azúcar o potenciadores de sabor.
  • La segunda es reinventarse y ofrecerlos de manera diferente, pero siempre buscando que las elaboraciones sean totalmente caseras o, al menos, elaboradas al 100% con el fruto seco elegido.

Así, las tres ideas que te proponemos para ofrecerle a tu bebé frutos secos a partir de los seis meses son:

  1. En formato de harina, por ejemplo, de almendras o nueces, con la que puedes realizar bollería casera, como galletas o magdalenas blanditas, o utilizarla para algún tipo de rebozado.
  2. En crema como, por ejemplo, una crema de cacahuetes. Puedes untarla sobre una tostada o agregarla a su papilla o yogur, además de poner un poco sobre la fruta. Tanto esta opción como la anterior son las más seguras para la introducción de los frutos secos. Eso sí, evita dársela a cucharadas, por si la textura no ha quedado demasiado fina.
  3. Y molidos que, en realidad, nos sirven para cualquier plato, espolvoreando un poquito sobre los alimentos o, al igual que en el caso anterior, en sus papillas o yogures.

Por último, las semillas más pequeñas, como las de lino, sésamo, amapola o chía pueden consumirse en estos formatos e, incluso, enteras, porque su tamaño no es peligroso.

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