Bebé durmiendo en su cuna.©AdobeStock

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6 consejos para mantener la rutina de sueño de tu bebé este verano

Las vacaciones suponen un importante cambio de hábitos y rutinas para toda la familia. Los más pequeños los sufren más y puede tener consecuencias importantes, por ejemplo, a la hora de dormir.

El verano y, sobre todo, las vacaciones suponen un cambio de ritmo. Pasamos mucho más tiempo fuera de casa, hacemos planes diferentes y la hora de acostarse deja de ser una imposición estricta. Sin embargo, esta libertad total para irse a la cama y consecuente falta de sueño por parte de los niños puede tener graves consecuencias sobre su salud física y anímica. Y es que, por lo general, adaptamos las rutinas del sueño de los hijos a los horarios de los adultos, sin tener en cuenta que puede tener efectos negativos y debería ser al revés.

“La falta de descanso, en general, puede provocar alteraciones emocionales y psicológicas, entre las que se encuentran la dificultad para concentrarse, falta de energía para realizar las actividades diarias o frecuentes explosiones de ira, ansiedad y tristeza”, nos dice Raquel Velasco del Castillo, psicóloga especialista de BluaU Sanitas. Para un descanso correcto, dormir es fundamental y, para la salud, tan importante como comer. Por eso, nos recuerda la experta, “debemos seguir manteniendo los hábitos que ya teníamos marcados durante el curso escolar”.

Los niños deben dormir entre 10 y 14 horas

Según la edad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que los niños deben dormir, en función siempre de la edad, entre 10 y 14 horas al día. Teniendo en cuenta, no solo el sueño nocturno, sino también, por ejemplo, lo que se duerme durante el tiempo que se le dedica a la siesta. Por tanto, existe una cierta flexibilidad que puede jugar a nuestro favor durante las vacaciones, donde los cambios son inevitables, “pero es importante intentar mantener unos horarios más o menos fijos que nos garantice cumplir con ese número de horas”, nos dice Raquel Velasco del Castillo.

Si seguimos estas recomendaciones, los niños deben dormir:

  • Entre 1 y 2 años, entre 11 y 14 horas.
  • Los niños de 3 a 4 años, de 10 a 13 horas.

Unas horas que, para que computen en ese descanso, deben ser de calidad y, aconseja la experta, “mantener una regularidad tanto al acostarse como al despertarse”.

Consejos para cumplir con las horas de sueño

Para conseguir que los niños duerman lo suficiente y cumplan con los requerimientos que Raquel Velasco nos ha dado anteriormente, hemos querido hablar también con la Dra. Sonia Montilla Izquierdo, de la Unidad del Sueño del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, para que nos ayude a elaborar esta lista de buenos consejos para intentar mantener los buenos hábitos nocturnos también en vacaciones:

  1. Durante el día, mucha actividad física. Mantener a los niños en movimiento es esencial para garantizarles una buena salud, pero también para que, a la hora de acostarse, estén más cansados y concilien mucho mejor el sueño. Pero, cuidado, nos advierte la doctora, “al menos una hora antes de irse a la cama, los niños deben estar tranquilos y relajados”. Los juegos y los paseos son dos formas estupendas de conseguir este requerimiento, pues es importante que no permanezcan más de 1 hora seguida realizando actividades sedentarias.
  2. En la cama, se duerme. Ni se juega ni se ve la televisión. Y, bajo ningún concepto, entra uno con un teléfono móvil o una tablet. La disciplina en este caso es fundamental. Si puedes, elimina también las pantallas y dispositivos digitales en los momentos previos de irse a la cama, pues activan el cerebro. Sustitúyelo por un libro que les ayude a relajarse.
  3. Intentar no variar en exceso los horarios del curso escolar. Como mucho, nos dice la doctora, “debe haber una variación entre las rutinas de verano y de las de invierno de 2 horas”. Por ejemplo, si el niño suele acostarse a las 8h de la noche, que no sean más de las 10h cuando se vaya a la cama.
  4. Baja las persianas y busca la oscuridad. En verano, los días son mucho más largos y puede generar reticencias a la hora de acostarse. Los niños asocian la oscuridad con el sueño. Es una forma estupenda de generar el ambiente apropiado para irse a la cama. Incluso, si van a dormir la siesta.
  5. Mantener una buena temperatura en la habitación. Al igual que la luz, el calor es enemigo de la calidad del sueño y puede provocar que nuestro hijo se despierte con frecuencia, impidiendo esa calidad de la que hemos hablado. La temperatura debe estar siempre entre los 20 y los 22 °C.
  6. Por último, seguir educando a los niños de que en verano hay rutinas. Los niños no deben asociar las vacaciones a la falta total de normas. Deben ser conscientes de que, a pesar de la amplitud de horarios, las reglas del sueño deben cumplirse, en casa y fuera.