Niñas en mitad del campo en una excursión©AdobeStock

Actividades para niños

‘Mi hijo no quiere ir de campamento, ¿cómo debo actuar?’

El verano es, por excelencia, época de campamentos. Pero hay algunos pequeños a los que no les resulta atractivo acudir a ellos. ¿Se les debe obligar a ir? ¿Qué puede esconder su negativa?

Llegan las vacaciones y muchas familias necesitan organizar los días libres sin colegio o quieren que el niño aproveche todo el tiempo de descanso para tener nuevas experiencias. Una de las alternativas más recurrentes son los campamentos de verano.  Los hay de muy distintos tipos: deportivos, artísticos, de naturaleza, de aventura...

Sin embargo, a pesar de la gran variabilidad, hay niños que no se encuentran cómodos con esta posibilidad. Se resisten a ir. ¿Cuál es la actitud que deberían tomar los padres?

¿Por qué se niegan a ir?

En la negativa de un niño a acudir a un campamento pueden entrar en juego muchos factores diferentes. Estos son algunos de ellos, según detalla Patricia Sánchez, psicóloga especializada en maternidad y familia (www.patriciasanchezpsicologia.com):

  • Edad del niño. Aunque hay campamentos prácticamente para todas las edades, cuando el niño es muy pequeño tiene aún una sensación de apego muy fuerte en la que necesita la proximidad de sus padres. Es a partir de los cinco años, aproximadamente, cuando ya cuentan con más seguridad para disfrutar de actividades fuera del entorno familiar.
  • Personalidad del pequeño. Hay niños más tranquilos y otros más aventureros. Al igual que sucede en los adultos, hay experiencias que les apetecen más o menos por su propio carácter, sin que esto indique ningún problema.
  • Estado emocional. La autonomía con la que cuente el niño va a ser un factor determinante en su deseo por ir o no a un campamento. Si es inseguro y depende de la valoración y el reconocimiento de sus padres, posiblemente le cueste mucho más separarse de ellos para tener una experiencia así. Si los padres les hacen todo y los niños están acostumbrados a ello, es difícil que se sientan capaces de afrontar luego una situación así, teniendo que actuar por ellos mismos.
  • Situación vital. El momento vital es también muy importante y puede jugar en contra del deseo del niño de acudir o no a un campamento.  Si hay un cambio de vivienda o cualquier otra modificación sustancial, como la separación de los padres o el nacimiento de un hermano, irse fuera les puede generar más ansiedad.

Querer y no poder: cuando tienen miedo

Además de todos los factores anteriores, hay uno: el miedo, que puede jugar un papel muy destacado.  “Hay niños que sí quieren ir, pero a los que les da miedo. Suelen ser niños más ansiosos, que comienzan a pensar ‘¿y si?’”, explica la psicóloga.

Este es un punto vital, pues hay que diferenciar muy bien entre los que no quieren ir al campamento y los que sí quieren ir, pero tienen miedo.

Si el niño no quiere ir, la recomendación de la experta es respetar ese deseo: “El niño está de vacaciones y tiene que participar en actividades de las que va a disfrutar”.

En el caso de que el niño quiera ir, pero los miedos se lo impidan, los adultos juegan un papel muy destacado para ayudarle a desembarazarse de ellos. En este sentido, la especialista distingue entre miedos reales y no reales.

“Habría que ver con ellos qué es real y qué no de estos miedos. Si, por ejemplo, tienen miedo a echarnos de menos, lo que podría suceder en realidad, le podemos dar alternativas (’te puedes llevar una foto’, ‘nos puedes llamar por teléfono’...).

En el caso de miedo irreales  hay que escucharlos con atención y ofrecerles alternativas que desbanquen esos miedos, racionalizar lo que va sintiendo y compararlo con otros momentos similares por los que el niño ha pasado y todo ha salido bien. Por ejemplo, si expresa el temor a no hacer ningún amigo, se le puede recordar otros momentos en que fue nuevo a alguna actividad y sí hizo amigos.

Niños en un lago de excursión©AdobeStock

El día antes y el día después

A veces el niño estaba muy animado para ir de campamento y justo el día de antes o el mismo día de la marcha se siente inseguro y dice que no quiere ir. ¿Cómo reaccionar? “Si se han hecho las cosas bien y no se le ha convencido para que vaya sino que él por sí mismo ha querido ir, hay que entender que son nervios, inseguridades y miedos y hay que abordarlos de formar racional con ellos”, indica la experta.

Por ejemplo,  se les puede indicar que hagan respiraciones profundas (diafragmáticas), imaginar con ellos todas las experiencias buenas por las que van a pasar... Se trataría de darle ese último empujón que le hace falta cuando quiere ir, pero el miedo se lo impide. En este sentido, “si al final lo supera y se lo pasa bien, será para él un a fuente de aprendizaje sobre cómo superar otros miedos en su vida”.

En el transcurso del campamento, especialmente en los primeros días, se puede dar otra situación y es que el niño tenga tanta nostalgia que se quiera volver. ¿Cómo habría que actuar en ese caso? La experta recomienda hablar con la organización y luego con el niño y si realmente se encuentra muy mal, recogerlo: “Está en una situación de vulnerabilidad en la que son los padres los que deben velar por su integridad, pues hay retos que los niños no saben cómo afrontar”.

¿Puede esconder la negativa algún problema?

 A veces los padres se plantean enviar a los hijos a campamentos justamente porque el niño es muy tímido o está muy apegado a ellos y creen que con esta experiencia logrará superar esto. Pero Patricia Sánchez lo tiene claro: “En general, obligar a alguien a pasarlo bien no da buen resultado. Son sus vacaciones y si las comparásemos con las de los adultos, se vería más claro que si se obliga a ir no es algo positivo”.

Según explica, hay otras alternativas que hacen la misma función como campamentos urbanos o excursiones con algún grupo. “Son aproximaciones para que, en un futuro, el niño pueda hacerlo. Mientras, hay que buscar el equilibrio y otras alternativas”, aclara.

La psicóloga lo explica así: “No todo es para todos. Hay niños que lo pasan bien en los campamentos y otros que no, y esto no significa que tenga que haber un problema psicológico o emocional; unos son más abiertos y otros son más introvertidos. Tener más nostalgia de casa o ser más sensible no tiene por qué esconder ningún problema”.


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