Decepción en Islandia

‘La boda ya se ha celebrado y Paquirrín no ha asistido, pero el ambiente está cargado’

Kiko Rivera
Alfonso Ussia

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Hace quince años, aproximadamente, fui invitado a la inauguración del “Wiking Kifloeej Paquirrinson Club”. Se trata de una asociación cultural de Kifloeejj, una pequeña localidad al norte de Islandia que huele bastante a ballena, y cuyos miembros son seguidores de Paquirrín. La asociación cultural, por desgracia, pasa por momentos de alta tensión entre dos grupos de socios. Los partidarios de que Paquirrín acuda a la boda de su prima, Anabel Pantoja, y los defensores de su ausencia. Y han solicitado mi intervención en el contencioso en mi calidad de único socio español. El resto del cuerpo social está compuesto por 26 islandeses , un finlandés, una noruega, un matrimonio esquimal, dos groenlandeses y tres rusos. En Islandia tienen un refrán muy divertido que dice – ya traducido-, “donde no hay rusos no hay interés”. El “Wiking Kifloeej Paquirrinson Club” se financia de las cuotas de sus afiliados y de una modesta subvención generosamente donada por la señora Smogadottir, propietaria de tres barcos balleneros.

“Resulta indispensable descolgar el teléfono, preguntar por Paquirrín, y al oír su voz, preguntarle. –Paquirrín, ¿Por qué no has ido a la boda de Anabel?-. Pero no sólo desconozco por completo el número de teléfono de Paquirrín, sino aún peor, que no conozco a Paquirrín”

Mi problema, es que he aceptado intervenir en el caso, a sabiendas de la inutilidad de mi gestión. La boda ya se ha celebrado y Paquirrín no ha asistido, pero el ambiente está cargado. El presidente de la asociación cultural, Vigdus Fingboga, ha reclamado mi presencia. Los partidarios de que Paquirrín asistiera a la ceremonia del elegante enlace, desean conocer de viva voz los motivos de su negativa a formar parte del acto religioso y posterior fiesta. Y para ello, resulta indispensable descolgar el teléfono, preguntar por Paquirrín, y al oír su voz, preguntarle. –Paquirrín, ¿por qué no has ido a la boda de Anabel?-. Pero no me he atrevido a reconocerle a Vigdus Fingboga, que no sólo desconozco por completo el número de teléfono de Paquirrín, sino aún peor, que no conozco a Paquirrín. Una tarde, en el bar de un hotel madrileño, surgió de entre las columnas, y cuando me incorporé para darme a conocer, hizo un gesto severo, como diciendo “autógrafos, no”, y abandonó el hotel con la agilidad de un corzo.

Anabel Pantoja And Omar Sanchez Give Each Other 'yes, I Do'.©GettyImages

Le he intentado explicar a Fingboga – partidario de su asistencia-, que el reciente fallecimiento de su abuela ha sido el motivo principal de su distanciamiento. Otras fuentes apuntan a viejos y no cicatrizados desencuentros familiares. Pero los islandeses no se conforman con justificaciones inconcretas. Desean saber la verdad y nada más que la verdad, y mucho me temo que si no son complacidos, el “Wiking Kifloeejj Paquirrinson Club” pueda desaparecer. Lo he intentado por otros contactos y conductos, y Paquirrín no está localizable.

“El reciente fallecimiento de su abuela ha sido el motivo principal de su distanciamiento. Otras fuentes apuntan a viejos y no cicatrizados desencuentros familiares”

Hace cinco minutos, cuando me hallaba redactando esta crónica, me ha llamado Sigfrida Gravessondotir – secretaria de la asociación-, para comunicarme que tanto los partidarios de la asistencia de Paquirrín a la boda como los adversarios a su presencia, han votado y aprobado expulsarme como miembro de la asociación. Ante semejante injusticia, he procedido a recurrir la votación, pero Sigfrida, que es mujer de altas sinceridades, me ha recomendado que desista de ello y acepte con serenidad mi baja en el referido club. Al menos, ya están unidos.

Y aquí estoy. Expulsado y sin comerlo ni beberlo.


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