Septiembre

‘Un bañista que hace ‘jogging’ es incapaz de ceder el paso al bañista que corre hacia él. Se terminará por construir rotondas en las playas’

Man running on the beach at sunset, Benguela Province, Benguela, Angola

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Los septiembres norteños son prodigiosos. Las playas inician su recuperación hacia la dignidad del otoño y el invierno. Por arte de magia, desaparecen los cocodrilos hinchables, las sombrillas voladoras, las palas, las pelotas de tenis y las neveras. El sol calienta pero lo hace sin interrumpir las primeras rachas de vientos del “tardíu”, que así llaman los montañeses a la estación de la rendición de las hojas. Los restaurantes mantienen su animación, pero sin agobios. Y en los carriles y senderos la tranquilidad impera. Lo más chocante que se puede topar un paseante es a un oso, infinitamente menos peligroso que un ecologista “sandía” – verde por fuera, rojo por dentro-, con pantalones pirata y chancletas.

Tienen que pasar muchos días para que los hayedos cambien el predominio verde a favor del siena. Pero los árboles ya anuncian que algo está modificándose en la naturaleza. Han desaparecido, no del todo, las camionetas-caravanas. Son insufribles. Se detienen inesperadamente en los lugares más absurdos, y también en rincones maravillosos violados por el mal gusto. Un amigo, propietario de unos formidables prados con invernales para el ganado, harto de la ocupación de sus predios, ha expuesto en unos carteles una advertencia a los advenedizos. “Cuidado con los lobos, que aquí son extremadamente agresivos”. En lugar de disuadir a los caravanistas, éstos se han instalado a centenares. Quieren ver al lobo, acariciarlo, rebosarlo de mimos, y esas tonterías de los animalistas. Pero el lobo huye de las caravanas, y les trae al pairo el desconcierto mental de sus amigos urbanos. – Por ahí ha pasado un lobo-, dice el niño con su anorak.

-Se llama Sussy, y es mi perra-, aclara el encargado de la zona.

“El gran enemigo de los bañistas corredores es el chocolate con churros. Pero no aprenden”

Se ha reducido considerablemente el número de bañistas que hacen jogging por la orilla de la playa. En la culminación del mes de agosto, se producen graves colisiones corporales entre ellos. Un bañista que hace jogging es incapaz de ceder el paso al bañista que corre hacia él. Se terminará por construir rotondas en las playas. El bañista que practica el jogging, se caracteriza por su defunción prematura. Ese gesto de esfuerzo, ese tono enrojecido en el rostro, ese obsesivo frenesí por elevar las piernas, ese cambio de ritmo cuando es perseguido por un perro suelto con ánimos de mutilación, acortan en exceso la vida de los ejercitantes. En septiembre, al no vislumbrar bañistas que hagan la competencia, los corredores se mueven a un ritmo mucho más moderado, y las estadísticas de fallecimientos súbitos se reducen de manera considerable. El gran enemigo de los bañistas corredores es el chocolate con churros. Pero no aprenden.

New South Wales On High Alert As Covid-19 Cluster Grows©GettyImages

En septiembre, por arte de magia, desaparecen las focas de las playas. No me pregunten las causas que determinan tan abrumadora desaparición porque carezco de argumentos científicos para ello.

“En septiembre, todo apunta a la dignidad recuperada de octubre. Lo escribió el Marqués de Saint Emilión- Les Deux Eglíses: ‘El verano sería maravilloso en la costa sin veraneantes”

En septiembre, la piel de la tierra se alivia de ausencias de paellas y barbacoas. En septiembre, todo apunta a la dignidad recuperada de octubre. Lo escribió el Marqués de Saint Emilión- Les Deux Eglíses: “El verano sería maravilloso en la costa sin veraneantes”. Se trata de una opinión personal que no me atrevo a apoyar públicamente.

En Septiembre, el norte de España, se convierte en lo que ha sido siempre. La lengua verde bellísima bajo la bóveda del cielo que trae las galernas para que los chancletas de los campings retornen felices a sus hogares. Bienvenido, septiembre.


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