Ni el más reputado de los festivales logró lo que Leah Wood y Jack MacDonald en junio de 2008: reunir en su boda al Olimpo del rock en la catedral Southwark de Londres. Y no solo, también a la que muchos consideran la mejor modelo de la historia, Kate Moss. Quien no estaba quería estar y quien estaba, se sentía privilegiado por la invitación. Menos Lila Moss, que por entonces tenía cinco años y no parecía muy conforme ni con los fotógrafos, ni con su look, ni con toda esa parafernalia de mayores llena de flashes y flores. Con el tiempo aprendería a domar su carácter. También flashes y paparazzis.
Lejos de lo que podía esperarse de la hija de una estrella del rock, la ceremonia fue bastante tradicional. "Sorprendentemente para ellos, fue una boda muy tradicional, casi clásica. Ella estaba espléndida con un largo vestido blanco y un velo", comentó al periódico Sunday Times uno de los asistentes. Ni de clásica ni de espléndida tildaron a Kate Moss, que para la ocasión, eligió un vestido en color champán de Chanel que muchos no consideraron adecuado.
"Este look fue muy aplaudido en su momento, pero también hubo quien opinó que era un vestido demasiado 'de novia' para ir a una boda. Yo creo que es un estilismo perfecto", sentencia Amaia León, redactora jefe de belleza de ¡HOLA! y una fan confesa de la modelo británica.
Pese a algunas críticas que consideraban que su elección desafiaba los límites del blanco, su estilismo ha envejecido muy bien. "El vestido de Chanel es precioso, una versión bohemia del slip dress que sigue de actualidad", comenta. "Aunque han pasado dieciocho años, hoy vemos muchos diseños en las tiendas con esa silueta fluida, escote halter y corte a la cadera", añade.
Kate Moss no renunció al boho ni siquiera para ir de boda y aunque su vestido sería clásico en cualquier otra mujer, ella lo convirtió en toda una pieza bohemia gracias, además de su recogido despeinado, a un caftán de terciopelo en azul oscuro y detalles de flecos. "Junto a las sandalias de plataforma (un icono de Saint Laurent), el bolso estilo bombonera y los pendientes largos, el vestido podría haber quedado excesivamente 'de gala' o 'de alfombra roja' y no tan de invitada a una boda. Sin embargo, el caftán equilibra ese aire sexy y festivo, y el resultado es de diez", opina Amaia León.
Sin duda, es ese accesorio el elemento más importante y característico de su estilismo. No solo por todo lo que destaca sobre el champán satinado del vestido, sino porque es una prenda 'muy ella'. Los abrigos o capas de terciopelo son una prenda recurrente en sus looks. De hecho, en 1998, diez años antes de que acudiera al enlace de su amiga Leah, protagonizó uno de sus momentos más icónicos acudiendo a una fiesta en Londres ataviada con un abrigo de terciopelo y un bolso tipo vintage.
También en ese aspecto reveló ser toda una visionaria. Hoy en día, no hay invitada que no se plantee abrigar su estilismo, ya sea de vestido o de conjunto, con una de las muchas capas, caftanes o abrigos de terciopelo que hay en las tiendas. Junto a los ponchos de punto - otro must en el universo de bodas, bautizos y comuniones de invierno y entretiempo -, estas son los complementos con más fama.








