Vestido desmontable para boda de verano de Cristina en Alicante

Cristina, la novia del vestido desmontable que homenajeó a su hermana

Nuestra protagonista eligió a la diseñadora María Baraza para su boda en Alicante. El resultado fue un look muy especial que también conquistó en las redes sociales

por Estrella Albendea

Si en los últimos meses ha habido una tendencia nupcial que ha triunfado por encima de las demás dentro y fuera de las redes sociales, esa ha sido la que apuesta por los vestidos de novia desmontables; diseños que ofrecen un todo en uno, para diferentes escenarios y momentos de la boda. Cristina, una novia alicantina que celebró un enlace repleto de sorpresas el pasado mes de septiembre, recurrió a una creación a medida y convertible, obra de María Baraza, que desde el principio supo captar la lluvia de ideas de la protagonista. “Estaba bastante perdida, tenía Instagram totalmente fichado, ¡Hola! Novias en la mesita de noche para coger inspiración, pero no tenía nada claro cómo quería que fuera mi vestido… Quería llevar un vestido ajustado, pero a la vez llevar una gran cola. Quería ir sencilla, pero original, ser muy yo, pero ir muy novia. ¡Me parecía imposible poder combinar todo y al final el resultado fue perfecto!”, nos explica.

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Dos vestidos en uno

Y de esa indecisión nació un look que se ha hecho viral. El espectacular, cómodo y sofisticado diseño no dejó indiferente a ninguno de los asistentes. Móviles y fotógrafos pudieron captar su movimiento, la elegancia y lo favorecida que estaba la novia. “Era un vestido convertible, para llevar una gran cola en la iglesia, con unas mangas súper especiales de tela troquelada con volantes, con una espalda con la misma tela de las mangas que se extendía a lo largo de la cola. Luego, para el baile, se transformaba en un vestido ajustado de tirantes, con un gran escote en la espalda… un vestido de ensueño”, reconoce Cristina.

Pero hasta llegar al resultado, la diseñadora y la novia tuvieron que pasar por un proceso complicado, que comprometió el progreso del vestido: “Antes del Covid teníamos claro el concepto general del vestido, pero todos los detalles, como la tela, la forma de las mangas, los accesorios de la espalda del segundo vestido, etcétera, los decidimos cuando se acabó el confinamiento y pudimos juntarnos, haciendo videollamadas con mi hermana, que me ayudó con la elección de todos los detalles y que no podía viajar a Madrid en ese momento por las restricciones”. Y continúa: “Todo ese proceso de diseño lo hicimos en tres meses, con citas cada dos semanas para ir eligiendo telas, probando opciones sobre el vestido base… fue un proceso súper intenso. María Baraza me daba mil opciones en función de lo que le iba diciendo y adaptaba, súper rápido, cada cambio que se me ocurría y eso fue la clave para poder llevar a cabo un vestido con un diseño así en tan poco tiempo”.

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Es precisamente la buena conexión entre creadora y novia la que permitió a ambas beber mutuamente de nuevos conceptos para dar forma a la pieza. “Quisimos jugar con las texturas para tener las mangas con una tela troquelada, que quedaba muy bonito para el contraste visual y me iba a venir muy bien para la fecha y el sitio de la boda. La misma tela de las mangas cubría la espalda y se extendía por una franja a lo largo de la cola”, apunta Cristina. Por esa prolífica relación, cuando se le pregunta acerca de la clave para escoger un vestido de novia, ella lo tiene claro: “lo más importante es encontrar a una persona que te entienda y con la que te sientas cómoda, que te sepa calmar si te agobias en algún momento”. 

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Un ramo de novia de temporada                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

Al espectacular diseño, relata Cristina, le acompañó un ramo de novia poco visto, delicado y apto para cualquier temporada. Elaborada por Chitina (al igual que la decoración del espacio), esta creación floral estaba compuesta por tonalidades suaves: “Al principio pensé en un ramo con varios colores, pero, luego, al imaginar el conjunto completo con el vestido, no me encajaba. Así que empecé a pensar en un ramo solo con colores claros como blancos, cremas, albaricoque… ¡Al final optamos por una combinación que incluía diferentes tipos de rosas y quedó precioso!”.

La nota más romántica la puso su look de belleza, atemporal y de tendencia. “En cuanto llegué a la peluquería y le conté a María (de Bionda Estilistas) cómo eran el vestido, el maquillaje y el tipo de boda, pensamos en la opción de una coleta con ondas y cuando me hicieron el primer peinado, me gustó tanto que no quise ni seguir probando opciones. ¡Lo tuve clarísimo! El maquillaje lo quería muy natural, porque me suelo maquillar poco, aunque siempre llevo raya del ojo y me encanta un toque de color en los labios, así que eso fue en lo que hicimos más hincapié. Laura, mi maquilladora (@lauramakeup86), es genial, también maquilló a mi prima y a mi hermana, y dio con el estilo de cada una de nosotras”

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El amor que vence al tiempo

Más allá del exitoso estilismo de la novia, la historia de la pareja es sinónimo de amor y de esas casualidades que tienen el poder de cambiar el rumbo de toda una vida. “Luis y yo nos conocimos hace años a través de una amiga en común y después de pasar varios años sin vernos, nos reencontramos por casualidad y ya no nos hemos vuelto a separar. Tiempo antes del Covid organizamos un viaje a Japón, que es un sitio al que siempre he querido ir, y allí, una noche de noviembre, celebrando mi cumpleaños, con vistas al skyline de Tokio, Luis me pidió matrimonio”.

Los novios se dieron el ‘sí, quiero’ el 5 de septiembre de 2020, rodeados de invitados muy especiales, aunque echando de menos a quienes, desgraciadamente, no pudieron acudir a la cita. “Era nuestra fecha original, la habíamos elegido con mucho cariño y llevábamos mucho tiempo pensando en ese día así que a pesar de la situación de incertidumbre decidimos seguir adelante y es la mejor decisión que hemos tomado nunca”, admite Cristina. 

Alicante fue el lugar escogido para la ceremonia, en la popular Basílica Santa María, y la celebración posterior, en la Finca Torre Bosch. Que este espacio, con unos espectaculares exteriores, fuese el escogido tuvo una clara explicación: “Teníamos claro que queríamos una boda de día al aire libre, en una finca muy mediterránea para que la gente que venía de fuera de Alicante (la mitad de mi familia es gallega y la familia de Luis es de Madrid) lo disfrutara al máximo. Además, queríamos que estuviera cerca de la iglesia para que fuera cómodo para los invitados”.

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Organizar una boda a última hora

Con esas y otras premisas, Cristina y Luis decidieron organizar ellos mismos su enlace al completo. “Los dos estuvimos igual de implicados en todas las decisiones, lo cual me parece esencial para que quede representado el estilo de ambos y para que no sea una sola persona la que cargue con toda la responsabilidad de las decisiones y de la gestión de los proveedores. Así, en los momentos en los que uno se agobia con algo o no consigue decidirse, el otro le puede dar los ánimos o el 'empujoncito' que necesita para seguir adelante”, concede ella. Desde el principio, la pareja tenía cerradas cuestiones como la localización, el fotógrafo, la iglesia y las flores, pero dejaron para seis meses antes el resto de preparativos. Fue entonces cuando llegó el estado de alarma y tuvieron que esperar. Pocos meses antes de la celebración pudieron confirmar a todos los proveedores. 

Las circunstancias les obligaron a renunciar a la música en directo, pero también hubo otras cuestiones positivas, como la decoración. Desde grandes jarrones en un pasillo de la iglesia hasta una cuidada decoración de mesas con flores y “un seating plan muy chulo”, en palabras de la novia. Añadieron, además, un carrito de helados, granizado de limón, toppings, horchata y fartons.

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Pero, si algo que, sin duda, los protagonistas no pudieron olvidar, eso fueron todas y cada una de las sorpresas, empezando por esos convidados que hicieron un esfuerzo por asistir y renunciaron al miedo para estar con ellos en su gran día. “Otro momento importante para nosotros fue la entrega de mi ramo a mi hermana, que es mi mejor amiga y siempre mi gran apoyo. Hemos pasado por mucho juntas, especialmente en los últimos años, y ese momento para mí representó cada una de las sonrisas y de las lágrimas que hemos compartido, siempre juntas”, cuenta Cristina.

Además, entregaron un ramo a la abuela del novio, de 93 años, pura alegría y vitalidad: “lo único que quería desde que le dijimos que nos íbamos a casar era estar bien para la boda, y ahí estuvo, la primera, con viaje incluido desde Madrid y más feliz que nadie”. La guinda del pastel llegó con el discurso que dieron sus cuñados, un homenaje a la pareja que emocionó a los asistentes y que permanecerá en el corazón de todos ellos, con un bonito símil que paradójicamente suena a punto y seguido: “Hablaron del amor como un faro que guía, ‘de ese Lucentum (Alicante) de luz y ese Ferrol tan farero’ (yo soy una mezcla entre ambos sitios). Me pareció un ‘regalazo’ que nos llevamos para siempre en el recuerdo".

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