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El vestido de novia desmontable con el que María homenajeó a su madre

Su diseño, creado por Navascués, no tardó en viralizarse en redes sociales

por Regina Navarro

Cuando una novia va a elegir su vestido suele tener una idea más o menos clara de lo que quiere o, al menos, de lo que no le gusta. La mayoría coinciden con los diseñadores en que sentirse cómoda es importante y también en que verse reflejada en la prenda es fundamental para que la elección sea todo un acierto. "Para mí es fundamental sentir que no llevas un disfraz y que cuando pasen los años y veas las fotos te sigas viendo favorecida. También que, dentro de lo incomodo que puede ser el vestido, tú te sientas cómoda. En definitiva, que seas tú pero que vayas de novia. Yo creo que una se conoce a sí misma y sabe que puede favorecerle más o menos". La chica que pronuncia estas palabras se llama María San Martín y se casó el pasado mes de septiembre con un vestido que todavía sigue triunfando en las redes sociales. Un diseño obra de Navascués con el que quiso hacer un pequeño homenaje a su madre.

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En imágenes, la romántica boda de María y Román en Madrid

María nos explica que, aunque pensó en varios diseñadores e incluso acudió a sus ateliers, con Navascués hubo un flechazo mutuo. "Cada vez que iba a las pruebas me lo pasaba tan bien… El equipo es increíble, te atienden con mucho mimo, te aconsejan en todo y te hacen sentir parte de la familia". Eso sí, María también lo puso fácil. Aunque algunas novias tienen dudas con el tipo de diseño que buscan para su gran día, ella tenía claro que quería un vestido que se pudiera desmontar. "Tenía clarísimo que quería un vestido desmontable, puesto que me encanta bailar y no quería estar pendiente de la cola. También sabía que quería llevar cola y que el vestido tuviese algún detalle en organza como el que llevó mi madre el día de su boda". Una forma de hacerle su particular homenaje.

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En el atelier de Navascués supieron captar perfectamente la idea de María, sus gustos y sus necesidades. Elaboraron un conjunto compuesto por dos piezas. Por un lado, un vestido de crepé, con mangas de organza y escote de pico, que favorecía especialmente su silueta y tenía una amplia y elegante abertura en la parte trasera. Por otro, un chaleco con cuello y cola confeccionado en este último tejido. "Durante la ceremonia estuve con el chaleco y la cola. Cuando entré en la cena me quité el chaleco y me quedé con el vestido, con las mangas en organza. Muchos invitados se sorprendieron, ¡pensaban que todo era una chaqueta!", apunta la novia. Una forma original no solo de deshacerse de la cola para el baile, también de sumarse a la tendencia de los vestidos que evolucionan a lo largo de la celebración con mucha elegancia y estilo.

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Para completar su look nupcial María apostó por la sencillez. Eligió unas sandalias de tacón alto –un diseño a medida de Javier Gonzalo–, pero cómodo, de color claro, con las que demostró que los zapatos en este tono pueden ser modernos y muy actuales. Para el peinado se decantó por una de las opciones más buscadas por las novias este 2020, las coletas. "Siempre voy con el pelo suelto o coleta asique no me imaginaba el día de mi boda con otro peinado. Me peinó ese día Marieta –creadora de Marieta Hairstyle–, yo quería coleta no tirante con algún toque y me dejé guiar completamente...", nos cuenta. Finalmente optaron por un diseño ligeramente ondulado, decorado por unas pequeñas horquillas con estrellas de Cherubina. Aunque los labios rojos cada vez convencen más a las novias, María confió en la maquilladora Mercedes Couceiro, que le recomendó un acabado muy natural.

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Una boda a finales de verano en Madrid

Fue un día de Año Nuevo, de hace ya varios años, cuando María y Román se conocieron. Un amigo común los presentó en una escapada de esquí, a Formigal. "A los dos nos encanta la nieve. Cuando lo conocí me dijo que era de Madrid, como yo, pero que estaba trabajando en Sevilla desde hacía unos meses. A pesar de haber estado gran parte de nuestro noviazgo a distancia, ni lo hemos notado. Han sido años increíbles que volvería a repetir. La distancia nos unió muchísimo, ¡cada vez que nos veíamos había que aprovechar al máximo!", nos cuenta. Por eso, cuando Román volvió a Madrid para quedarse allí a trabajar, dar un paso más en su relación era lo más natural.

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"A los tres años y medio de relación, Román volvió a Madrid para quedarse ya a trabajar aquí y fue casi nada más llegar cuando me pidió que me casara con él. Fue en Galicia que es donde él veranea mientras estábamos viendo el atardecer por donde él suele salir a correr. Tenía el corazón a mil, me morí de ilusión no me lo podía creer.  Esa noche no dormí", explica María. Pronto empezaron los preparativos para una boda que se celebraría el 14 de septiembre, por la tarde, en Madrid. "Nos casamos en la Ermita de Nuestra señora de la Paz, en La Moraleja. Yo siempre he vivido allí y para mí era muy importante casarme en una Iglesia con la que tuviese afecto. Luego nos dirigimos a la Villa del Mentidero, una decisión tomada por los dos porque cuando fuimos a conocerla nos enamoramos de aquel lugar y del catering tan espectacular".

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Suele ser habitual que los novios recuerden el día de su boda en una especie de nebulosa que se dilata en el tiempo. Aunque, al mismo tiempo, suelen tener la sensación de que pasó más rápido de lo que habrían querido. Pero siempre hay momentos especiales que hacen del gran día un día único. Para María fue tener con ella a sus cuatro abuelos. "Soy una afortunada y aún ni me lo creo. Ese día disfrutamos de cada segundo desde que nos levantamos con los preparativos, cada uno con sus familias, hasta que nos fuimos a dormir entre risas y lloros porque se había acabado. Disfrutamos como niños y lo más bonito que vimos fue que los invitados también estaban emocionados y que habían venido de todas las partes del mundo para estar con nosotros". Porque sí, ese cariño compartido siempre hace que los momentos sean todavía más especiales.

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