La agenda de la visita de Estado de Felipe y Matilde de Bélgica a Kazajistán ha reservado para la noche uno de esos looks que justifican detenerse en cada detalle. Después de una jornada de compromisos oficiales en Astaná, la capital del país centroasiático, la reina ha acudido a la cena ofrecida en su honor por el presidente de la República, Kassym-Jomart Tokáyev, con una pieza que concentra buena parte del protagonismo: una capa de alta costura visualmente deslumbrante. En una velada de carácter menos solemne que un banquete de gala, Matilde ha prescindido de la tiara, uno de los complementos más reconocibles del vestuario ceremonial de las reinas, pero no de la espectacularidad. La capa, con sus bordados, sus destellos y su silueta envolvente, aporta por sí sola la presencia que suele asociarse a las grandes ocasiones de la realeza. La elección demuestra, además, que no siempre es necesario recurrir a las joyas históricas de una familia para construir una imagen regia.
Lentejuelas, pedrería y una mariposa en la espalda
La protagonista del look es una creación de Elie Saab perteneciente a la colección prêt-à-porter otoño-invierno 2025-2026 que el diseñador libanés presentó en París. El modelo, de largo hasta el suelo, combina tonos burdeos, cobrizos y marrones oscuros con un elaborado trabajo de lentejuelas y pedrería. Los bordados dibujan una especie de entramado reticular sobre el tejido, que adquiere una dimensión especialmente rica en la zona de los hombros, donde aparecen aplicaciones en azul profundo, verde y cobre.
Sin embargo, el detalle más inesperado se encuentra en la espalda: una gran mariposa, bordada con lentejuelas y dispuesta con las alas extendidas, que convierte la parte posterior de la capa en una auténtica pieza ornamental.
En la pasarela parisina, Elie Saab había combinado la capa con un mono burdeos ajustado a la cintura y unas voluminosas botas rematadas con pelo. La amplitud de la prenda exterior contrastaba con la silueta más ceñida que quedaba debajo, mientras que los bordados aportaban textura y movimiento al conjunto.
Matilde ha reinterpretado la propuesta con un contraste cromático más luminoso. Bajo la capa ha llevado un mono rojo de líneas sencillas, cuyo tono destaca frente a la paleta otoñal del bordado. La elección permite que la pieza exterior conserve todo el protagonismo y, al mismo tiempo, introduce una base más versátil, alejada de la complejidad ornamental de la capa. La reina ha completado el look con unos salones de piel burdeos de Dior y un pequeño bolso de noche rojo cubierto de destellos.
Unos pendientes kazajos como homenaje a sus anfitriones
La capa no ha sido la única pieza que merecía una mirada profunda. Matilde ha estrenado también unos pendientes de oro blanco y diamantes de Saltanat, una firma de joyería con sede en Kazajistán cuyos diseños se inspiran en la cultura y la artesanía tradicionales del país. Su estética calada, de inspiración vegetal, presenta curvas y formas que recuerdan a hojas, dispuestas en una silueta alargada de pera y rematadas por una pieza superior que evoca una estrella.
La elección añade una dimensión diplomática al conjunto. Durante las visitas oficiales al extranjero, la indumentaria de las reinas puede convertirse en una forma discreta de reconocer la cultura del país que las recibe. En este caso, el guiño se materializa en una joya de creación local, que Matilde ha estrenado precisamente durante la cena ofrecida por el presidente kazajo.
No se ha confirmado si los pendientes son un obsequio recibido con motivo del viaje o si la reina los ha seleccionado expresamente para la ocasión. En cualquiera de los dos casos, su presencia introduce una referencia al lugar que acoge a los monarcas y evita que el look quede reducido a una sucesión de piezas de lujo internacionales.
La noche más espectacular de la visita a Astaná
La capa ha cerrado una jornada ajetreada. Por la mañana, Matilde había elegido un vestido rojo acompañado de un tocado de inspiración pamela para la ceremonia oficial en el palacio presidencial de Akorda. Más tarde, durante la visita a un centro de rehabilitación infantil, había optado por un abrigo floral de Natan. Para la cena, reservó la propuesta más elaborada de las tres.
La visita de Estado, que se desarrolla del 12 al 14 de octubre de 2026, tiene también una dimensión histórica para las relaciones entre Bélgica y Kazajistán: es la primera visita de Estado de los reyes belgas a un país de Asia Central y coincide con el 35.º aniversario de la independencia kazaja. El programa incluye encuentros diplomáticos, actividades culturales y compromisos económicos y académicos en Astaná y Almaty.
En ese contexto, el look nocturno de Matilde resume dos de las claves de su forma de vestir en los actos oficiales: la capacidad de recurrir a diseñadores internacionales para las grandes ocasiones y la atención a los detalles que conectan su imagen con el país anfitrión. Esta vez, la reina ha prescindido de la tiara, pero ha encontrado en una capa bordada hasta el último detalle y unos pendientes de inspiración kazaja una forma distinta de ejercer la elegancia real.







