La final del Rolex Monte-Carlo Masters 2026 no solo ha puesto frente a frente a Carlos Alcaraz y Jannik Sinner en una batalla por el número uno del ranking, también ha reunido en el palco a algunas de las figuras más destacadas del Principado. Entre ellas, la siempre elegante Charlene de Mónaco, Carlota Casiraghi y Alejandra de Hannover, junto al príncipe Alberto II de Mónaco, habitual en este torneo. Si ayer sorprendía su presencia en semifinales en una jornada marcada por lo inesperado, hoy el foco ha estado también en un detalle de estilo: Charlene y Carlota han coincidido —cada una a su manera— con el mismo estilo, con americanas estructuradas y el clásico estampado de rayas como hilo conductor.
Charlene de Mónaco: el poder del traje blanco impecable
Para esta cita clave del calendario deportivo, la princesa ha apostado por un traje sastre blanco de inspiración masculina con finas rayas diplomáticas, una elección que combina sobriedad y sofisticación con absoluta naturalidad.
La chaqueta, de doble botonadura, presenta una estructura marcada en los hombros que define la silueta y aporta ese aire de autoridad silenciosa tan característico de Charlene. El corte recto, ligeramente oversize, refuerza esa estética depurada que bebe del tailoring clásico pero con una lectura contemporánea. Los botones, discretos y en el mismo tono, mantienen la armonía cromática, mientras que el cuello con solapa amplia estiliza la zona superior.
En cuanto al beauty look, la princesa opta por su ya característico recogido, peinado hacia un lado que enmarca el rostro y acentúa sus facciones. El maquillaje, en tonos neutros con un labio rosa.
Carlota Casiraghi: la elegancia effortless del uniforme parisino
Frente al enfoque más institucional de Charlene, Carlota Casiraghi ha apostado por un look relajado pero igual de estudiado, fiel a ese estilo effortless que la ha convertido en uno de los grandes iconos de la moda contemporánea.
Su apuesta combina unos vaqueros rectos de estilo clásico con una camisa de rayas en tonos azules —ligeramente desabrochada en el cuello— y una blazer azul marino de doble botonadura. Un conjunto que, a simple vista, parece sencillo, pero que esconde una construcción muy pensada: proporciones equilibradas, capas ligeras y una paleta cromática coherente.
El detalle del cinturón trenzado en tono cuero rompe con la sobriedad del look y añade textura, mientras que las mangas ligeramente remangadas aportan ese toque desenfadado tan característico de Carlota. En cuanto a los accesorios, mantiene la línea discreta con joyas finas y un maquillaje natural, dejando que el conjunto respire.
Montecarlo, deporte y estilo en clave royal
Más allá del partido —que ha definido el liderazgo del ranking ATP con la victoria de Sinner—, el torneo de Montecarlo vuelve a consolidarse como un escaparate donde deporte y estilo conviven de forma natural. La presencia de la familia Grimaldi es habitual: este evento forma parte del ADN del Principado.
El contraste entre Charlene y Carlota refleja dos formas de entender la elegancia contemporánea: una más estructurada, casi arquitectónica, y otra más relajada, con guiños al estilo parisino. Sin embargo, ambas coinciden en un punto clave que no pasa desapercibido: las rayas y la americana como símbolo de sofisticación atemporal.












