¿Cuántas veces te has mostrado segura o capaz cuando las dudas, el miedo y la incertidumbre eran verdaderamente tus emociones dominantes? "Necesitamos disfrazarnos de personas seguras para que no utilicen nuestra vulnerabilidad en nuestra contra", le decía el psicoterapeuta Luis Muiño al periodista y psicólogo Molo Cebrián, en uno de los episodios del podcast Entiende tu mente.
Su frase invita a la reflexión. Porque, si como nos ha contado la psicóloga Beatriz Corbí Gran, la vulnerabilidad es algo intrínseco al ser humano, ¿qué sentido tiene que todos la escondamos?
Para Beatriz, ocultar constantemente este sentimiento "puede alejar a la persona de ser quien es". Solo en favor de expectativas ajenas que considera indispensable cumplir. "En este mundo actual en el que vivimos, exponer las emociones puede ser peligroso en determinados momentos y, por eso, a veces usamos el disfraz para protegernos y adaptarnos mejor a las circunstancias", explica la psicóloga.
"Lo importante es poder ser auténticos sin desprotegernos. Si se utiliza demasiado el disfraz se puede caer en la trampa de identificarse con él", advierte.
Esa actitud puede, además, afectar a nuestras relaciones. "Mostrar solo la versión segura de uno mismo en las relaciones a corto plazo ayuda, pero a largo crea una distancia con el otro, porque el vínculo es más frío e impide establecer una intimidad real con esa persona", asegura la piscóloga. "Un vínculo sano y seguro requiere intimidad y confianza", apunta.
"La fachada de seguridad impide que la persona pueda fallar y pedir ayuda y esa autoexigencia es un estresor que termina pasando factura", nos cuenta. Para Beatriz, la ansiedad es la consecuencia directa de estar permanentemente sosteniendo una fachada, una identidad que no es la nuestra.
Para la experta hay una estrategia muy efectiva que nos puede sacar del círculo vicioso de estar constantemente tratando de ser quienes no somos. La experta invita a aplicar "cabeza, corazón y alma" y a "establecer límites respetuosos con uno mismo". Vamos paso a paso:
- Cabeza: es saber dónde, cuándo y con quién se comparten las vulnerabilidades de uno mismo porque no todo el mundo está disponible en el mismo momento y puede que lejos de ayudar, pueda herir a la persona al mostrarse. La clave es el autocuidado, protegerse sin dejar de ser. Por eso saber elegir con quien compartir y el qué, es importante.
- Corazón: es hacerlo todo respetando las emociones, dándoles un lugar, siendo congruente con uno mismo. Esa coherencia nunca nos aleja de nosotros mismos sino todo lo contrario.
- Alma: significa que debemos ser fieles a nuestros valores, a quienes somos. Cada uno es único y especial.
"Hay muchos disfraces a lo largo de la vida y según los contextos", confirma Beatriz. "No es algo malo ya que nos ayuda a adaptarnos. Es una medida de protección", sostiene. Pero recuerda: "no hay que olvidar que tu no eres el disfraz y éste no debe dominar tu vida".







