Hay personas que necesitan que les digan “te quiero” constantemente. Y si lo escuchan se preocupan. Aparece la duda, la inseguridad, incluso el malestar. De hecho, incluso pueden plantearse que la relación no funciona. ¿Es realmente así? ¿Es tan importante esta frase que puede usarse como termómetro de un vínculo emocional en la pareja? La psicóloga Paloma Aleñar, de Confort Mental, nos explica porqué surgen esta demanda y qué podemos hacer para no tener esta dependencia.
Cuando las palabras sostienen el vínculo
En muchas parejas, el amor no se pone en duda por los hechos, sino por la ausencia de palabras. La relación puede funcionar, existir cuidado, proyectos compartidos y presencia diaria, pero aun así una de las partes siente que necesita escuchar constantemente una reafirmación verbal del amor.
Esto tiene que ver con lo que en psicología se conoce como permanencia emocional: la capacidad de sentir el vínculo como estable incluso cuando la otra persona no está disponible, no escribe o no verbaliza lo que siente. Cuando esta permanencia es frágil, el silencio se interpreta como distancia y la falta de palabras como una posible pérdida del amor.
Cuando la autoestima depende del reconocimiento
Otra de las causas por las que hay personas que necesitan escuchar te quiero es su autoestima. Cuando el valor personal se apoya en exceso en la validación externa, el “te quiero” se convierte en una especie de ancla emocional. Escucharlo tranquiliza, reduce la ansiedad y aporta seguridad… pero solo durante un rato.
El alivio es temporal. Al poco tiempo, la inquietud vuelve y con ella la necesidad de otra confirmación. Así se crea un círculo en el que el bienestar emocional depende de lo que la otra persona diga o haga, dejando poco espacio para una seguridad interna más estable.
El papel de los celos en la necesidad de validación
Los celos también tienen mucho que ver en esta necesidad de escuchar 'te quiero'. Y pueden estar presentes aunque no haya ninguna prueba que sostenga esta desconfianza. Muchas personas creen que los celos surgen porque no confían en su pareja, pero en realidad suelen estar más relacionados con la propia inseguridad.
Los celos funcionan como una alarma emocional pensada para proteger vínculos importantes. El problema aparece cuando esa alarma se vuelve demasiado sensible y se activa sin motivo. Un mensaje que tarda más de lo habitual, un día sin muestras de afecto explícitas o un cambio mínimo en la rutina pueden vivirse como señales de peligro, aunque objetivamente no lo sean.
Hay que olvidar que la necesidad constante de confirmación suele estar relacionada con el miedo: miedo a quedarse solo, a no ser suficiente, a que el amor se desvanezca sin previo aviso.
El peso del pasado en la relación
En algunas personas, esta necesidad constante se ve intensificada por los llamados celos retrospectivos. No se centran en lo que ocurre ahora, sino en las relaciones pasadas de la pareja. Exparejas, historias anteriores o recuerdos apenas conocidos se convierten en una fuente de comparación silenciosa.
La mente tiende a idealizar aquello que no puede controlar. Se construyen escenarios imaginarios en los que el pasado parece más intenso, más apasionado o más importante. En ese contexto, escuchar “te quiero” de manera repetida funciona como una forma de reafirmar el lugar propio en la relación y calmar una competencia que, en realidad, no existe.
Tampoco hay que olvidar que la necesidad constante de confirmación suele estar relacionada con el miedo: miedo a quedarse solo, . En muchos casos también influyen experiencias tempranas de abandono, vínculos inestables o aprendizajes en los que el amor estaba asociado a la inseguridad o a la incertidumbre.
Cómo gestionar esta necesidad sin dañar la relación
Como explica la psicóloga, comprender lo que sentimos y saber regularlo resulta esencial para cuidar el vínculo afectivo. Existen algunas pautas sencillas que pueden ayudar a que los celos no tomen el control de la relación.
El primer paso consiste en detectar la emoción en cuanto aparece. Los celos suelen manifestarse con señales físicas o mentales claras, como tensión en el cuerpo, opresión en el pecho o pensamientos insistentes de desconfianza. Ser consciente de esas primeras señales permite intervenir antes de que el malestar aumente.
El segundo paso es tolerar la emoción sin responder de forma automática. Una vez identificados los celos, conviene frenar el impulso de reaccionar. Es preferible centrarse en la sensación emocional y no dar por ciertos todos los pensamientos que la acompañan. Respirar con calma o desviar momentáneamente la atención ayuda a que la intensidad disminuya.
Por último, resulta fundamental hablar desde la honestidad emocional. Cuando la calma vuelve, expresar a la pareja cómo uno se siente, sin reproches ni acusaciones, favorece una comunicación más empática. Mostrar la propia vulnerabilidad facilita que el otro comprenda lo que ocurre y pueda ofrecer el apoyo necesario.






