Te llaman proponiéndote una nueva oferta de trabajo, te toca ser anfitriona y necesitas escoger qué mantel poner, te apetece arreglarte para una cena informal, pero no sabes si ese pantalón que te quieres poner es adecuado, o estás pensando en cortarte el pelo, aunque tampoco lo tienes muy claro. Cualquiera de estas decisiones se te hace un mundo, no eres capaz de decidir y enseguida llamas a alguien cercano a ti para pedir opinión. Esta situación puede resultar extraña para algunos, pero muy común para ti, así como para otros muchos.
Consultar a los demás antes de tomar decisiones —desde qué ponernos hasta qué camino profesional elegir— puede parecer una simple forma de prudencia. Sin embargo, cuando se convierte en una necesidad constante, suele haber algo más profundo detrás. Ana Galán (@anagalanpsicologia), psicóloga especializada en trauma, apego y regulación emocional, señala que este patrón, al contrario de lo que pudiera parecer, no habla tanto de indecisión.
Tal como explica la experta, "desde un enfoque psicológico —y especialmente desde el trauma—, esta necesidad no tiene tanto que ver con indecisión como con falta de seguridad interna". En muchos casos, el origen se remonta a la infancia, a entornos donde decidir libremente no era emocionalmente seguro.
Por qué pides opinión antes de tomar una decisión
Cuando crecer implicó ser corregido de forma constante, recibir críticas frecuentes o no sentirse validado, el mensaje implícito fue claro: confiar en uno mismo podía tener consecuencias. "Muchas personas aprendieron desde muy pequeñas que equivocarse no era seguro, que sus decisiones eran cuestionadas, corregidas o invalidadas", señala la especialista.
En estos contextos, buscas fuera lo que no pudiste construir dentro. Como señala Ana Galán, "en contextos de infancia donde hubo crítica constante, sobreprotección, inestabilidad emocional o falta de validación, el sistema nervioso aprende a buscar fuera la certeza que no pudo construir dentro".
Así, pedir opinión deja de ser una elección consciente y se transforma en una estrategia automática de protección. "Aparece como una estrategia de supervivencia en la que piensas que si alguien te confirma que está bien, estás a salvo", comenta la psicóloga recalcando, además, que "no es debilidad, es un cuerpo que aprendió que decidir solo podía tener consecuencias emocionales".
La autoestima, clave tus decisiones
A largo plazo, este patrón de validación externa tiene un coste emocional importante. La autoestima empieza a depender del entorno, y la confianza en el propio criterio se erosiona poco a poco. Una dependencia que genera inseguridad, incluso, ante decisiones menores y una sensación persistente de duda interna.
Pero aún hay más, pues el malestar no se queda solo en lo cognitivo. "A nivel emocional, esto suele generar ansiedad anticipatoria, miedo a equivocarse y una dependencia relacional que desgasta mucho.", comenta Ana Galán.
Con el paso del tiempo, este estado de alerta constante impacta directamente en la salud mental. Puede que lo hayas vivido alguna vez, y que te hayas bloqueado ante una decisión pensando que, si decides por tu cuenta, no lo harás bien. Es normal. Así lo explica la psicóloga: "Con el tiempo, este patrón mantiene al sistema nervioso en alerta, dificulta la autonomía emocional y refuerza la sensación de no tener un lugar seguro interno desde el que sostener la propia vida".
Cómo empezar a construir autonomía emocional
La buena noticia es que este patrón puede trabajarse en terapia, pero no desde la exigencia ni la presión. "El trabajo no empieza forzando a la persona a ‘decidir sola’, sino devolviendo seguridad al cuerpo", subraya la especialista.
Desde una mirada integradora, el foco está en enseñar al sistema nervioso que el error y la incertidumbre son tolerables. Por eso, la autonomía emocional se construye cuando el sistema nervioso aprende que "puede sostener el error, la incomodidad y la incertidumbre sin colapsar".
Llegar a ser consciente del problema no es fácil y requiere pararse a analizar de dónde viene esa incomodidad cada vez que toca decidir. Si, entonces, eres consciente de que siempre buscas un apoyo o una respuesta de otra persona, hay varias estrategias que puedes llevar a cabo con ayuda de profesionales.
De hecho, en consulta, este proceso se aborda desde enfoques específicos. "Trabajamos mucho desde enfoques somáticos y de trauma, ayudando a la persona a reconectar con sus sensaciones internas, diferenciar intuición de miedo, practicar decisiones pequeñas sin buscar validación inmediata y construir una voz interna más amable y confiable", detalla Ana Galán.
Porque, como recuerda la psicóloga, el cambio real no se produce solo pensando distinto. "La clave es entender que el cuerpo se calma desde el cuerpo, no solo desde la mente". Cuando la sensación de seguridad interna comienza a consolidarse, algo se recoloca de forma natural. Un proceso que no busca independencia radical, sino algo mucho más esencial: la capacidad de escucharse, confiar y sostener la propia vida desde dentro.











