En este contexto de hiperestimulación, ha surgido una nueva tendencia que arrasa y que nos puede ayudar a encontrar la calma. Se trata del barebacking, entendido como viajar sin apoyos externos, sin móvil, sin auriculares, sin distracciones. No se trata de hacer nada especial, sino precisamente de lo contrario: permitirnos estar sin 'muletas' cognitivas, sin ruido añadido, sosteniendo el silencio y el tiempo tal como vienen. Esa ausencia de estímulos crea un espacio mental donde el cuerpo baja el ritmo y la mente deja de estar en modo respuesta permanente.
Esta forma de desconectar nos aporta mayor claridad mental y bienestar, porque nos devuelve a un estado de calma con nosotras mismas. Al no escapar hacia fuera, el sistema nervioso encuentra la oportunidad de autorregularse y procesar lo vivido. Hablamos con una experta en psicología que nos explica por qué esta tendencia es más que una moda. Es, de hecho, una oportunidad para estar mejor.
¿Por qué desconectar al viajar es bueno para tu salud mental?
Desde la psicología lo interpretamos como una respuesta adaptativa a la saturación cognitiva. Vivimos expuestos a una estimulación constante: notificaciones, multitarea, información ininterrumpida. “El cerebro humano no está diseñado para funcionar en ‘modo alerta’, que sería un estado neurofisiológico de activación sostenida”, explica la psicóloga clínica y de salud, Sofía Rademaker, directora del Centro Psicológico SMC. El cerebro humano está diseñado para alternar entre estados de activación (atención, resolución de problemas, respuesta al entorno) y estados de reposo. El problema aparece cuando esa alternancia se rompe.
Por ello, cada vez más personas descubren —a veces de forma intuitiva— que el trayecto diario puede convertirse en un espacio de transición mental, una especie de “zona colchón” entre el trabajo y la vida personal. “Permitir que el sistema nervioso baje revoluciones antes de entrar en otra actividad es clave para poder ‘cambiar de chip’”, asegura la experta en psicología.
Y es que estudios sobre carga mental muestran que pequeños espacios de descanso cognitivo reducen el estrés percibido y mejoran la autorregulación emocional (Baumeister & Vohs, 2016).
Si la desconexión surge sin intención, puede estar señalando fatiga mental, estrés sostenido o, incluso, embotamiento emocional
Causas por las que necesitas desconectar
Desconectar del móvil durante los trayectos puede responder a motivos muy distintos, y ahí está la clave. Para algunas personas es una elección deliberada —necesitan silencio para pensar o recuperarse—, pero para otras es una forma pasivo-evitativa de desconexión: no mirar el móvil, no leer, no escuchar música porque sienten saturación, apatía o dificultad para concentrarse.
Desde la clínica sabemos que cuando la desconexión surge sin intención, puede estar señalando fatiga mental, estrés sostenido o incluso embotamiento emocional. “No es tanto ‘me cuido’, sino ‘no me da para más’”, declara Sofía Rademaker. La clave no está en retirar el estímulo, sino en qué hacemos con ese vacío. “La vivencia que se tenga de esa desconexión nos da muchas pistas”, asevera la psicóloga sanitaria. Si la desconexión se siente reparadora seguramente será reparadora, pero si se vive con apatía o un “aplanamiento emocional” conviene escuchar qué está pasando a nivel emocional, ya que seguramente no se esté llegando al fondo del problema.
¿Por qué nos resulta tan incómodo hoy estar unos minutos sin estímulos externos?
Porque hemos entrenado al cerebro a depender de la estimulación constante, y el problema es que el cerebro se acostumbra a ese nivel de activación y el silencio empieza a vivirse como “falta” o incluso como amenaza.
Además, el silencio deja espacio al pensamiento interno, y eso implica emociones pendientes, preocupaciones o preguntas no resueltas, que a menudo tendemos a evitar. “El silencio deja espacio al pensamiento interno”, señala la especialista en psicología. Un ejemplo muy cotidiano es lo que les sucede a muchas personas en el momento de irse a dormir.
Durante el día solemos estar ocupados, conectados, entretenidos o distraídos. Pero al acostarnos, cuando apagamos la luz y desaparecen los estímulos, muchas personas experimentan algo muy concreto, empiezan a repasar conversaciones del día:
- Aparecen preocupaciones que no habían tenido tiempo de pensar
- Surgen preguntas existenciales o decisiones pendientes
- Se activan emociones que habían quedado “en segundo plano”
Por eso no es raro que alguien diga: “En cuanto me acuesto, no puedo dejar de pensar”, explica Sofía Rademaker. Lo cual interfiere con el sueño reparador generando en muchos casos círculos viciosos llevando a problemas de insomnio.
Tal como nos explica la psicóloga, un estudio clásico de Wilson et al. (2014) mostró que muchas personas preferían recibir una pequeña descarga eléctrica antes que quedarse solas con sus pensamientos durante unos minutos.
¿Mirar por la ventana o simplemente estar en silencio ayuda realmente a ordenar la mente?
"Hay mucha más probabilidad de que eso suceda, ya que una parte de ese “orden” sucede por sí mismo, aunque no haya una intención consciente", comenta la experta. Cuando dejamos de consumir estímulos externos, se activa la llamada Red Neuronal por Defecto (Default Mode Network), implicada en la integración emocional, creatividad, reflexión personal, o consolidación de recuerdos.
Por eso muchas ideas aparecen “sin buscarlas” mirando por la ventana o caminando sin móvil. “No es perder el tiempo: es procesar lo vivido”, asegura la psicóloga clínica y de salud. Podríamos usar la metáfora de la digestión para entenderlo. Si estuviéramos todo el rato comiendo sin parar no le daríamos suficiente tiempo al cuerpo a digerir los alimentos. Mentalmente sucede lo mismo. La neurociencia muestra que estos momentos favorecen la claridad mental y la toma de decisiones (Raichle, 2015). Por supuesto, hay decisiones, y formas de gestión emocional que también requieren de atención y gestión activa por nuestra parte.
Según un estudio, hay personas que prefieren recibir una pequeña descarga eléctrica antes que quedarse solas con sus pensamientos durante unos minutos
¿Esta forma de desconexión revela un exceso de estimulación en la vida laboral actual?
Como comentaba anteriormente, la “búsqueda activa” de esta desconexión puede tener diferentes causas y diferentes intenciones, pero sin duda la sobrecarga de estímulos influye sobre esta necesidad.
La mayoría de entornos laborales actuales exigen atención fragmentada, respuesta inmediata, multitarea constante, entre otros, lo que genera fatiga atencional. “El trayecto se convierte entonces en uno de los pocos espacios donde el cerebro puede descansar ‘sin exigencias’”, explica Sofía Rademaker.
No es casualidad que este fenómeno aumenta en profesiones cognitivas, digitales o de alta responsabilidad emocional.
¿A qué perfiles les puede venir bien este tipo de desconexión y quiénes deberían ser más cautos?
Puede ser especialmente beneficioso para personas con alta carga mental o estrés laboral, profesionales creativos o de toma de decisiones, o personas con ansiedad leve que necesitan bajar activación.
Conviene ser más cautos en personas con síntomas depresivos, para quienes el silencio puede intensificar la rumiación, personas que usan la desconexión como evitación emocional constante, quienes sienten que “desaparecen” mentalmente en esos momentos. “En estos casos, puede ser mejor una desconexión guiada”, declara la especialista en psicología, en lugar de un silencio absoluto.
En cualquier caso, "creo que es importante mencionar que el móvil no es el problema; el tipo de uso sí lo es". Podríamos diferenciar entre el uso del móvil que no activa el modo alerta, como escuchar música conocida y calmante, leer de forma pausada, ver contenidos sin urgencia ni interacción, y usarlo de manera deliberada, con principio y fin y con conexión con las sensaciones. “En estos casos, el sistema nervioso puede mantenerse en un estado relativamente regulado”, explica Sofía Rademaker.
Por otro lado, el uso de móvil que sí podría favorecer el modo alerta sería estar expuesto a notificaciones imprevisibles, contenido fragmentado (scroll rápido, vídeos cortos), expectativas de respuesta inmediata, la multitarea (responder mensajes mientras se hace otra cosa). Esto mantiene activado el sistema de vigilancia del cerebro, muy ligado a la amígdala y al eje del estrés.
Cinco minutos sin móvil son suficientes para empezar a notar cambios.
Consejos para desconectar bien durante los trayectos
Llegados a este punto, le preguntamos a la experta en psicología si nos puede dar algunos 'tips' para activar este sistema de desconexión y aprovechar los trayectos para calmar la mente. Estas son sus recomendaciones:
- No busques hacerlo perfecto. No se trata de “meditar”, sino de estar presente. Mirar el entorno, notar el cuerpo, respirar.
- Empieza poco a poco. Cinco minutos sin móvil son suficientes para empezar a notar cambios. Se trata de un proceso de prueba y error por lo que empieza a experimentar y ve haciendo los ajustes que necesites.
- Alterna estímulo y silencio. Algunos días música suave, otros silencio. “La clave es la elección consciente”, asegura la psicóloga sanitaria, que también responda a las necesidades que puedas tener, no te marques unos objetivos rígidos.
- Observa, no analices. Si aparecen pensamientos, no los persigas. Déjalos pasar como si miraras el paisaje y así podrás observar cómo esa red neuronal por defecto hace por sí misma el procesamiento de muchos pensamientos, sensaciones, etc.
REFERENCIAS:
Baumeister, R. F., & Vohs, K. D. (2016). Strength model of self-regulation as limited resource: Assessment, controversies, update. En J. M. Olson & M. P. Zanna (Eds.), Advances in experimental social psychology (Vol. 54, pp. 67–127). Academic Press. https://doi.org/10.1016/bs.aesp.2016.04.001
Wilson, T. D., Reinhard, D. A., Westgate, E. C., Gilbert, D. T., Ellerbeck, N., Hahn, C., Brown, C. L., & Shaked, A. (2014). Just think: The challenges of the disengaged mind. Science, 345(6192), 75–77. https://doi.org/10.1126/science.1250830
Raichle, M. E. (2015). The brain’s default mode network. Annual Review of Neuroscience, 38, 433–447. https://doi.org/10.1146/annurev-neuro-071013-014030







