Cada comienzo de año viene cargado de ilusión, esperanza y una larga lista de propósitos: hacer más ejercicio, cuidarnos mejor, controlar el estrés, comer más sano o dedicarnos más tiempo. Sin embargo, para muchas personas esa motivación inicial se desvanece antes incluso de que llegue febrero.
Mila Pérez García, monitora de Yoga Sivananda en Palasiet y Lourdes Ramón, psicóloga y responsable del departamento de Orientación y Acompañamiento Emocional de Palasiet Wellnes Clinic & Thalasso explican que lejos de ser una cuestión de falta de voluntad, la neurociencia, la psicología y el PNIE nos muestran que la resistencia está en cómo funciona nuestro sistema nervioso y el contexto vital en el que intentamos realizar esos cambios.
"Nuestro cerebro prioriza la seguridad y el ahorro de energía. Los propósitos de Año Nuevo suelen nacer desde la parte racional (neocórtex), pero los hábitos reales se sostienen desde el sistema límbico y el sistema nervioso autónomo, que responden a emociones, estrés y experiencias pasadas", detallan.
Las expertas que, cuando una meta es demasiado ambiciosa, poco concreta, desconectada de nuestros valores o impuesta desde la exigencia o el "debería" y no desde el respeto y lo que es sostenible para uno mismo, el cerebro lo interpreta como una amenaza. "El resultado es de bloqueo, procrastinación o abandono, no porque no queramos, sino porque nuestro cuerpo activa mecanismos de protección". Así que recomiendan lo siguiente.
Empieza por objetivos amables, no muy ambiciosos
Uno de los motivos más comunes por los que tiramos la toalla es que nos proponemos cambios gigantes y poco realistas. Haz esto:
- Define metas pequeñas, concretas y medibles.
- Pregúntate: ¿qué supondría un avance del 1% cada día?
- Convierte el objetivo grande en ritmos semanales, no en exigencias diarias.
Trabaja más el sistema que la motivación
La motivación siempre fluctúa. Los sistemas —rituales diarios, entornos preparados, recordatorios— te sostienen cuando la motivación baja. Estrategias:
- Deja preparadas las cosas la noche anterior (ropa de gym, lista de tareas, botella de agua).
- Utiliza un trigger: un acto cotidiano que inicia tu hábito (ej. tomo una infusión y medito).
Autocuidado no es premio: es infraestructura
Pensamos en el autocuidado como "si me porto bien, me doy un masaje", pero en realidad es la base que permite sostener hábitos. Incluye:
- Sueño suficiente
- Pausas reales durante el día
- Alimentación nutritiva que te dé energía, no solo satisfacción inmediata
- Momentos diarios de calma o silencio, aunque sean tres minutos
Cuando te cuidas, tu cerebro tiene más capacidad para elegir bien.
La autocrítica dura apaga la motivación La autocompasión reactiva el esfuerzo.
Usa el diálogo interno compasivo
La forma en que te hablas cuando fallas determina si abandonas o continúas. En lugar de: "soy un desastre, siempre abandono", di: "estoy aprendiendo a sostener mis objetivos. Mañana retomo desde donde estoy". La autocrítica dura apaga la motivación. La autocompasión reactiva el esfuerzo.
Pon revisiones semanales, no evaluaciones diarias
Las evaluaciones diarias generan frustración. Las semanales permiten ver progreso sin presión. En tu revisión semanal pregúntate: ¿qué funcionó esta semana?, ¿qué me agotó?, ¿qué puedo ajustar (no abandonar) para que sea más sostenible?...
Diseña tus objetivos alrededor de tu energía, no de tu 'fuerza de voluntad'
No planees tu vida desde tu "yo idealizado", sino desde tu yo real en tus mejores y peores días. Para cada objetivo, define lo que puedes hacer según cómo te encuentres ese día: Plan A (energía alta); Plan B (energía media); y Plan C (energía baja pero no abandono). Por ejemplo: A: 45 min de ejercicio; B: 20 min de caminata; C: 5 min de estiramientos. 7.
Si no conectas emocionalmente con el objetivo, será un castigo.
Trabaja también en el porqué
Si no conectas emocionalmente con el objetivo, será un castigo. Pregúntate:
- ¿Qué versión de mí estoy construyendo?
- ¿Cómo quiero sentirme en junio?
- ¿Qué necesidad real satisface este objetivo? Cuando el objetivo está conectado a una identidad ("soy alguien que se cuida"), no se abandona tan fácilmente.
Declara febrero como el mes del reajuste, no del abandono
Muchísima gente falla en febrero, es normal. Si anticipas esto, en lugar de verlo como fracaso, lo verás como parte del proceso. Diseña febrero como: mes de ajustes, mes de pausas, mes de simplificar, mes de volver a lo esencial...
La constancia nace del bienestar, no de la fuerza bruta.
Prioriza sentirte bien mientras alcanzas tus metas
Si cumplir tus objetivos se siente pesado todos los días, no serán sostenibles. Incluye:
- Recompensas pequeñas y frecuentes
- Actividades que disfrutes realmente (no solo las "correctas")
- Un entorno que te recuerde tus avances (pequeñas notas)
- La constancia nace del bienestar, no de la fuerza bruta.
El truco final
Piensa en 2026 como un viaje de 12 capítulos, no como un sprint de año nuevo. Haz de cada mes un miniproyecto, como si fueran 12 minimetas. Paso a paso.
















