Beber agua es uno de los pilares del bienestar, pero no solo importa la cantidad, sino cómo la tomas. La nutricionista Estefanía Mata de las Heras explica que ciertos gestos cotidianos (como beber agua muy fría, hacerlo de golpe o acompañar la comida con grandes cantidades) pueden influir en la digestión, la energía e incluso en el equilibrio hormonal.
Estas son las pautas de hidratación que recomienda para sentirse mejor por dentro y por fuera.
1. Evitar el agua muy fría: puede afectar a la digestión y a la energía
Aunque beber agua fría puede parecer refrescante, no siempre es la mejor opción para el organismo. Nuestro cuerpo se mantiene alrededor de los 36,5 ºC, mientras que lo que solemos llamar "agua del tiempo" muchas veces está a 12–15 ºC. "Si bebes agua fría, enfrías tu organismo. El estómago es un órgano muy sensible al frío y su musculatura reacciona con tensión", explica Estefanía.
Este contraste térmico puede provocar sensación de bajada de energía, especialmente por la mañana, y ralentizar el arranque digestivo.
Lo más recomendable:
- Optar por agua tibia o ligeramente templada.
- Evitar el agua muy fría, sobre todo al despertar.
2. Agua durante las comidas: sí, pero en pequeñas cantidades
Beber agua mientras comemos no es un problema si se hace con moderación. "Unos 100 mililitros, un cuarto de vaso, es suficiente. Y mejor tibia para no interferir en la digestión", señala la nutricionista.
En el estómago actúan ácidos y enzimas que descomponen los alimentos. Tomar demasiada agua puede diluirlos, lo que favorece la fermentación y síntomas como gases, eructos, pesadez o somnolencia después de comer.
Su regla fácil de recordar: un pequeño sorbo de agua tibia en la comida ayuda. Más de un vaso puede dificultar la digestión.
3. No sirve beber medio litro de golpe: el cuerpo no lo aprovecha
Uno de los hábitos más extendidos es no beber durante horas y compensarlo ingiriendo mucha agua de una sola vez. "El cuerpo no se hidrata así. Necesita pequeñas cantidades de agua de forma continua para que los tejidos la absorban", explica Estefanía.
Cuando pasamos largos periodos sin beber, la circulación se vuelve menos eficiente y pueden aparecer mareos, cansancio, retención de líquidos o sensación de piernas pesadas. Además, la nutricionista recuerda un punto clave para las mujeres: "La falta de hidratación se relaciona con reglas más dolorosas o irregulares y tejidos menos flexibles".
La clave: beber 100 mililitros cada media hora o cada hora, como si "regáramos" el cuerpo poco a poco.
4. Beber a sorbos ayuda a calmar la mente
La forma en la que bebemos también afecta al bienestar emocional. "Beber a sorbos tiene un efecto regulador: baja la agitación interna y ayuda a reducir la ansiedad", apunta. Muchas veces interpretamos la sed como hambre, lo que nos lleva a picar entre horas cuando lo que realmente necesita el organismo es agua.
Beneficios de beber despacio:
- Menos impulsos por comer.
- Mayor sensación de calma.
- Mejor regulación de la saciedad.
5. Medio vaso antes de dormir: un gesto sencillo que mejora rutinas corporales
Aunque existe la creencia de que beber antes de dormir hace que nos levantemos por la noche, según la experiencia clínica de Estefanía, medio vaso es suficiente para favorecer procesos fisiológicos nocturnos y, en la mayoría de personas, no interrumpe el sueño. "Durante la noche, el cuerpo entra en modo reparación. Una pequeña cantidad de agua ayuda a optimizar la función hepática y a mantener la hidratación adecuada".
Además, esa hidratación previa se aprovecha a primera hora de la mañana, cuando el intestino necesita agua para mantener un ritmo intestinal regular.
Conclusión: hidratarte bien es tan importante como hidratarte mucho
La hidratación no consiste solo en alcanzar la famosa cifra de 1,5 o 2 litros al día, sino en cómo, cuándo y a qué temperatura tomamos el agua. Beberla tibia, en pequeñas cantidades y de manera constante ayuda a mejorar la digestión, la energía, la circulación y la sensación de bienestar general.
Unos hábitos sencillos que, según Estefanía Mata de las Heras, pueden transformar la forma en la que te sientes cada día. Si había un momento perfecto para empezar a beber mejor… es hoy.










