¿De verdad eres de las que se 'ahogan en un vaso de agua'? Haz este test para saberlo

Estar constantemente preocupada es un sinvivir. Una psicóloga nos explica a qué se debe y nos indica qué podemos hacer para encontrar una mayor paz interior

Por Nuria Safont

Quizá en alguna ocasión habrás escuchado la frase 'te ahogas en un vaso de agua'. Es posible, incluso, que te la hayan dicho a ti. Como nos explica la psicoterapeuta Alicia Reinoso,  "esta expresión coloquial la usamos para referirnos a personas que conceden a algún acontecimiento más gravedad o importancia de la que realmente tiene. Es como si los hechos siempre excediesen los recursos de afrontamiento de esa persona". Parece que el mundo se acaba o todo es de “vida o muerte”.

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Las señales de que te agobias demasiado

Los síntomas de este rasgo de la personalidad son, sobre todo, problemas para dormir, de concentración y pensamientos obsesivos y recurrentes, además de invasivos. También es muy frecuente la somatización, dolores de estómago, de cabeza y en casos más extremos, enfermedades.

La especialista en psicología indica que una de las explicaciones a este comportamiento es tener una gran autoexigencia, no poder fallar nunca o tener que “estar siempre a la altura”. En el otro extremo estarían personas que no confían en sí mismas, que tienden a buscar siempre apoyo o que sea otro el que le resuelva la situación o que al menos esté a su lado por temor a no poder solo.

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Test de personalidad 

Antes de seguir leyendo, te invitamos a hacer este test para averiguar si realmente te agobias con demasiada facilidad. 

 
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¿Cómo influyen la educación y el entorno?

"Cómo nos hayan educado, desde mi punto de vista, es algo crucial", afirma Reinoso. Y la infancia es una etapa especialmente importante para sembrar unas buenas bases. En esta etapa de la vida es muy importante que los niños y las niñas se sientan capaces, valiosos y queridos, aunque se cometan errores. 

Probablemente, en el entorno encontremos otra de las fuentes explicativas de esta sensación de agobio constante más importantes. "De cómo han afrontado nuestros adultos de referencia las situaciones de estrés, los problemas o los cambios del día a día, podemos obtener claros modelos o repeticiones de nuestro comportamiento", señala la psicóloga. 

La genética es, quizá, el aspecto que menos influye. "A pesar de que la biología está ahí, en la mayoría de los casos y en este tema en concreto, tiene mucho más peso lo vivido que lo “dado” genéticamente", apunta Alicia Reinoso.

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Se puede acabar desarrollando ansiedad

Las personas que viven los problemas de este modo, pueden acabar respondiendo de manera ansiosa a cada vez más situaciones. Es como si la ansiedad se fuera generalizando. Sin embargo, no podemos decir que en todos los casos sea así. Hay personas que se “ahogan en un vaso de agua” con un tema de trabajo, y, en cambio, en un problema personal, un malentendido, por ejemplo, no tienen esta dificultad.

"Considero que hay temáticas más disparadoras de ansiedad para unas personas y no para otras. Hay que diferenciarlo de alguien que está siempre ansioso o preocupado, anticipando cualquier tipo de problema o inconveniente. También me encuentro con pacientes que varían la temática, una temporada es la salud, otra la sequía, otra la crisis económica", explica.

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La diferencia entre ansiedad y exceso de preocupación

La diferencia es que la preocupación es mental y la ansiedad es un estado que se percibe físico, aunque también se habla de ansiedad cognitiva. Son manifestaciones, todas de ansiedad.

Hay muchísimos síntomas de ansiedad. Por ejemplo, palpitaciones, nudo en la garganta, sudoración, mareo, estado de confusión… En cualquier caso, insiste la especialista en psicología, cada persona puede tender más a pensar de manera obsesiva y, en cambio, otras a sufrir palpitaciones, por ejemplo. 

Por tanto, añade, "si tuviera que contestar sobre una diferencia, entendiendo que ambas son debidas a un estado de alerta, la preocupación es más anticipatoria y la ansiedad física es más reactiva del momento. Pero también puede suceder tener un pensamiento que nos genere ansiedad física. Habría que ver el caso por caso". 

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¿Cómo se puede vencer esta situación?

"Entendiendo qué nos pasa", afirma. No se trata solo de “acallar” la ansiedad (que sí, que es un incordio y que queremos que desaparezca) sino de asumir que está ahí por algo: porque me exijo mucho, porque me creo insuficiente, porque temo que me dejen de querer…  Ni que decir tiene que no necesita lo mismo una persona que se exija la perfección a otra que piense que no vale para nada. 

De ahí que los expertos siempre aconsejen acudir a un profesional sanitario que nos ayude a comprender por qué sentimos y nos comportamos de este modo y para que nos facilite encontrar las herramientas y los recursos con los que podamos superar estas situaciones.