Afronta con resiliencia un traslado de ciudad que no deseas

Afronta con resiliencia un traslado de ciudad que no deseas

Cambiar de ciudad es un paso ilusionante que llena nuestra vida de nuevas posibilidades, pero implica cortar muchos vínculos con tu vida anterior, aprender a sobrevivir sin la ayuda de amigos y familiares y redescubrir nuevos rincones que acabarán formando parte de tu vida.

por Cristina Soria

Siempre que perdemos nuestras referencias nos sentimos vulnerables. Esto puede ocurrir por muchas razones, y cambiar de ciudad es una de ellas. Cuando todo nuestro entorno familiar no está accesible, no existen rincones donde sentir seguridad, ni espacios conocidos que asociamos con cercanía de familiares y amigos, podemos experimentar cierta inseguridad provocada por el cambio, soledad e incluso apatía. 

La buena noticia es que, ante un traslado que no deseamos, lo común es salir adelante y acabar sacando provecho de ello, creciendo el cariño hacia el lugar donde te ha tocado trasladarte. Pero conviene mantener la atención sobre algunos factores, como actitudes que, pese a no ser positivas, es inevitable que mantengas cuando el lugar al que te has trasladado no es de tu interés, y formas de paliar esta molestia y darle la vuelta a la situación.

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Todo traslado, incluso los no deseados, tienen una raíz positiva. Existe una razón para que esta mudanza haya trastocado nuestra vida, y a fin de cuentas, no puede ser una razón puramente negativa, porque en ese caso no habríamos dado el paso. Si no es así, a lo mejor deberíamos replantear esta decisión.

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Emprende excursiones

Algo que probablemente jamás hiciste en tu ciudad, llega el momento de hacerlo en la nueva: conocerla de verdad. Amamos u odiamos a nuestra ciudad, pero rara vez nos zambullimos de verdad en todo lo que nos ofrece. Acepta el reto de convertirte en una experta del lugar en el que vives, porque lo más probable es que este nuevo territorio oculte grandes maravillas.

No te contentes con la soledad

La desgana y la apatía se expanden como una mancha de tinta de calamar cuando se viven en silencio. Rompe esa membrana y sal al exterior. Esto implica buscar actividades que te motiven, que vayan con tu forma de ser, y donde puedas estar en contacto con otras personas. Probablemente muchos hayan pasado por tu misma situación, llegaron a esa nueva ciudad sin ganas y ahora ya han construído su hogar: comparte experiencias, porque nadie te entenderá mejor que quien ya ha pasado por lo mismo que tú.

Una ciudad, a fin de cuentas, tiene el rostro de las personas que hemos conocido y de las experiencias que hemos vivido a su lado. Por eso es tan importante crear lazos humanos, no sólo arquitectónicos o laborales. Apúntate a un gimnasio, a clases de baile, de cocina, un club de lectura, ofrécete como voluntaria… Hay cientos de excusas para conocer personas.

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Consigue una mascota

Cuando todo lo anterior no parece avanzar, la ciudad nos sigue pareciendo áspera, la soledad nos acecha y no logramos romper el hielo con nadie, una mascota es un gran posibilitador. Concretamente un perro. Primero: podrás hablar con él en casa, y pese a que él no te entenderá, exteriorizar las ideas verbalizándolas es una pauta muy buena para cohesionar nuestro ánimo y sentirnos presentes y activos. Es el primer paso para salir de nosotros mismos y afrontar una solución que pasa por “descubrir” el exterior.

Por otro lado, los perros necesitan salir a la calle tres veces al día (como mínimo). Dar paseos con tu mascota es la excusa perfecta para hablar con otros dueños de perros, niños atraídos por el tuyo, sus padres, y gente que sencillamente se para a conversar. Te sorprenderá los amigos que puedes hacer, y los fantásticos paseos que darás con tu perro, descubriendo la nueva ciudad a la vez.

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