¿Sabes distinguir entre un yogur, un 'kéfir' o un 'skyr'?

¿Sabes distinguir entre un yogur, un 'kéfir' o un 'skyr'?

Sí, todos ellos son lácteos, pero ni su textura ni su sabor ni el proceso de elaboración e, incluso, los ingredientes son los mismos. Aprende con esta pequeña guía a saber cuál es cada uno de ellos y cómo usarlos en la cocina

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Ante el bombardeo de cada vez más tipos y subtipos de productos en las estanterías del supermercado, la duda siempre está ahí. Una de las últimas que nos ha venido a la cabeza nos la encontramos cuando alcanzamos el pasillo de los lácteos. Más concretamente el que, hasta hace un par de años, era solo de yogures. Ahora no, ahora hay decenas de vasitos con nombres a los que aún no sabemos cómo definir: ¿qué es el kéfir? ¿Y esto de queso batido? ¿Skyr es algo que viene de los países escandinavos (porque por el nombre, todos apostamos por ello)? Ante tal bombardeo, la pregunta más importante es casi obvia: ¿cuál es más saludable?

Y es que existe confusión o desconocimiento entre, por ejemplo, lo que nos aporta un yogur y lo que nos aporta un kéfir, dónde están sus similitudes y dónde sus diferencias. Si podemos sustituir uno por otro en nuestras recetas, porque nos guste más su textura o su sabor, o si vamos a llevar al traste el resultado final. En el caso del kéfir, por ejemplo, las propiedades son muy parecidas a la de los yogures, pero no son productos idénticos. Por eso, una guía como ésta es necesaria. 

Yogur

El yogur es, como todos los productos de los que vamos a hablar, leche fermentada. Ésta se utiliza para elaborar todos los productos derivados de ella y se obtiene al acidificar la leche añadiendo microorganismos. Y, a partir de aquí, aparecen el yogur, el kéfir o el skyr

En el caso del yogur, la fermentación es láctica con dos tipos de bacterias (Streptococus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus), siendo uno de los alimentos más antiguos que tenemos -las primeras referencias lo sitúan en el Neolítico- y convirtiéndose, en la actualidad, en uno de los productos más saludables que incluimos desde bien pronto en nuestra dieta. Los hay de muchos tipos, los bajos en grasa, los griegos o los cremosos. Son una excelente fuente de proteínas de alta calidad, fáciles de digerir y con gran contenido de aminoácidos esenciales.

La mejor manera de consumirlo es...de postre sin más, sobre todo, después de la cena. Aunque nosotros te vamos a proponer una receta bien fresquita para hacer frente a las altas temperaturas.

Nuestra propuesta de receta: frozen yogurt

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Con el yogur como punto de partida, por ser el más conocido y el que ha estado con nosotros desde siempre, vamos a distinguir todos los demás.

Kéfir

El kéfir se obtiene por fermentación lactoalcohólica, es decir, en dos partes: una fermentación láctica por bacterias (como en el caso del yogur, pero, esta vez, con Bacterium caucasicum y Streptococus lactis) y una fermentación alcohólica con levadura y otros microorganismos. Por todo este proceso, al contener más ácido láctico, el kéfir tiene un sabor más ácido que el yogur, es un poco más líquido y, a la vez, más digestivo que el yogur (que también lo es, pero su nivel de lactosa, por ejemplo, es mayor).

Sin embargo, aunque las diferencias entre las propiedades de uno u otro (además de la forma de consumirlos) no son tan grandes, le hemos atribuido al kéfir unas cualidades especiales que han llevado a muchos a calificarlo como superalimento. Sí, es muy saludable, pero tampoco hace milagros con la flora intestinal como algunos aseguran.

La mejor manera de consumirlo es… Al igual que el yogur, es un producto versátil perfecto para el desayuno, la merienda o como snack de media mañana, mezclado con frutas y frutos secos, por ejemplo.

Nuestra propuesta de receta: sopa de pepino, aguacate y yogur

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Skyr

Esta palabreja de reciente incorporación en nuestros supermercados no es ni leche ni yogur ni queso. Entonces, ¿qué es? Ni más ni menos que un lácteo procedente de Islandia que llegó con los vikingos hace más de mil años y que tiene un consumo enorme. Porque sí, también proviene de la fermentación de la leche, en principio, de oveja, aunque lleva ya varios años haciéndose también con leche de vaca.

Para su elaboración se necesitan cuatro veces más leche para hacer un yogur, lo que multiplica exponencialmente la carga proteica sin apenas alcanzar las 60 calorías por cada 100 gramos; es decir, el doble. Además, se digiere con bastante facilidad gracias a que en su producción se elimina hasta el 90% de la lactosa, por lo que puede ser un gran aliado de aquellos que sufran una intolerancia leve.

La mejor manera de consumirlo es...Su textura es bastante densa y espesa, con ausencia de materia grasa, por lo que puedes tomarlo en sustitución de yogur o queso fresco batido. Nosotros te recomendamos que lo incluyas a primera hora de la mañana, te saciará mucho.

Nuestra propuesta de receta: pudín con semillas de chía

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Kvarg

De origen escandinavo, el kvarg o quark es una mezcla entre el queso fresco y el yogur, elaborado con leche de vaca pasteurizada –que puede ser entera o desnatada-, con un alto contenido en proteínas, entre las que destaca la caseína, que nutre nuestros músculos. De ahí que, sobre todo los deportistas, estén empezando a incluirlo en su rutina diaria.

Además, es muy bajo en grasas y azúcares, por lo que, como en el caso anterior, puede ser una buena opción para aquellos que no toleran bien la lactosa y un gran aliado para los que buscan perder peso. Tiene también un alto contenido en vitamina B, que refuerza nuestro sistema inmunológico.

La mejor manera de consumirlo es...como sustituto de aquellas recetas en las que utilicemos ricotta, mascarpone, queso Philadelphila o un yogur griego, de una manera muy saludable.

Nuestra propuesta de receta: un tiramisú fácil en vaso

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Queso fresco batido

Esta vez sí que hablamos de queso pero, por su textura y sabor, podemos creernos que estamos antes un yogur de tipo griego. Sin embargo, su valor nutricional es bastante diferente y muy recomendable para aquellos que quieran o necesiten ponerse a dieta. Y es que, a diferencia de otros quesos, éste nos aporta muy pocas calorías, apenas grasas y tiene un alto valor proteico. Además, si está elaborado con leche desnatada apenas aporta 48 calorías por cada 100 gramos.

La mejor manera de consumirlo es...sobre una tostada a media mañana y fruta como segunda capa.

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