Estaba acostumbrado a vivir deprisa. Michael Schumacher era el hombre más rápido de los circuitos de Fórmula 1 y sabía poner al límite como nadie su habilidad al volante y la potencia de los monoplazas. Una leyenda del deporte que inspiraba a muchos pilotos -como Fernando Alonso- y que hizo de la velocidad y la adrenalina su particular combustible. Pero su destino cambiaría para siempre el 29 de diciembre de 2013. Su vida se frenó en seco y no lo hizo en un circuito, sino en uno de los momentos en los que le gustaba vivir despacio y saborear cada instante: disfrutando del tiempo en familia.
Hacía un año que se había retirado de los circuitos y disfrutaba de un merecido retiro en la estación de Méribel, en los Alpes franceses. En una de las bajadas que hacía junto a su hijo Mick -que por entonces tenía 12 años- y unos amigos, se paró para ayudar a uno de sus compañeros, que había tenido una pequeña caída. Para seguir de nuevo su camino, el piloto decidió atravesar una zona entre dos pistas en la que había varias rocas e impactó con una de ellas en la cabeza. Por suerte tenía puesto el casco, lo que le salvó la vida, aunque el soporte de la cámara que llevaba en él le provocó considerables daños.
Inmediatamente fue trasladado en helicóptero y estuvo nueve meses ingresado en el hospital, seis de ellos en coma. Desde entonces, no se ha vuelto a ver al piloto y tan solo se han ido conociendo pequeñas pinceladas de su estado de salud en estos años. La última de ellas llega hace unos días a través de la prensa británica, que asegura que el siete veces campeón del mundo de Fórmula 1 ya no se encuentra postrado en una cama, sino que está en una silla de ruedas. Según apuntan, vive entre sus casas de Suiza y Mallorca y hay un gran hermetismo en torno a él y mucha seguridad en sus viviendas para poder seguir su recuperación alejado de los focos.
Uno de los deportistas mejor pagados de la historia
Sus casas están adaptadas a su situación y tiene personal médico trabajando con él las 24 horas del día, lo que ha supuesto una gran inversión económica para la familia. A pesar de todos los esfuerzos de su mujer y sus hijos para luchar porque Michael mejore con la ayuda de grandes profesionales y de que lleva alejado de los circuitos y de la vida pública desde 2012, sigue siendo uno de los deportistas más ricos. Según apuntan diversos medios como Forbes, su fortuna actual rondaría los 600 millones.
Apodado “el kaiser” por su dominio en los circuitos, el piloto alemán no solo fue una revolución en el mundo del motor, sino que también abrió brecha por sus acuerdos publicitarios y patrocinios. Era puro espectáculo en las pistas y a lo largo de su carrera llegó a ganar en torno a 1000 millones de euros, convirtiéndolo en uno de los deportistas mejor pagados de la historia, a la altura de estrellas como Michael Jordan, Tiger Woods, Roger Federer, Messi o Cristiano Ronaldo. Ganaba todo, batía todos los récords y en su país, Alemania, era considerado un héroe.
Fue durante su etapa en la escudería Ferrari -donde ganó 5 títulos consecutivos- cuando sus ingresos se multiplicaron. La imagen y la publicidad fueron sus principales negocios -como imagen de firmas como Shell, Omega o Marlboro-, aunque también tienen un rancho de caballos en Texas, XCS Ranch, del que se ocupa su familia, en especial su hija, que es una gran apasionada de los caballos.
En contraste con su forma de actuar en las pistas, lejos de las carreras a Michael le gustaba llevar una vida discreta. No era un piloto que diera también espectáculo al bajarse del coche como otras figuras del motor como James Hunt, Ayrton Senna o Lewis Hamilton. Se casó en el verano de 1995 con Corinna Betsch, en su pueblo natal de Kerpen-Man, después de cuatro años de relación y vivieron su historia de amor alejados del foco mediático. Juntos tuvieron dos hijos, Gina-Maria y Mick -quien sigue sus pasos en el mudo del motor-, y su matrimonio apenas ha ocupado titulares.
Corinna, en el documental emitido por Netflix en 2021, desvelaba cómo era su vida ahora al lado de Michael. Ha sido una de las pocas veces que se ha pronunciado: “Vivimos juntos en casa, hacemos terapia. Hacemos todo lo posible para hacer que mejore y asegurarnos de que está cómodo. La vida privada es la vida privada, eso ha dicho él siempre. Es muy importante para mí que pueda seguir disfrutando de su vida privada lo máximo posible. Michael siempre nos protegió, ahora le estamos protegiendo… Está aquí, pero es diferente".
Ella nunca perdió la esperanza y no se ha movido de su lado. Según dicen, él no puede comunicarse verbalmente, pero sí se entera de todo. En estos doce años, ha evolucionado despacio, pero cada avance, por pequeño que sea, es una gran victoria que celebran como el gran premio más importante de su vida.








