Hija de madre uruguaya y de padre alemán criado en Argentina , Veronica Blume nació en un pequeño pueblo de la Selva Negra germana llamado Waldshut, aunque su niñez transcurrió entre Uruguay, Austria y Barcelona, donde su familia se asentó cuando ella tenía 9 años. Un comienzo de vida que puede parecer un presagio de todo lo que le esperaría cuando se adentrase en la moda con quince . Era como si se estuviese preparando para triunfar en París, Milán, Nueva York…
Con la serenidad que ha conseguido a los 48 años y también gracias al yoga –se dedica también profesionalmente a ello–, la cima hace un equilibrio a su vida a todos los niveles. A la vez que posa con Martina Klein, Laura Sánchez y Ariadne Artiles, otras de las supermodelos que salieron de España para comerse el mundo, Verónica habla con ¡HOLA! de su carrera profesional , pero también del paso del tiempo, del amor y de Liam, su único hijo, quien ya tiene 21 años y está enfocado su carrera al mundo del marketing.
- ¿Cómo empezaste como modelo? ¿Te descubrimos por la calle, te animó alguien de tu entorno o era algo que tenías muy claro?
- No era una niña que soñara con ser modelo. A mis 15 años, a través de un familiar, conocí a una agencia de modelos que justamente estaba organizando un concurso de modelos , junto con la agencia Ford de Nueva York. Fue una secuencia de eventos que se dieron con un timing increíble. Animada por mi padre y sin saber muy bien lo que estaba haciendo, participó en el concurso y ganó la final internacional. A partir de ahí, ¡todo fue muy rápido!
- ¿Con qué edad empezaste a trabajar fuera?
- Empecé a trabajar, a los 15; y me fui a vivir a Nueva York, con 16.
- ¿Tenías alguna referencia?
- Cuando empecé, mi icono era Claudia Schiffer, que decían que tenía un aire. Pero, rápidamente, me enamoré de Christy Turlington. Los 90 fueron un momentazo para la moda y la aparición del concepto 'top model' : Christy, Kate (Moss), Linda (Evangelista)… Todas me parecían unas diosas , como seres de un mundo al que yo no me sentía que perteneciera.
- Entonces, ni había teléfonos ni redes sociales. ¿Cómo recuerdas esa época?
Obviamente, sin teléfonos móviles ni redes sociales, estaba mucho más desconectada de mi gente. Recuerdo que mi madre me mandaba faxes. ¡Me hacían una ilusión tremenda! Seguramente, aquello me ha hecho más independiente y me habrá curtido quizás antes de tiempo, pero también creo que, sin redes sociales, ¡vivíamos bastante más libres! Los modelos éramos una especie de criaturas misteriosas que aparecíamos en las revistas, los desfiles y poco más.
- ¿Qué lo que guardas con más cariño de esa etapa?
- La complicidad que se formó con compañeras y compañeros de profesión. Aunque nuestras agendas estaban en constante movimiento, nos llevaban a pequeños encuentros puntuales y la amistad ha sido esencial al crecer en un entorno tan poco habitual. Es una de las cosas más bonitas que conservas con mucho cariño.
- ¿Cuál dirías que ha sido tu mayor logro profesional?
- Mantener los pies en el suelo, valorar mucho las cosas pequeñas y poder dedicarme ahora a compartir lo que he aprendido a lo largo del camino con muchas personas, a través del yoga.
- ¿Qué puedes destacar de Martina Klein, Laura Sánchez y Ariadne Artiles, con las que ha trabajado en infinidad de ocasiones y con las que posas ahora para ¡HOLA!?
- Tengo una relación bien bonita y llena de alegría con todas, pero Martina es la primera que conocí. Las dos teníamos 15 años y coincidimos en un casting en Barcelona. Me acuerdo, como si fuera ayer, de aquel encuentro. El primero de una larga amistad que me ha regalado mucha alegría, complicidad y la sensación de familia.
- Vamos, que serán incontables las anécdotas y los recuerdos con Martina.
- Anécdotas especificas habría un montón, pero me quedo más con el conjunto del camino de dos niñas jugando a ser mujeres, que se convirtió en mujeres, en madres y se siguen acompañando en este viajazo que es la vida.
- Se habla mucho de la rivalidad dentro de la profesión. ¿Tú la tiene sentido?
- La rivalidad, la ambición y la envidia en el trabajo no son características que me definen. Creo que, muchas veces, nacen desde la inseguridad. Mi manera de gestionar mi inseguridad es la de hacerme pequeña e invisible, no rivalizar.
- Cada vez es más habitual que los modelos tengan una carrera más longeva, cuando antes no lo era tanto. ¿Qué opinas al respecto?
- Es un privilegio formar parte de este momento en el que la belleza no está limitada a unos cánones específicos . Estamos en un momento en el que el concepto de ser mujer se está enriqueciendo y se está hablando más abiertamente también de los procesos por los que pasamos las mujeres en diferentes etapas de la vida… Poder poner cara a esa realidad desde la naturalidad me parece un lujo.
- Ha triunfado profesionalmente, has sido madre y te has realizado en el plano personal. ¿Cómo vives la profesión en este momento de tu vida?
- ¡La disfruto más que nunca! Hace veinte años que doy clases de yoga, realizo retiros y eventos relacionados con yoga y meditación. Abrí mi propio centro de yoga en Barcelona que, durante 5 años, fue una escuela de vida increíble. Luego, he escrito un libro… Además, mi hijo ya es adulto… Han pasado muchos años y muchos capítulos. Cuando ahora trabajo como modelo, lo hago desde una mujer que se conoce y se acepta de una manera mucho más equilibrada que antes . ¡Es un privilegio poder continuar trabajando como modelo y hacerlo de esta manera!
- ¿Qué les sorprende a tu hijo de tener una madre modelo?
- La capacidad de transformación. En mi vida diaria, lo que él ve de mí es una versión diferente. Es también lo que me gusta, la oportunidad de ser muchas mujeres sin perderme.
- Tu hijo podría haber sido modelo perfectamente. ¿Te hubiera gustado que hubiera seguido tus pasos o prefieres que no haya sido así?
- Si Liam hubiera querido ser modelo lo habría apoyado , pero no ha sido el caso… ¡y me parece perfecto!
- Hablemos del amor en tu profesión. ¿Crees que algunas relaciones no llegaron a fructificar por tu carrera internacional?
- Es cuestión de prioridades y, en mi caso, lo profesional no ha interferido en lo personal.
- Pero, ¿te ha costado encontrar a alguien que entienda tu profesión?
- En general, y no solamente las parejas, es una profesión que despierta muchas etiquetas, muchos prejuicios y de alguna manera aleja. Se supone que las modelos llevamos una vida modélica y, para mí, nunca ha sido el caso. Es mi trabajo, pero no mi vida. En general, sí que puede haber afectado a mis relaciones personales y, quizás, haya pasado más rato del que me habría gustado tratar de desmontar el 'mito' de lo que se supone que es la vida de una modelo. Las etiquetas nos limitan muchísimo, y me gusta muchísimo lo que ocurre cuando caen. Y para eso no hace falta ser modelo.
- ¿Cómo vives el paso del tiempo habiendo sido el físico tan importante para ti?
- El paso del tiempo es la realidad de la vida, que es donde yo quiero vivir.
- Por ejemplo, ¿te miras mucho las arrugas en el espejo?
- Mis arrugas cuentan la historia de la vida y no son enemigos . Me gusta cuidarme, de forma no invasiva y con productos naturales. También creo mucho en aprender a escucharnos, a crear espacios para la práctica que te dé paz y te ayude a recolectar contigo. Creo en la meditación, la naturaleza, el amor y la autenticidad. Estoy convencido de que son componentes esenciales no para tener menos arrugas, sino para estar en paz con quien eres y cultivar una belleza que va mucho más allá de un recuento de arrugas.
- ¿Qué es lo mejor de cumplir años? ¿Qué has aprendido y valoras más?
- Conocerme más, aceptarme más, relativizar los dramas que antes me atormentaban. Ser más auténtica, más de verdad. No tomarme tan en serio y reírme más. A valorar las cosas pequeñas y saber detectar cuando la vida me hace un regalo. Agarrarme a seguir siendo la que fui sería una lucha sin mucho sentido para mí.
- ¿Tiene sentido edadismo en tu profesión?
- Personalmente, no me ha afectado…
-¿Y en tu día a día?
- ¡Para nada! Al revés. Disfruto muchísimo compartiendo con mujeres de mi edad en mis clases de yoga. Soy muy privilegiada de tener una vocación que crece conmigo y yo con ella.