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BRUJAS (BÉLGICA)

Brujas es una de las urbes medievales mejor conservadas de toda Europa. Un paseo a pie por su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad, permite admirar sus referentes arquitectónicos, como son el campanario de Belford, la iglesia gótica de Nuestra Señora o la catedral del Salvador, y hacer una parada obligada en la Grote Markt.  

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TALLIN (ESTONIA)

No faltan en esta ciudad medieval, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, un flamante castillo, templos, palacios y pintorescas callejuelas. La capital de Estonia es un puzzle perfecto de diferentes estilos arquitectónicos. El edificio gótico del Ayuntamiento, la Puerta Viru –dos de los torreones de la muralla que protegía la ciudad–, la catedral ortodoxa de Alexander Nevski o el callejón de Santa Catalina, donde se concentrar talleres de artesanía, merecen atención.

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ÁVILA

Es su muralla medieval, del siglo XI, la que regala las mejores panorámicas de esta tranquila ciudad. Mientras se cruzan una y otra vez sus puertas o se recorre su adarve se admiran también otras joyas de las que presume, como su catedral, su conjunto de iglesias románicas y sus palacios del siglo XVI.

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SIENA (ITALIA)

En la idílica región de la Toscana, Siena atrae por su cultura, sus monumentos, sus tradiciones y su rico patrimonio. Aquí se encuentra la segunda torre medieval más alta de Italia, la del Mangia, con 102 metros de altura. El Palazzo Pubblico, el Duomo y el edificio gótico del Ayuntamiento son otros de sus imprescindibles. 

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EDIMBURGO (ESCOCIA)

Visitar Edimburgo es enamorarse a primera vista. Es su paisaje formado por siete colinas, su castillo situado sobre un promontorio que hace las veces de mirador, su sobria arquitectura de piedra, sus innumerables torres y sus jardines lo que da lugar a ese flechazo. A pie hay que recorrer la Royal Mile, la principal arteria de la ciudad antigua, donde se suceden los comercios, pubs históricos y museos. Otros lugares que no hay que dejar de ver son la catedral de Saint Giles, la National Gallery y el Palacio de Holyrood.

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NÚREMBERG (ALEMANIA)

La segunda ciudad de Baviera en tamaño es además una de las más bonitas del estado y también del país. Se trata, ante todo, de un museo al aire libre, de una clase de historia. Perderse por las calles de su casco histórico –protegido por una muralla medieval–, visitar su imponente castillo para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad desde la torre del Pecado, cruzar el puente del Verdugo o detenerse ante una de sus muchas iglesias, como la católica de Nuestra Señora o las luteranas de San Lorenzo y San Sebaldo, son solo algunos de los atractivos de esta villa alemana.

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COCHEM (ALEMANIA)

En la romántica región del Mosela, rodeada de bosques y viñedos, está Cochem, cuyo encanto reside en la idílica estampa que crean sus casitas de colores, su espesa vegetación y el castillo de Reichsburg, situado sobre una roca escarpada en lo más alto de la localidad.

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BESALÚ (CATALUÑA)

La imagen más significativa de este pueblo de la comarca de La Garrotxa, a unos 35 kilómetros de Girona, es, sin duda, la de su puente fortificado, con arcos desiguales y una torre defensiva que salva las orillas del río Fluvià. En el que es uno de los conjuntos históricos medievales mejor conservados de Cataluña, no hay que perderse el monasterio de Sant Pere, las iglesias de Sant Vicenç y Sant Julià y el baño judío medieval de su judería.   

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OLITE (NAVARRA)

Caminar por las estrechas calles de este pueblo navarro da una idea de su esplendor pasado, por su recinto romano amurallado, sus nobles caserones y las iglesias de Santa María y San Pedro. Pero es el castillo-palacio el que más llama la atención en esta deliciosa villa medieval.

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CARCASSONNE (FRANCIA)

En Carcassonne el tiempo parece haberse detenido. Custodiada por un doble anillo de murallas, esta ciudad francesa declarada Patrimonio de la Humanidad se divide en dos ciudades separadas por el río Aude, pero es la Cité la que acapara todas las miradas. El recorrido por la villa debe comenzar por la Puerta de Narbona y continuar por su cuidado laberinto de casas medievales, hasta acabar admirando el castillo Comtal y la catedral de St-Nazaire.  

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