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Hay villas medievales, otras surcadas por canales, algunas a la sombra de sus monasterios, encerradas entre murallas, también retiros favoritos de reyes y vigías eternos en la frontera con España. Cada una de ellas tiene alicientes para pasar unos días en ellas, porque son diez joyas sobradas de atractivos. Del norte al sur de Portugal viajamos con una cámara para retratarlas una a una. Lo que vas a ver es el mejor resumen del viaje.

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MARVAO

Lleva como sobrenombre "El nido de las águilas" y no es de extrañar ya que se alza a más de ochocientos metros de altura sobre una de las cumbres de la sierra de São Mamede, a seis kilómetros de la frontera con España. Después de trepar por las fatigosas curvas que nacen a sus pies se descubre una villa medieval, blanca, empedrada e irregular, tortuosa y empinada, protegida por una gruesa línea de murallas oscuras perfectamente integradas en el paisaje en cuyas esquinas se abren baluartes, matacanes y garitas. Esta villa y su sierra forman parten del Parque Natural de la Sierra de São Mamede en la que podrás realizar una interesante ruta de senderismo de unos 7,5 km que va a parar a Portagem.

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ALCOBAÇA

Situada a unos 100 kilómetros del norte de Lisboa, Alcabaça es conocida por su monasterio cisterciense, declarado Patrimonio de la Unesco y fruto de una promesa. Posee la iglesia más grande de Portugal que corta la respiración por su verticalidad infinita. Además, podrás encontrar el Museo Nacional del Vino, uno de los mejores del país en su género.

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OBIDOS

Obidos es uno de los rincones más evocadores de la Extremadura portuguesa, una antigua ciudad fortificada que domina un inmenso paisaje de lomas y hondonadas vigilando el litoral. Sus murallas protectoras, sus casas blancas y sus calles estrechas y sinuosas que se prolongan con escaleras, arcos, pasadizos y puertas ojivales evocan el ambiente cortesano de antaño. Entre sus lugares imprescindibles: el castillo medieval, la plaza de Santa María –que ejerce de centro de la ciudad y donde se levanta la iglesia de Santa María-, el Museu Municipal y, extramuros, el santuario do Senhor da Pedra.

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AVEIRO

La llaman la Venecia portuguesa y es que esta atractiva ciudad portuguesa también está surcada por canales a la que se asoman elegantes mansiones de estilo art nouveau y también las casitas más modestas del pintoresco barrio de los pescadores. Anclada en el interior de la ría y protegida del Atlántico por un extenso campo de dunas, su relación con el océano es histórica, pues en el siglo X el mar bañaba sus casas.

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SINTRA

Ubicada en un espectacular emplazamiento, entre despeñaderos, bosques y manantiales, fue uno de los retiros favoritos de los soberanos portugueses. El conjunto de Sintra. Ciudad, sierra y paisajes está declarado Patrimonio de la Humanidad. Tiene una ciudadela vieja de calles intrincadas y casonas dieciochescas; quintas de la nobleza de semblante quimérico, senderos sinuosos que se pierden en la espesura de la montaña y una buena colección de monumentos imprescindibles, como el Palacio Nacional de Sintra, el Palacio da Pena, a imagen y semejanza de los de Baviera y el Castelo dos Mouros; además de la Quinta da Regaleira o el Palacio de Monserrate.

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VIANA DO CASTELO

Pocas cosas hay tan idílicas como la imagen de Viana do Castelo desde la colina de Santa Luzia. Es tan magnífica que sólo su admiración ya justifica el viaje a la señorial villa que reposa en su soleada falda. La panorámica lo dice todo: el estuario del río Lima, el puerto pesquero, el puente metálico de Eiffel, las inmensas playas de arena fina que la abren al mar, las verdes colinas pobladas de aldeas blancas, la ciudad vieja, la ciudad nueva... Una vez contemplada esta estampa es hora de recorrer sin rumbo las calles de esta elegante y tranquila ciudad con un patrimonio histórico y religioso de lo más completo.

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BATALHA

Flanqueado por las últimas estribaciones del macizo calcáreo extremeño se encuentra Batalha, un pueblo custodiado por el monasterio de Santa Maria da Vitória, una de las maravillas arquitectónicas de Portugal que fue fundado junto a la villa de Batalha por el rey D. João I para agradecer el auxilio divino concedido en la victoria de la batalla de Aljubarrota (1385) contra los castellanos.

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ÉVORA

Recorrer Évora es hacer un viaje en el tiempo ya que en cualquier rincón podemos encontrar diferentes vestigios del pasado. Por aquí pasaron las más excelsas culturas, de que los romanos y árabes erigieron templos suntuosos y murallas infranqueables, y que una vez reconquistados estos pagos los cristianos pusieron los pilares de plazas primorosas, iglesias altísimas y palacios de mucho mérito. La plaza Giraldo se alza como el corazón de esta hermosa ciudad, lugar en el que turistas y estudiantes se dan cita en sus terrazas. La Capilla de los Huesos es otra de sus atracciones turísticas, capilla revestida de calaveras en perfecta formación. Esta ciudad amurallada contaba con 6 km de acueducto para distribuir el agua.

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MONSARAZ

Aparece a lo lejos encaramada a un altozano, vigilando el valle del Guadiana, a un paso de la frontera con España y rodeada por murallas oscuras y pizarrosas. A un lado de la ciudadela se alza el campanario de la puerta de la Villa, y a otro, la torre del homenaje, que se yergue en el corazón del castillo medieval. Un tierno camino de olivos y alcornoques conduce al caserío. Entre las praderas que baña el Guadiana hay dólmenes megalíticos y menhires levantados hace cinco milenios para idolatrar al sol y a los astros. Entre sus visitas obligadas está la Igreja de Nª Srª de Lagoa y la Igreja de Misericórdia.

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ANGRA DO HEROISMO

Desde el mirador natural del monte de Brasil se divisa la espectacular vista de la capital de la Isla Terceira, en el archipiélago de Azores. Su casco histórico abierto a la bahía de Angra está declarado Patrimonio de la Humanidad. Casas de poca altura con marcos de colores y fachadas en blanco, calles empedradas al más puro estilo de Lisboa, todo esto y mucho más hacen de esta ciudad un lugar con un sabor especial. El Jardín Duqe da Terceira, la Plaza Velha, el Alto de la Memoria y la Fortaleza de São Sebastião son solo algunas de las paradas obligatorias al visitar Angra Do Heroismo.

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