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AMBERES

La influencia de los tres siglos de arte barroco –del XV al XVII– sigue hoy día viva en esta ciudad belga. El barroco no solo se aprecia en el arte, sino que también tiene que ver con el arte de vivir. No solo está presente en edificios e iglesias, sino que también forma parte del ADN de los amberinos. Amberes resulta todo un placer arquitectónico, desde su impresionante estación de tren (una de las más bellas del mundo) pasando por la Catedral de Nuestra Señora y la fortaleza medieval Het Steen hasta la calle principal del barrio de Zurgenborg en donde se combinan Art Nouveau, Judendstil y neoclasicismo.  Además de todo esto es ciudad para el disfrute ya que se considera la reina de las bebidas de la región de Flandes, con más de 450 variedades y, aunque parezca mentira, hay un recipiente específico para saborear cada tipo / © Shutterstock

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BRUSELAS

Capital de Bélgica y prácticamente de toda Europa, Bruselas es un mosaico de culturas y lenguas que alberga una rica historia repartida entre sus más de 80 museos y edificios emblemáticos. Ciudad gourmet donde las haya y conocida por su activa vida nocturna, la amplia oferta turística que ofrece la convierte en un destino perfecto para una escapada. Perderse por sus callejones con encanto, admirar la Gran Place, construida en sus inicios como mercado para comerciantes y considera hoy día la plaza más bonita del mundo, visitar la catedral o la Basílica del Sagrado Corazón o descansar en uno de sus grandes parques, ¿por qué actividad comenzarás? / © Shutterstock

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BRUJAS

Es pequeña, abarcable y además es una de las urbes medievales mejor conservadas de Europa. Coronada como la ciudad más visitada de Bélgica, cuenta con un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad y es perfecta para recorrer a pie y dar algún paseo en lancha por sus bellos canales, actividad que le ha valido el nombre de la Venecia del norte. Calles de adoquines, arcos de ladrillo, iglesias de piedra… la ciudad rebosa encanto con cada pieza arquitectónica.

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DINANT

A orillas del río Mossa y respaldada por las montañas de las Ardenas, la preciosa ciudad de Dinant tiene como uno de sus símbolos la antigua ciudadela, a la que se puede acceder salvando más de cuatrocientos escalones o a través de un funicular. Otro es la colegiata de Notre-Dame, coronada con su espectacular cúpula en forma de bulbo / © Shutterstock

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GANTE

A Gante, la que fue la ciudad más grande de Europa en el siglo XVI, se va a ver sus edificios gremiales reflejados en el agua, a admirar la fortaleza de los Condes, a contemplar la Adoración del Cordero Místico en su catedral, entrar en alguno de sus 18 museos, saborear los platos de los innumerables restaurantes del barrio del Patershol, participar de su animada vida universitaria o a dar un paseo cervecero. Pero también, a contemplar sus campanarios –el de la catedral de San Bavón, la Atalaya o Belfort y la torre de la iglesia de San Nicolás.

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LIEJA

Situado a 100 kilómetros de Bruselas y rodeado por el río Mosa se levanta Lieja, una ciudad moderna en constante evolución. Una de sus principales atracciones, sino la que más, es la subida de los 374 peldaños de las escaleras que llevan a la Ciudadela, ascensión que, además, tiene otra recompensa: unas excelentes vistas panorámicas de la ciudad.  El Palacio de los Príncipes-Obispos (convertido actualmente en el Palacio de Justicia) , La Plaza Saint-Lambert (centro neurálgico de la ciudad) Le carré – zona de bares y restaurantes en la que se concentra la vida nocturna-  y la Catedral de Saint-Paul son algunos de los puntos básicos a anotar en tu ruta.

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LOVAINA

La universitaria Lovaina es la ciudad de la bicicleta por excelencia. El centro está cerrado al tráfico y a la bonita calle Mechelsestraat se abren un buen número de tiendas y cafés con agradables terrazas que tienen a sus puertas bicicletas aparcadas. Descubrir pedaleando sus viejos edificios medievales, sus abadías y el barrio del Beaterio -Patrimonio de la Humanidad- se antoja como un plan perfecto de fin de semana.

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MALINAS

Una de las grandes desconocidas de Bélgica, pero bella a raudales, así es Malinas. Pararse a contemplar las fachadas de Haverwerf que datan del s.XVI, visitar la iglesia de San Juan, disfrutar de un atardecer a orillas del Dijle -río que atraviesa su casco histórico-, deleitarse con el Palacio de Margarita de Austria (primer edificio renacentista de los Países Bajos) o pasear por el Grote Markt y pararte a tomar algo mientras te impregnas del joven espíritu de la ciudad son solo algunas de las actividades que puedes realizar a tu paso por esta ciudad belga / © Shutterstock

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