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ESTOCOLMO

Constituida por catorce islas situadas en una bahía protegida del Báltico, la capital de Suecia es una ciudad única, con un casco antiguo de callejuelas empedradas para pasear, edificios nobles por doquier y un montón de planes por hacer las 24 horas del día. Habrá quien quiera ir en busca del Ayuntamiento para conocer el lugar donde todos los años se entregan los Premios Nobel y así admirar los más de 20 millones de teselas que componen los preciosos mosaicos de la Sala de Oro. Otros preferirán salir en busca de los palacios de la monarquía sueca –el Palacio Real, el de Drottningholm, con su maravilloso parque de estilo inglés a orillas del lago de Maelaren…–, de la isla verde de Djurgarden o del edificio esférico más grande del mundo, por cuya fachada se puede escalar subido en una góndola de cristal

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HELSINKI

La capital de Finlandia se puede abordar de muchas maneras, pero una de las más recomendables es alquilar una bicicleta y lanzarse a conocer los lugares más destacados de esta ciudad que tiene mucho de estética rusa: la Esplanadi –el gran bulevar de la ciudad–, el barrio del Diseño, la catedral ortodoxa de Uspenski o la plaza del Senado, presidida por la catedral luterana. Recomendable también dedicar unas horas a visitar la cercana isla Suomenlinna, al barrio hipster de Kallio, donde la gente es guapa, moderna y de lo más creativo, y, por supuesto, a disfrutar a orillas del Báltico de dos oasis: el Allas Sea Pool y la sauna Löyly.

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SAN PETERSBURGO

San Petersburgo es la ciudad más elegante y refinada de Rusia y de ello dan buena muestra sus suntuosos palacios, sus iglesias con cúpulas en forma de bulbo, el Palacio de Invierno, el río Neva… Navegar por los canales que atraviesan la ciudad, cenar en el dique del río Moika, hacer una visita nocturna al museo Hermitage, asistir a una representación en uno de los teatros históricos de la ciudad, visitar la catedral de San Isaac y subir a la fortaleza de Pedro y Pablo para dominar desde su cima una de las mejores panorámicas son experiencias para no perderse en ella. 

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TALLIN

La capital de Estonia tiene mil razones para conocerla. Para empezar, la ciudad medieval de Tallin está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, un auténtico museo al aire libre al que como tal no le faltan ni sus pintorescas casas y callejuelas, ni sus murallas y su flamante castillo, ni sus templos y palacios, ni su gran plaza mayor, que en otro tiempo fue mercado, llena de cafés y restaurantes. Pero, sobre todo, una larga historia. Rodeada de lagos y bosques, pasear o recorrer en bici hoy la capital de la república más turística del Báltico es descubrir una encantadora ciudad con una mezcla de culturas tan curiosa que tan pronto parece rusa, como alemana o escandinava. 

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VILNA

La capital de Lituania tiene hechuras más de pueblo que de gran ciudad. Es pequeña en población pero con un casco antiguo de plazas y calles medievales adoquinadas reconocido como Patrimonio de la Unesco que la han convertido en la “Praga de los Bálticos”, meca de escapadas de fin de semana. La torre de Gediminas, sobre la colina desde donde se contempla toda la ciudad, es el símbolo de Vilna, y junto a ella la catedral o el barrio bohemio de Uzupis.

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RIGA

Riga es una ciudad hecha a medida del hombre, ni muy grande ni muy pequeña. Con estrechas y empedradas calles y un encantador centro histórico llamado Vecriga. Declarada Patrimonio de la Humanidad y en 2014 elegida Capital Europea de la Cultura, la capital de Letonia es también capital del Art Nouveau, con más de 800 edificios modernistas a cada cual más bello, y además se puede descubrir en un fin de semana.

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GDANSK

Bella y melancólica, la ciudad milenaria polaca de Gdanks aglutina la vida social en su animado puerto sobre el río Vístula, donde los antiguos almacenes han sido reconvertidos en bares y restaurantes.

 

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MALMÖ

El puente de Oresund une dos países y dos ciudades con muchos puntos en común. En un extremo, Copenhague, la capital danesa; en el otro, Malmö, la tercera ciudad más grande de Suecia. Tiene atractivos de sobra para una escapada en cualquier época del año. Desde su casco antiguo, a su barrio más vital, Västra Hamnen, el viejo puerto industrial de la ciudad ahora lleno de locales de moda, con el curioso rascacielos Turning Torso, obra de Calatrava, o su playa de Ribersborg, que presume de estar en la ciudad.

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COPENHAGUE

La capital de Dinamarca aúna un casco viejo sembrado de historia con la arquitectura de vanguardia más osada. El diseño aflora por doquier, tiene más bicis que coches, una vida cultural de primera y, por si fuera poco, se ha convertido en la capital gastronómica de Escandinavia, amén de ser una de las urbes más ecológicas del globo. El puerto de Nyhavn, ese canal flanqueado de barcos de madera y centenarios almacenes reciclados en bares y restaurantes, regala su imagen más conocida.

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