Una mujer llega a Candeleda después de la muerte de su madre y encuentra en este rincón abulense un lugar donde detenerse, recordar y recomponer su vida. Así arranca la historia de Un océano para llegar a ti, la novela con la que Sandra Barneda fue finalista del Premio Planeta en 2020. No era un escenario elegido al azar, la presentadora ya conocía bien este entorno, es el mismo sitio donde tiene una casa de campo y al que está unida desde hace años —“es un lugar muy luminoso y lo mires por donde lo mires es bello”, dice—. Ahora Candeleda forma parte de un capítulo mucho más personal, pues Sandra y Pascalle Paerel se dan este sábado el ‘sí, quiero’ en este pueblo del valle del Tiétar.
No es la única cara conocida que ha encontrado aquí su particular escondite rural. Nuria Roca y Juan del Val también tienen casa en Candeleda, una vivienda a la que suelen escaparse con la familia y los amigos y desde la que han compartido en más de una ocasión su vida en plena naturaleza. Y es que este rincón queda lo bastante cerca de Madrid como para convertirla en una escapada habitual, pero lo bastante lejos como para dejar atrás el ritmo de la ciudad y encontrarse, poco después, a los pies de Gredos.
AIRES DEL SUR
Candeleda se descubre caminando, calle arriba y calle abajo, entre casas tradicionales de adobe con entramados de madera, balcones y aleros, además de fachadas salpicadas de macetas que le dan un aire que recuerda más al sur de España que a la imagen que solemos tener de un pueblo abulense, quizá por ese clima más cálido que le regala el valle del Tiétar. De ahí que la llamen la 'Andalucía abulense'. Donde las casas dejan un hueco, aparecen las cumbres de Gredos.
El paseo siempre lleva hasta la Plaza Mayor y la Casa de las Flores, uno de los edificios más reconocibles de Candeleda. Dentro, el Museo del Juguete de Hojalata reúne más de 3.000 piezas, algunas con más de cien años. Trenes, barcos, aviones, coches y otros juguetes de hojalata, además de gramófonos o máquinas de coser, forman una colección que invita inevitablemente a volver por un momento a la infancia.
A pocos pasos está la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, con su torre cuadrada de origen gótico. Y de pronto aparecen la plaza del Herreñal y las callejuelas del antiguo barrio judío, con nombres tan curiosos como Rosa, Luna, Sol o Fortuna. La Casa de la Judería es la más representativa, una antigua vivienda con muros de adobe, entramados de madera, teja árabe y solanas.
SABORES DEL VALLE DEL TIÉTAR
Entre ida y vuelta por las calles también van apareciendo sitios donde hacer una parada. En La Taberna de la Vera, en la calle Real, salen las croquetas caseras, el queso de cabra a la plancha con miel de la Vera y las patatas revolconas, condimentadas con el pimentón de Candeleda, que se identifica por su color y sabor. Para seguir de tapas, el Mesón Jara, en la calle San Juan de la Cruz, suma a la barra morcilla, oreja con tomate y hasta caracoles en salsa casera. Y para sentarse a comer con mayor tranquilidad están Los Castañuelos, en el propio pueblo, y Los Carretero, ya a las afueras, en la carretera hacia Madrigal de la Vera, más centrado en la cocina tradicional y las carnes.
LAS GARGANTAS DE GREDOS
Si en verano las gargantas son uno de los grandes reclamos de Candeleda para darse un baño, en octubre toca disfrutarlas de otra manera. El agua que baja de Gredos está fría, muy fría, pero el paisaje que dejan a su paso merece igualmente acercarse a conocerlo. La garganta de Santa María es la más cercana al pueblo y discurre junto al casco urbano, con antiguos molinos y puentes de piedra en su recorrido.
La carretera lleva después hacia la garganta de Chilla, camino del santuario de la Virgen de Chilla. Aquí el agua se abre paso entre el bosque, formando pozas y pequeñas cascadas. Más arriba quedan la garganta Blanca y la Tejea, esta última para quienes busquen un recorrido algo más exigente.
SUBIR A EL RASO
Para ver Candeleda desde otra perspectiva, hay que subir hasta El Raso, su pedanía de montaña. Allí está el castro vetón de El Freíllo, un asentamiento de la Edad del Hierro que conserva las huellas de las comunidades que vivieron aquí antes de la llegada de Roma. La subida cambia también la vista. El caserío va quedando abajo y Gredos gana terreno hasta que aparece el Almanzor, con sus 2.592 metros, el punto más alto del Sistema Central. Es otra manera de entender este paisaje que ha inspirado la novela de Sandra Barneda.
DÓNDE DORMIR
Para quedarse unos días por este entorno, en Candeleda hay alojamientos que merecen la pena elegir también por el lugar en el que están y por lo que ofrecen puertas adentro. El Hotel Nabia, solo para adultos, tiene habitaciones con grandes ventanales hacia Gredos y el Almanzor, además de suites independientes con chimenea. En La Casa de los Tomillares, las ocho habitaciones son diferentes y están decoradas con piezas que también pueden comprarse: su propietaria es anticuaria y decoradora. La más grande, la Gredos, tiene 80 metros cuadrados, jardín privado y vistas al Almanzor desde la cama.
Más espacio y naturaleza ofrece el Hotel Rural El Camino, instalado en una finca de más de 22.000 metros cuadrados, con habitaciones de techos altos de madera de roble. Junto al santuario de la Virgen de Chilla están Las Terrazas de Chilla, con dos casas rurales y 4.500 metros cuadrados de terreno junto al río. Y para una estancia más independiente, El Vergel de Chilla reúne tres casas rurales en una finca privada de dos hectáreas: las dos Abejas, de cuatro plazas, y Libélula, de mayor capacidad, entre robles, castaños y helechos.











