Vuelo más de 50 veces al año y estos son los trucos para viajar en avión que tienes que conocer


Después de más de 20 años volando por trabajo y placer, tengo claro que viajar en avión puede ser cómodo… o agotador. La diferencia está en pequeños trucos que conviene conocer antes de despegar.


Interior de un avión de pasajeros© Shutterstock
12 de enero de 2026 - 7:30 CET

Para mucha gente, subir a un avión marca el inicio oficial de las vacaciones, y supone una mezcla de emoción y nervios. Para mí, sin embargo, después de más de 20 años trabajando como periodista y fotógrafo de viajes, el aeropuerto es casi una segunda casa y la cabina de un avión, una extensión de mi oficina. No es raro que supere los 50 vuelos anuales –la mayoría por razones de trabajo–, así que he aprendido que la línea que separa una experiencia placentera de una tortura agotadora es finísima y, casi siempre, reside en los detalles.

Seamos claros: viajar en primera o business suele convertir cualquier vuelo en una experiencia agradable –o memorable–, incluso en los viajes más largos y agotadores, pero ese es un privilegio que normalmente está reservado a unos pocos o a ocasiones especiales. Así que, cuando toca viajar en turista, hay que procurar hacerlo con el mayor confort posible. 

A lo largo de estos años, entre escalas interminables y madrugones en terminales de medio mundo, he ido perfeccionando una lista de reglas personales. Son pequeños ajustes, trucos de logística y hábitos sencillos que me permiten llegar a destino fresco, descansado y de buen humor. Si quieres viajar como un experto, esto es lo que deberías hacer antes de despegar… y cuando ya estás en el aire.

Imagen exterior de un avión durante el vuelo© Shutterstock

ANTES DE VOLAR

1. El check-in: cuestión de timing

Si no tienes asiento preasignado, aquí hay dos opciones. La segura: hacer el check-in poco después de que se abra la opción online suele permitir que podamos elegir la mejor plaza disponible. La arriesgada (pero a veces ganadora) para vuelos muy llenos: esperar a las últimas horas. A menudo, las aerolíneas liberan los asientos premium o de filas delanteras que estaban bloqueados al principio. No es infalible, pero a veces funciona. En cualquier caso, no esperes al mostrador de facturación: no solo es muy probable que te toque una plaza incómoda, también tienes más papeletas para sufrir el temido overbooking

Si en el check-in online no has conseguido la plaza que querías, no dudes en consultar en el mostrador. A menudo surgen huecos que te permiten cambiar a ventanilla o pasillo, y el personal de tierra te ayudará siempre que sea posible. 

2. Elige el asiento con cabeza… 

No existe el “mejor asiento” universal, sino el asiento adecuado para cada “misión”. Mi regla de oro es sencilla: si el vuelo es corto y diurno, la ventanilla es innegociable, pues puede convertir el trayecto en una parte increíble del viaje gracias a las vistas. Sin embargo, en vuelos largos o nocturnos, el pasillo es la libertad absoluta: te permite levantarte, estirar las piernas o ir al baño sin tener que pedir permiso ni despertar al vecino. 

Interior de un avión de pasajeros© Shutterstock

3. Investiga las vistas antes de facturar

¿Sabías que la diferencia entre contemplar paisajes increíbles como los Alpes suizos o tener ante ti varias horas de escenario insulso puede depender de en qué letra te sientes? Un truco es consultar brevemente la ruta con antelación. Saber de antemano qué lado del avión ofrece la panorámica de la costa o la cordillera puede convertir un despegue o aterrizaje rutinarios en un recuerdo imborrable. Es un pequeño gesto de planificación con una enorme recompensa.

4. Descarga antes todo lo que puedas

El viajero novato confía en el wifi del aeropuerto; el experto no confía en nada que no esté en su disco duro. Antes de salir de casa, descárgalo todo: tarjeta de embarque (haz también captura de pantalla por si falla la app y lleva una copia impresa), mapas del destino, esa película o serie que quieres ver y tus podcasts favoritos. El entretenimiento a bordo puede fallar (a veces fallan la pantalla o los auriculares, o no hay nada interesante), pero si llevas entretenimiento de sobra en tu tableta, móvil o portátil, no tendrás problema. Lo que nunca falla es un buen libro –o una guía de viaje del destino al que te diriges–; es la ventaja del papel, que no tiene problemas de wifi ni de batería…

5. El lujo de viajar con tiempo

Después de años mirando el reloj para tomar aviones, trenes y autobuses con márgenes apretados, he aprendido que el estrés es el peor compañero de viaje. Llegar con margen extra al aeropuerto no es perder tiempo, es ganar tranquilidad y calidad de vida. Te permite reaccionar ante cambios de puerta inesperados, colas imprevistas o, simplemente, llegar a la puerta de embarque sin sufrir una taquicardia. En los grandes hubs internacionales, la calma es el verdadero lujo. Siempre es preferible tener que distraerse tomando un café o leyendo, que correr por la terminal como alma que lleva el diablo.

6. El 'botiquín' de mano

Nunca, bajo ningún concepto, factures tu medicación esencial (o no la lleves únicamente en la maleta facturada). Lleva siempre una pauta duplicada en tu equipaje de mano. Si tu equipaje decide irse de vacaciones a otro destino, tener tu salud controlada te dará la tranquilidad necesaria para gestionar el imprevisto sin ansiedad. Ten en cuenta que, lejos de casa, no siempre es fácil conseguir la medicación que tomas habitualmente, sobre todo si precisa de receta.

7. El snack de emergencia

A veces –más de lo que nos gustaría– se producen retrasos, y el hambre, en combinación con una pista cerrada y una hora intempestiva, es capaz de cambiar el carácter incluso del viajero más paciente. Lleva siempre algo de comida compacta y nutritiva: una barrita energética, frutos secos o chocolate negro. Pueden sacarte del apuro en escalas nocturnas donde todo está cerrado y no hay una máquina de vending a mano. También son una solución socorrida para el vuelo, ya que a veces el servicio de comida a bordo puede demorarse por razones técnicas o el estómago puede empezar a quejarse en el momento más inoportuno. En cualquier caso, en vuelos largos (por ejemplo, en los nocturnos), lo normal es que entre horas puedas acudir a los tripulantes de cabina y solicitar algún refrigerio o tentempié. Casi todas las aerolíneas ofrecen algo de forma gratuita al margen de la comida/cena o desayuno.

Aplicación de móvil para conocer el tráfico aéreo© Shutterstock

8. La información es poder (usa FlightRadar o aplicaciones similares)

No esperes a que la pantalla de información te diga que tu vuelo va con retraso. Apps como FlightRadar24 o la propia de la aerolínea suelen tener la información antes que las pantallas del aeropuerto. Saber que tu avión ni siquiera ha aterrizado te permite relajarte en la cafetería en lugar de hacer cola en la puerta de embarque inútilmente.

9. La fidelización sí importa

Aunque vueles poco, regístrate siempre en el programa de fidelización de la aerolínea con la que viajes. Es gratis y a veces tiene premios invisibles. En compañías como Iberia, por ejemplo, ser del club (aunque sea nivel básico) puede regalarte Wifi gratuito para mensajería durante el vuelo. Y si viajas a menudo y repites compañía, hay ventajas más interesantes, como descuentos, opción de billetes gratuitos, mejoras en el billete y acceso a salas VIP.

10. El oasis de la sala VIP

Es cierto: los billetes de avión son cada vez más caros, en las low cost muchas veces hay que pagar extras casi hasta para respirar, y lo último que apetece es hacer más desembolsos. Pero la verdad es que, en la locura de los aeropuertos, hay momentos en los que pagar compensa. Y mucho. En escalas de más de cuatro horas, o cuando se producen retrasos muy largos, el acceso a una sala VIP es una inversión en salud física y mental: todas suelen ofrecer comida y bebida gratis, sofás cómodos, ambiente por lo general silencioso y relajado, muchos enchufes para recargar teléfono y otros dispositivos y, en ocasiones, hasta duchas y camas donde descansar muy cómodamente. Aunque no viajemos en primera o business, muchos aeropuertos cuentan con salas que permiten acceder abonando una cantidad. Aunque haya que invertir algo de dinero extra, muchas veces es la mejor forma de recuperar fuerzas antes de la siguiente etapa del viaje.

Sala VIP de un aeropuerto© Shutterstock

11. Rastrea tu maleta 

Este es mi añadido tecnológico favorito de los últimos años: coloca un dispositivo de rastreo (tipo AirTag) en tu equipaje facturado. Ver en tu móvil que tu maleta está contigo en el avión y ha llegado al aeropuerto de destino –a pocos minutos de salir por la cinta de equipaje–, proporciona una paz mental que no tiene precio. Y si hay mala suerte, y tu maleta ha acabado en otro punto del globo o sigue en el aeropuerto de origen, al menos te permite ganar algo de tiempo y acudir lo antes posible a las ventanillas de reclamación para agilizar los temidos trámites.

DURANTE EL VUELO: BIENESTAR A 30.000 PIES

12. Hidratación radical

No es un mito: la cabina de un avión es un entorno más seco que algunos de los desiertos en los que he estado. La deshidratación contribuye al temido jet lag y, en especial, a la sensación de cansancio durante el vuelo y al aterrizar. Así que beber agua no es opcional, es una obligación. ¿Alcohol? Una copa de vino o una cerveza está bien, pero recuerda que sus efectos aumentan en altura, así que no abuses, aunque viajes en primera y una copa extra gratis sea muy tentadora.

13. Protégete contra el frío 

Volar al Caribe no significa volar en manga corta. La temperatura en los aviones es impredecible y suele tender al frío polar (puede parecer un capricho de la tripulación, pero en cabina hay menos oxígeno de lo habitual, así que ayuda a prevenir mareos y desmayos y, además, evita que nos levantemos a menudo), así que conviene llevar algo de abrigo extra. La clave es vestirse por capas: una camiseta suave, una sudadera, una chaqueta o un fular. No confíes únicamente en la manta de la aerolínea, porque a veces resulta insuficiente. Ah: la manta no es un regalo (salvo que te indiquen lo contrario); suelen lavarse y reciclarse para futuros vuelos, así que no te la lleves.

Experiencia de volar, interior de una avión de pasajeros© Shutterstock

14. Ropa cómoda y pies descansados

Olvida los vaqueros rígidos. En vuelos largos, la ropa debe ser tu aliada, no tu enemiga. Opta por tejidos transpirables, elásticos y cinturones que no aprieten. Y un consejo de oro: usa zapatos o deportivas que sean fáciles de quitar y poner (porque querrás quitártelos) y lleva calcetines de buena calidad. Tus pies se hincharán, así que dales espacio. La higiene personal es siempre muy importante, pero aún más si compartes espacio reducido con otros pasajeros. Algunas aerolíneas entregan un kit de descanso en los vuelos nocturnos que incluye a menudo calcetines para usar en cabina, sobre los que ya llevas puestos. Pero, en cualquier caso, no es mala idea llevar unos de “repuesto” con esa finalidad. Así se evitan olores indeseados y puedes quitarte el calzado sin miedo. Si cuidas tus pies, llegarás al destino más descansado y sin esa sensación de tener el cuerpo “acartonado”.

15. Movimiento constante

El sedentarismo a 10.000 metros es peligroso, y problemas como el llamado síndrome de la clase turista (trombos o coágulos, generalmente en las piernas, causados por la escasa movilidad y espacio reducidos durante horas) no son ninguna broma. Así que cuando sea posible levántate, camina por el pasillo cuando la señal lo permita –siempre hay que vigilar los avisos, para prevenir accidentes a causa de las turbulencias– y haz rotaciones de tobillos y otros ejercicios en tu asiento. No es solo cuestión de evitar el entumecimiento, se trata de salud circulatoria básica.

16. Invierte en unos buenos auriculares con cancelación de ruido

Desde que los descubrí, no viajo sin ellos. En mi caso uso unos AirPods Pro, pero hay excelentes alternativas en todas las marcas. Reducir el ruido de motores, conversaciones molestas o ronquidos ajenos cambia por completo la experiencia de vuelo, especialmente en trayectos nocturnos.

17. Batería externa

Nunca asumas que el puerto USB de tu asiento va a funcionar. A menudo están rotos o cargan muy lento. Llevar una buena batería externa (o power bank) asegura que podrás hacer uso de tu dispositivo siempre que lo necesites durante el vuelo para ver una película (o trabajar, como suele ser mi caso), y aterrizarás con el teléfono al 100%, listo para pedir un taxi, un Uber o llamar a casa. Eso sí: fíjate bien en las características de tu batería (y nunca, nunca, la factures, pues no debe viajar sin supervisión), ya que normalmente las aerolíneas tienen un límite en su amperaje que no se debe sobrepasar, así que consulta en la web de la compañía. Normalmente, una de hasta 15.000 o 20.000 amperios no será ningún problema.

Viajar en avión hace tiempo que dejó de ser para mí un mero trámite para desplazarse entre el punto A y el punto B. Pese a las molestias, con los años he aprendido a verlo como algo positivo, una pausa obligatoria sin llamadas ni correos electrónicos, donde nadie puede molestarme y, por lo tanto, procuro verlo como un refugio para relajarme y disfrutar. Con un poco de planificación estratégica y estos hábitos adquiridos a base de millas aéreas, el trayecto deja de ser un peaje molesto y se convierte, por derecho propio, en la primera gran experiencia del viaje. Felices vuelos.

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.