La temporada de esquí ha llegado a nuestras montañas cargada de nieve. Las últimas nevadas han dejado un paisaje blanco en todo el Pirineo catalán y dibujan una estampa idílica en la que, este año, se ha convertido en la mejor estación de la temporada en los premios conocidos como los ‘Oscar de la nieve’. Hablamos de Boí Taüll, en el corazón de la comarca de la Alta Ribagorça, en un valle espectacular repleto de planes para llenar tu agenda… y no solo de esquí.
UNA ESTACIÓN MUY FAMILIAR EN UN PAISAJE IDÍLICO
Situada en el leridano valle de Boí, la estación de Boí Taüll —la más alta de Cataluña con una cota mínima 2020 metros y una máxima 2751 metros— ofrece buenas condiciones (orientación norte) y paisajes espectaculares que se disfrutan con calma. Perfectamente diseñada para viajes en familia, grupos con distintos niveles y para quienes prefieren esquiar sin grandes masificaciones.
El dominio esquiable cuenta con unos 45 kilómetros repartidos en más de 40 pistas de todos los niveles. Hay amplias zonas verdes y azules para debutantes y esquiadores tranquilos, pistas rojas largas y muy disfrutonas para niveles intermedios y algunas negras bien trazadas para quienes buscan algo más técnico. A esto se suman zonas naturales de freeride (fuera de pista con bus de regreso a la estación) y un snowpark que se adapta tanto a quienes empiezan como a riders más experimentados. Desde hace unos años, la estación cuenta, además, con cuatro itinerarios de esquí de montaña (skimo) dentro de su dominio, de diferente dificultad, nivel y longitud para todo tipo de esquiadores.
Uno de los grandes atractivos de Boí Taüll es que además de lanzarte por las pistas con los esquís y la tabla, la estación y el valle ofrecen alternativas muy interesantes y entretenidas para que los no esquiadores disfruten, también, a lo grande. Las excursiones con raquetas de nieve son una de las más demandadas, con rutas guiadas aptas para familias, como el recorrido circular el Pilaret del Pla de Durro, que permiten descubrir el paisaje invernal con calma. También hay zonas de juegos para los más pequeños. Y los que busquen un apreskí animado, también lo tendrán: el Cow Boí es el punto de encuentro para acabar la jornada de esquí en la base de la estación, con DJ's, bebidas y gastronomía con vistas, ideal para relajarse tras esquiar y mover los pies al ritmo de la música.
NATURALEZA Y JOYAS ARTÍSTICAS ÚNICAS
En cuanto llegues al valle de Boí tendrás la sensación de estar en un destino auténtico de montaña y después de quitarte las botas, verás que hay mucho por descubrir fuera de pistas.
Su entorno natural, muy próximo al Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, uno de los espacios protegidos más valiosos de España, marca el carácter de este lugar desde el primer momento.
En el valle, el senderismo invernal, los paseos por pueblos de piedra y las visitas culturales son un complemento perfecto. La Vall de Boí es Patrimonio de la Humanidad por su conjunto de iglesias románicas, una rareza artística concentrada en pocos kilómetros. Hay hasta nueve en el valle y la ruta te puede llevar un par de días si las quieres ver todas. Sant Climent de Taüll es la más conocida por su Pantocrátor, una de las imágenes más icónicas del arte medieval europeo, cuya reproducción mediante videomapping permite imaginar cómo lucía el templo en el siglo XII. Santa Maria de Taüll es otra de las visitas imprescindibles y un plan muy recomendable para una mañana sin esquís o una tarde tranquila.
Un buen comienzo para esa ruta es la visita al nuevo Centro del Románico del Valle de Boí con los Ojos de la Historia, en Erill la Vall (vallboi.cat/es/centro-del-romanico), un espacio que te sumerge en la historia y el arte de las iglesias románicas con una tecnología inmersiva que te permite explorar cómo la naturaleza, la religión y la sociedad medieval dieron forma a este legado único.
POR LOS PUEBLOS E IGLESIAS DEL VALLE CON PARADA GASTRO
La mayoría de viajeros llegan al valle de Boí por Barruera, el núcleo más grande y animado del valle. Situado a orillas del río Noguera de Tor, Barruera funciona como centro de servicios, con supermercados, restaurantes, panaderías y la Oficina de Turismo, donde puedes conseguir información actualizada.
Está ubicado en la parte más baja del valle, a las orillas del Río Noguera de Tor y conserva un casco antiguo agradable y una iglesia románica, la de Sant Feliu, además de varios puentes y caminos tradicionales. Es también una buena base para alojarse si quieres combinar esquí, visitas culturales y senderismo, ya que queda bien comunicado con el resto de pueblos.
A pocos minutos de Barruera se encuentra Erill la Vall, uno de los pueblos más fotogénicos del valle. Su silueta está dominada por el esbelto campanario de Santa Eulàlia d’Erill la Vall, considerado uno de los mejores ejemplos de torre lombarda del románico catalán. Fue el núcleo señorial vinculado a la familia Erill, mecenas del conjunto románico del valle. Hoy es un pueblo muy cuidado, con casas de piedra restauradas, pequeños hoteles con encanto y buenos restaurantes de cocina tradicional y toques actuales, como La Granja.
Siguiendo el curso del valle se llega a Boí. Aquí se encuentra la iglesia de Sant Joan de Boí, famosa por las pinturas murales que decoraban su interior, hoy conservadas en museos y el punto de partida de las rutas a pie hacia el Parque Nacional de Aigüestortes.
Probablemente, el pueblo más conocido del valle es Taüll, sinónimo de románico gracias a dos joyas arquitectónicas excepcionales: Sant Climent de Taüll y Santa Maria de Taüll. También es uno de los más cercanos a la estación de esquí, lo que lo convierte en una base ideal para combinar cultura y nieve. Aquí puedes reservar mesa en Llesquería l’Empriu (llesqueriaempriu.com), conocida por sus carnes; gozan de buena fama, también, El Caliu Taüll (elcaliutaull.com), con cocina tradicional de montaña, El Fai (@restaurantelfai), donde hay que probar los caracoles a la llauna, y Ca la Pepa (calapepa.cat), en Boí, donde se preparan las mejores crepes del valle.
En Taüll puedes acercarte, también, a probar los quesos artesanos de Formatgeria Taüll y llevarte alguno de recuerdo. Y si buscas algo artesano y calentito, tienes que visitar La Fábrica (artesaniamantasdelana.com), en El Pont de Suert, donde la quinta generación (desde 1876) de esta pequeña industria textil sigue elaborando mantas de lana que son un regalo.
Continuando la ruta aparece Durro, un pueblo ganadero que conserva bordas y otras construcciones de la vida agrícola y verás rutas señalizadas de algunos caminos históricos hacia los pastos de altura. Su iglesia, La Nativitat de Durro, muestra elementos románicos.
El mirador del valle es Cardet, un pequeño y tranquilo pueblo que se asoma sobre un promontorio rocoso. Su iglesia de Santa María tiene un encanto especial por su ubicación y sencillez. El último pueblo de la ruta suele ser Cóll, algo más alejado y menos visitado, y la joya de su patrimonio es Santa María de Cóll, que mezcla elementos románicos y góticos.
AGUAS MILAGROSAS
A unos kilómetros de la estación se encuentra el resort Balneario de Caldes de Boí (caldesdeboi.com). Este complejo termal, conocido desde época romana y con aguas declaradas de utilidad pública en 1887, cuenta con 37 manantiales naturales de diferentes temperaturas a los que se puede llegar siguiendo una sencilla ruta a pie. Aparece, además, en el Libro Guiness de los Records por ser el balneario con más variedad de fuentes termales del mundo. Bañarse en aguas calientes rodeados de montañas es una de esas experiencias más placenteras que vas a disfrutar. Dispone del hotel histórico, Caldas (3*), más asequible, y otro nuevo de cuatro estrellas, El Manantial, pero retoma la temporada en abril.s














