Castillo de Xátiva, Valencia

VALENCIA

Un viaje a Xátiva en busca de la huella de los Borgia

Alcanzaron las más altas esferas de poder en Europa, pero sus orígenes estaban en el reino de Valencia, donde todavía podemos seguir las huellas de la familia más célebre del Renacimiento.

por Javier García Blanco

Fueron temidos y odiados a partes iguales, y su poder se extendió no solo por Roma y los Estados Pontificios, sino también por buena parte de la península itálica, en un momento clave para la Historia. El mundo los conoce como Borgia, un apellido que hoy es sinónimo de crímenes, lujuria y nepotismo, aunque buena parte de lo que se cuenta de ellos no sea más que leyenda negra, inventada por sus numerosos enemigos. En realidad, se llamaban Borja, y su linaje empezó a hacerse fuerte en Xàtiva, donde nacieron los dos pontífices del clan, y donde todavía hoy podemos rastrear las huellas de una estirpe de fama legendaria que, tras perder el papado, continuó acariciando el poder en la tierra de sus ancestros.

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Xàtiva se cobija a los pies del macizo montañoso que componen las sierras de Vernissa y el Castell, donde se estira a lo largo, imponente, la antigua fortaleza de la ciudad. Rodeada de una vega fértil, con cultivos de olivos, algarrobos y naranjos, la localidad sigue manteniendo hoy en día buena parte de la atmósfera de una época, la de los siglos XIV, XV y XVI, en la que los Borja hicieron sentir su poder e influencia.

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UN PASADO GLORIOSO

Para seguir sus pasos basta con pasear por el centro histórico de la localidad. La calle Montcada era en aquellos tiempos una de las más importantes de la ciudad, y allí se levantaban palacios de la nobleza, conventos e iglesias. Una de ellas es la de Sant Francesc, construida en el siglo XIV en estilo gótico, y en cuyo interior tenían una capilla los miembros del clan Borja. En este templo fueron enterrados Rodrigo de Borja y Sibila Escrivà –abuelos del futuro papa Alejandro VI– y Catalina de Borja –hermana de Calixto III–, además de otros parientes. En la misma calle sigue en pie el convento de Santa Clara, el más importante de la localidad, que conserva el refectorio y el dormitorio de época medieval, y que durante un tiempo tuvo como abadesa a otra Borja, doña Beatriz.

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Un poco más adelante, formando un triángulo que parece un homenaje a su nombre, se encuentra la plaza de la Trinitatdonde todavía se ve la fuente más antigua de Xàtiva –del siglo XV– y una de las pocas de estilo gótico que todavía se conservan en nuestro país. Es seguro que Rodrigo de Borja, el futuro Alejandro VI, bebió de sus caños siendo niño, y quizás jugase también en la plaza, donde siguen en pie la iglesia del convento de la Trinitat y el Palacio de Alarcón.

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Han pasado casi siete siglos –faltan menos de diez años para hacer la cifra exacta–, pero todavía sigue en pie, aunque con notables cambios, la casa natal del que acabaría siendo Alejandro VI, el célebre papa Borgia. El edificio, que se levanta en la plaza que lleva su nombre, apenas conserva huellas de su antiguo pasado, pero todavía se conserva una gran puerta de piedra y un arco del siglo XVI. No lejos de allí está la iglesia de Sant Pere, el templo donde fue bautizado el futuro pontífice, con un hermoso artesonado mudéjar decorado nada menos que con un centenar de escudos.

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Mientras paseamos hasta la plaza de Calixto III –el nombre ya anuncia que es otro de los rincones setabenses bajo el influjo de los Borja–, conviene detenerse en la calle Mossèn Uríos. En una de sus esquinas, casi llegando a la plaza de la Seu, encontramos la Casa Artigues, en la que se encuentra la Botica Central, un comercio que cuenta en su fachada con un adorno más que singular: un retablo cerámico del siglo XVIII realizado en homenaje a los personajes ilustres de la ciudad, entre los que se encuentran –cómo no–, los dos papas Borja.

UN TEMPLO COLOSAL

Llegamos ya a la plaza de Calixto III o de La Seu, un foro de grandes dimensiones rodeado de construcciones monumentales. En uno de sus lados destaca el Hospital Real, un edificio renacentista de bellísima fachada que entremezcla varios estilos artísticos. Justo enfrente está la joya de la ciudad: la colegiata basílica de Santa María o La Seu, templo de grandes dimensiones –dicen que es más grande que la catedral de Valencia–, en el que la familia más célebre de la ciudad también dejó su impronta. De hecho, fue Alfonso de Borja –futuro Calixto III– quien consiguió que el Papa Luna –otro pontífice español, más tarde declarado antipapa– le otorgara al templo el rango de colegiata.

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Ya en la fachada encontramos dos esculturas en bronce, obra del artista Octavio Vicent, que homenajean a los papas Borja. Un primo de Alejandro VI, Francisco –obispo de Teano, para más señas–, encargó una capilla, la de la Virgen de las Fiebres, y envió para decorarla una tabla pintada por Pinturicchio, hoy en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

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El museo de la colegiata conserva también otras piezas relacionadas con los Borja, como un cáliz de Calixto III o el retablo de Santa Ana, de una belleza exquisita y delicada. Esta obra formó parte de otra capilla del templo, patrocinada por Alfonso de Borja (entonces ya papa Calixto) y bajo la advocación de la madre de la Virgen. Aquel recinto, de gran relevancia, fue derribado con motivo de las reformas del templo, pero algunas de sus piezas todavía se conservan. Además del retablo, podemos contemplar también la escultura de un ángel que sostiene el escudo de Calixto III y un busto del dios Mercurio, que se exhiben en la Casa de L’Ensenyança, el Museo de Bellas Artes municipal (plaza Arzobispo Mayoral, 2).

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Mas allá de estas piezas con el sello de los Borja, el museo cuenta con otras muchas obras de interés: hay pinturas de Josep de Ribera –el Spagnoletto–, también natural de Xàtiva, y de Luca Giordano, Juan Bautista del Mazo o Carducho –todos ellos cedidos por El Prado–, así como obras más modernas, como las de Benlliure o Rusiñol. Y una curiosidad: el retrato de Felipe V, obra del pintor local Josep Amorós, y que está expuesto boca abajo, una insólita colocación que tiene su origen en un episodio histórico.

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UN KILÓMETRO DE FORTALEZA

Antes de poner rumbo a la última etapa de este particular recorrido borgiano hay que hacer un descanso para comer. Estamos en tierras de Valencia, así que el arroz es el amo y señor. Se prepara caldoso, con acelgas o en su versión más típica de la localidad, a la Cassola d’arros al forn (al horno). Aprovechando que ya estamos en noviembre, si queremos probar un dulce, lo típico de estas fechas es el Torró de Gat, el turrón que se elabora para Les Catalinets (la fiesta de Santa Catalina, el 25 de noviembre). En Navidad, que ya está a la vuelta de la esquina, lo que triunfa son los pastelitos de boniato y las tortitas de mantecaBocatto di cardinale… o de Papa, en este caso.

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Subimos ahora hasta el Castell, sin duda el monumento más vistoso y espectacular de Xàtiva. Construido en lo alto de la montaña, a unos 300 metros de altura, la fortaleza, de casi un kilómetro de longitud, es de origen musulmán. Más tarde fue conquistada por Jaime I y, ya en tiempos de los papas Borgia, se convirtió en prisión de la Corona de Aragón. Precisamente, este es otro de los vínculos con la familia valenciana. En 1554, Diego de Borja, hermano del futuro san Francisco de Borja, asesinó al hijo del Duque de Segorbe –por aquel entonces, los crímenes entre familias nobles rivales estaban a la orden del día–, y algún tiempo después acabó preso en el castillo de Xàtiva y fue ejecutado por su villanía. Eran tiempos peligrosos, de conjuras y asesinatos. Y ni siquiera la familia Borja, con dos pontífices y un santo en sus filas, escapó al pecado de la ira.

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MOMENTOS DE DESCANSO

En el restaurante El Túnel (eltuneltapas.com) podemos probar platos de la gastronomía local con un toque de autor, un establecimiento moderno que cuenta con un agradable patio interior ajardinado. También un buen lugar para comer y dormir es Mont-Sant (mont-sant.com), un hotel-boutique situado en la montaña que conduce al castillo, con unas vistas fantásticas, piscina y spa.

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