Vizcaya: carácter cantábrico

Gernika y su ría son el centro de una costa rebosante de historia y naturaleza, en la que conviven el roble sagrado de la villa foral, los bisontes de Santimamiñe, las aves migratorias, las ballenas que se avistan al bordear los cabos Matxitxako y Ogoño y las playas de Laga o Mundaka. Para verlo todo bien, nada mejor que una ruta desde el puerto de Elantxobe hasta el islote de Gaztelugatxe

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Por mar hay solo 14 kilómetros de Elantxobe a Gaztelugatxe. Por tierra, rodeando la ría de Gernika, 40. Como no hay ninguna prisa, podemos ir en coche, parando en un sitio y en otro. Empezamos la ruta en ese pueblo de pescadores empinadísimo, casi vertical, que se acurruca al abrigo del cabo Ogoño, azotado por las olas, como la que el 30 de enero de 1990 depositó en la calle del puerto, ocho metros por encima del nivel del mar, una piedra de 301 kilos que ahora se exhibe con orgullo.

Al otro lado del cabo está Laga, la preciosa playa de 500 metros donde muchos vienen a surfear y otros tantos a ver cómo estos lo hacen mientras se merienda chocolate con tostadas en la terraza del restaurante Toki Alai.

Vizcaya ¡HOLA! Viajes©Gonzalo Azumendi
Sobre una ladera, el pueblo de pescadores de Elantxobe se acurruca al abrigo del cabo Ogoño.

En Kortezubi está la cueva de Santimamiñe, con pinturas rupestres, y al lado hay otras famosas pinturas, las del bosque de Oma, que el artista Agustín Ibarrola llenó de formas y colores entre 1982 y 1985, aunque actualmente no se puede visitar porque sus pinos están afectados por una plaga de hongos, la banda marrón. La idea es recrear esta obra de land art en otro bosque próximo.

En Gautegiz Arteaga se encuentra el Urdaibai Bird Center, una antigua nave industrial modélicamente rehabilitada en la margen derecha de la ría de Gernika, que es un centro de interpretación y un observatorio privilegiado de las marismas de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, donde anidan o recalan, especialmente en otoño y primavera, dos centenares y medio de especies de aves.

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La playa de Bakio, muy apreciada por los surfistas por sus olas, y, al fondo, la isla y ermita de San Juan de Gaztelugatxe.

El Urdaibai Bird Center y la Casa del Parque, que está situada en la otra margen de la ría, en una vieja torre señorial de Busturia, son dos visitas obligadas para conocer este espacio natural, el más emblemático de la costa vasca. La actividad estrella en este centro es Cetáceos a las 10, un paseo didáctico en barco guiado por un biólogo marino, adentrándose ocho millas en el Cantábrico, hasta el límite de la plataforma continental, para avistar delfines, ballenatos de Cuvier y ballenas piloto.

En Gernika hay mucho que ver: la Casa de Juntas con su sagrado roble y su tribuna juradera, las esculturas de Henry Moore y Chillida en el parque de los Pueblos de Europa, el Guernica de Picasso –una reproducción a tamaño real en cerámica del famoso mural–, los museos de la Paz y de Euskal Herria, el frontón de cesta punta más grande del mundo… Y hay una famosa gastronomía que disfrutar: los pimientos de Gernika, las alubias y todo lo que llega a la plaza del Mercado cada lunes directamente de los huertos y sirven en los restaurantes de la zona.

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Escenario de la exitosa serie Juego de tronos, Gaztelugatxe fue un islote hasta que se construyó sobre la rasa mareal el estrecho y angosto camino que lleva hasta su punto más alto.

El recorrido continúa en Mundaka, lugar famoso en todo el mundo (en el del surf, al menos) por su ola, la más larga de cuantas rompen a la izquierda en Europa: ¡400 metros! Y de aquí a Bermeo, donde nos espera, listo para zarpar, el barco Hegaluze Barria, que lleva por las mañanas a Elantxobe, rodeando la isla de Ízaro y el cabo Ogoño, y, por las tardes, al islote de Gaztelugatxe, bordeando el cabo Matxitxako.

En coche también se puede sortear el cabo y luego acercarse a Gaztelugatxe, ese islote unido a la costa mediante un sinuoso puente de piedra que fue Rocadragón en la séptima temporada de Juego de tronos. Si vamos navegando, lo veremos todo sentados, sin movernos de la cubierta. Si llegamos en coche y para entonces se ha restablecido el acceso a pie, después del desprendimiento de tierra sucedido en enero de 2021, tocará subir la escalera de 231 peldaños que zigzaguea como una minimuralla china por el espinazo del islote hasta la ermita de San Juan, donde habrá que tocar tres veces su campana y pedir un deseo mientras se disfruta de las vistas del cercano peñón de Akatz y el cabo Matxitxako, el punto más septentrional de Vizcaya.

Vizcaya ¡HOLA! Viajes©De Agostini / G. Roli - www.agefotostock.com

No dejes de...

Visitar la cueva de Santimamiñe. Hace 20.000 años los cromañones pintaron bisontes, osos, caballos y ciervos en esta cavidad de Kortezubi. Para evitar que se deterioren, su acceso está limitado al vestíbulo y al área arqueológica inmediata, pero las pinturas pueden verse reproducidas gracias a un recorrido por su interior con gafas de realidad virtual que se ofrece en la ermita de San Mamés, convertida en centro de interpretación (santimamiñe.com).

Guía práctica

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