Valle de Lauterbrunnen, Suiza

VALLE DE LAUTERBRUNNEN

De cascada en cascada por el valle más bello de los Alpes suizos

El contraste entre lo agreste de las paredes salpicadas por 72 cascadas y la pintoresca placidez del fondo llano y verde del valle suizo de Lauterbrunnen es de una perfección sospechosa. En apenas 15 kilómetros se resume la esencia de los Alpes suizos y uno de los lugares con más encanto del país.

por Juan Manuel Bermejo

Los glaciares excavaron este profundo valle en forma de “u” y siguen alimentando las cascadas que le dieron la fama, pero que no son ni mucho menos su único encanto. La diferencia con otros paraísos para los amantes de la montaña es que aquí la naturaleza y la aventura están al alcance de todos.

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El pueblo de Lauterbrunnen sirve de centro neurálgico para una intrincada red de teleféricos, funiculares, autobuses postales y trenes de cremallera que permiten llegar a las alturas disfrutando del camino. Pero antes hay que detenerse en las cascadas, dos de las cuales admiten a los visitantes en sus entrañas. A las afueras del pueblo y tras un breve paseo desde la estación se accede a la de Staubbach que, con casi 300 metros de caída, es una de las más altas de Europa. Un sendero permite llegar detrás de la cascada y observar este icono suizo desde dentro.

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RUTA A PIE HACIA OTRAS GRANDES CASCADAS

Podemos continuar la ruta llaneando hacia el sur a la vera del Weisse Lütschine –cuyas aguas blanquecinas delatan su origen glaciar– y conduce a las otras grandes cascadas del valle, las de Trümmelbach (a una media hora de camino). Un sistema de diez saltos de agua que han excavado su camino en la pared de roca transporta los miles de litros procedentes de los glaciares del macizo del Jungfrau. Un funicular y una red de túneles, pasarelas y escaleras permiten, entre abril y noviembre, explorar este laberinto estruendoso y de una belleza poco común.

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El sendero de las cascadas continúa hasta el pueblo de Stechelberg, donde puede cogerse el autobús postal de vuelta a Lauterbrunnen y explorar el otro mundo del valle, el de las alturas, con varias opciones en ambas vertientes.

PUEBLOS SIN COCHES

A Wengen, situado justo por encima del pueblo de Lauterbrunnen, se llega a bordo del Wengernalp, un tren de cremallera que continúa hasta el valle contiguo de Grindelwald. Situado a 400 kilómetros por encima de Lauterbrunnen, en la vertiente sudeste, la más soleada, este pueblecito libre de coches ofrece vistas espectaculares y es la puerta a 110 kilómetros de pistas de esquí.

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Si se desean unas vistas aún mejores no hay más que seguir subiendo y tomar el teleférico hasta el Männlichen, una cima modesta (2.229 metros), para estos lares, pero con un panorama fascinante de las cumbres del Eiger, el Mönch y el Jungfrau, Patrimonio de Humanidad. Desde aquí parte una ruta de senderismo panorámica y asequible que conduce a los pies del mítico macizo, en la estación de Kleine Scheidegg desde la que se puede volver en tren hasta Lauterbrunnen.

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El homólogo de Wengen en la ladera opuesta del valle es el pueblecito de Mürren, que compite en vistas y comparte la ausencia de vehículos puesto que solo se puede acceder mediante teleférico y tren de cremallera desde Lauterbrunnen y Stechelberg. Colgada en una terraza sobre el valle, de Mürren parte otro teleférico hasta la cima del Schilthorn, donde se encuentra un mítico restaurante giratorio, el Piz Gloria,  famoso tanto por sus vistas del Jungfrau y otras 200 cumbres alpinas como por su papel en la película de James Bond 007 al Servicio de su Majestad. Las posibilidades para el senderismo son casi infinitas y adaptables a todos los niveles.

SUBIDA AL JUNGFRAU

A seis euros por kilómetro, es probablemente uno de los trayectos ferroviarios más caros del mundo, pero vale la pena.  El tren parte de la estación de Kleine Scheidegg, a los pies del macizo,  para adentrarse en las profundidades del Eiger, donde realiza dos paradas en sendas estaciones subterráneas con ventanas a la cara norte y al glaciar. El destino final es la Jungfraujoch, la estación de tren más alta de Europa, a 3.345 metros de altura y a los pies de los 4.158 de la cumbre del Jungfrau. La vista, espectacular, domina todo el nacimiento del glaciar Aletsch, que, con 22 kilómetros de longitud, es el más largo de los Alpes.

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MUY PRÁCTICO

CÓMO LLEGAR

El aeropuerto más cercano al valle es el de Berna (a 67 kilómetros), pero desde España resulta más conveniente volar a Basilea, a 167 kilómetros, con vuelos directos y más económicos tanto desde Barcelona como desde Madrid con compañías como EasyJet o Vueling. Para moverse allí el Swiss Travel Pass (swisstravelsystem.com) permite el uso ilimitado de la red de ferrocarriles convencionales y autobuses postales y ofrece descuentos del 25 al 50% en trenes de cremallera y teleféricos.

DÓNDE DORMIR

En Lauterbrunnen los alojamientos más emblemáticos son los clásicos chalets de montaña preparados para los fríos inviernos. Junto a la estación se encuentra el hotel Silberhorn (silberhorn.com), con  espectaculares vistas de los picos alpinos y de la cascada de Staubbach y que ofrece cálidas habitaciones en madera. Con vistas igual de impresionantes e ideal para familias, ya que cuenta con la opción de apartamentos, otro clásico es el Oberland (hoteloberland.ch).

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Si se buscan alojamientos más lujosos y emblemáticos lo mejor es el cercano pueblo de Interlaken, a 12 kilómetros, donde hoteles como el mítico Victoria-Jungfrau Grand Hotel & Spa (victoria-jungfrau.ch) llevan más de 150 años acogiendo tanto a reyes y personalidades como a aventureros de fin de semana, en la mejor tradición de lujo de la hostelería suiza.

DÓNDE COMER

Comer fuera resulta, en general, algo caro, pero hay establecimientos para todos los gustos y bolsillos: desde una comida panorámica en el mítico 360º- Piz Gloria (schilthorn.ch), situado en Schilthorn a casi 3.000 metros de altura, hasta los restaurantes de comida casera, como el Swiss Restaurant Weidstuebli (restaurantlauterbrunnen.ch), un chalet alpino que se encuentra en el camping Jungfrau donde se pueden degustar la típicas fondues y rösti en un ambiente desenfadado. Los restaurantes de los hoteles suelen ser también una buena opción, tanto el del hotel Oberland como el del Silberhorn ofrecen gastronomía suiza a precios razonables. Si se busca una cena más glamurosa, vale la pena visitar La Terrasse, en la espectacular terraza cubierta del hotel Victoria-Jungfrau.

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