Los diamantes se han abierto paso en una de las noches más destacadas que se recuerdan en el Reino Unido. Todo ello con motivo de la visita de Haitham bin Tarik Al Said, el sultán de Omán, un hecho que ha provocado que las damas de la realeza desempolven algunas de las alhajas más destacadas del joyero real que llevaban guardadas en un baúl de plomo desde el pasado mes de marzo. Ha sido en el Castillo de Windsor donde el brillo de cada una de las piedras preciosas ha destacado como nunca, haciendo con su presencia —la reina Camila, Kate Middleton, la princesa de Gales y la duquesa de Gloucester— un auténtico despliegue de diamantes que ha dado luz al Salón de San George, enclave donde se ha celebrado una de las veladas de Estado más esperadas de los últimos tiempos.
La tiara de Kate Middleton
Si por algo se caracteriza la princesa de Gales en las ocasiones más solemnes, es por la elegancia y el porte que la hacen única entre los rincones palaciegos, aunque ha confirmado algo: las perlas y diamantes que un día posaron sobre la testa de Lady Di se han convertido en su apuesta segura. Y es que, aunque en otras ocasiones la hemos visto sorprender con la elección de sus diademas —como por ejemplo con la tiara de los rubíes orientales—, la visita de Estado del sultán de Omán le ha hecho vestirse de gala pero luciendo la impresionante joya cuya historia nace hace más de un siglo. Esta joya fue encargada en 1913 a Garrard —la mítica firma nombrada primer joyero oficial de la Corona— por la reina Mary de Teck, quien buscó replicar una diadema del siglo XIX perteneciente a su abuela, la duquesa de Cambridge. Su diseño destaca por una elaborada estructura de 19 arcos de diamantes rematados por los característicos lazos lover's knot, de los cuales penden con elegancia 19 perlas barrocas en forma de gota.
Bajo el brillo de sus perlas se encontraban unos espectaculares pendientes que formaron parte del joyero de la reina Isabel II. Dos piezas con un elegante diseño en cascada, protagonizado por una gema central en forma de lágrima y rodeada de delicados cristales. A ambos lados, dos líneas verticales de piedras circulares y rectangulares completan la composición, aportándole un aire sofisticado con inspiración en la arquitectura de entreguerras. Un despliegue de diamantes que no ha quedado ahí, pues la esposa del príncipe Guillermo, además, ha situado sobre su muñeca un impresionante brazalete que tiene una historia de lo más curiosa. En los años veinte nació como un elegante collar de garganta, pero, tras la muerte de la reina María en 1953, quedó olvidado durante años. Fue la reina madre quien decidió recuperarlo a mediados de los setenta y darle una nueva vida, transformándolo en una llamativa pulsera. Cuando la Reina Madre falleció en 2002, la pieza pasó a manos de Isabel II, que optó por conservarla en su colección privada y no lucirla en actos oficiales. Hubo que esperar hasta 2015 para volver a verla, cuando la entonces reina se la cedió personalmente a Kate Middleton, que la rescató del joyero real y la incorporó de nuevo a la escena pública.
Las joyas de la reina Camilla
La reina Camilla también se ha convertido en una de las grandes protagonistas de la velada. Mientras la princesa de Gales ha vuelto a apostar por la icónica Lover’s Knot, una de sus diademas más emblemáticas, la esposa de Carlos III ha repetido con la tiara de las Niñas de Gran Bretaña e Irlanda. Una joya cargada de historia que recibió la reina Mary como regalo de bodas en 1893 y que, con el paso de los años, se convirtió en una de las favoritas de Isabel II, hasta el punto de quedar inmortalizada en los billetes y sellos británicos. De esta manera, las elecciones de ambas han terminado por evocar el recuerdo de Diana de Gales e Isabel II en una noche de especial relevancia para la Corona británica. Pero, más allá de la tiara, Camilla también ha llamado la atención por las impresionantes amatistas que adornaban su cuello. Las piedras, con sus intensos tonos morados, aportaban una luz especial al conjunto y creaban un bonito contraste con el vestido azul. A ello se sumaba la banda roja que lucía tras haber sido condecorada con la Orden de Omán de Primera Clase por el propio sultán.
Por su parte, otra de las grandes protagonistas de esta velada ha sido la princesa Ana, quien ha lucido su emblemática tiara de Meandro, una de las joyas de inspiración neoclásica con más carga histórica de la monarquía británica. Un broche de oro a una ocasión en la que la duquesa de Gloucester también se ha hecho con el protagonismo, haciendo de esta velada un auténtico despliegue de diamantes en el que los principales rostros de la dinastía han acaparado todas las miradas de la cita de Estado.








