Olivia Colman y Tobias Menzien

'Un hombre muy fotografiado, pero muy desconocido'

Tobias Menzies reflexiona sobre la figura del duque de Edimburgo tras el reto de interpretarlo en 'The Crown'

El actor analiza la compleja personalidad del príncipe consorte más longevo de la monarquía británica

por L.F.S.

"Si sé algo del duque de Edimburgo, estoy bastante seguro de que no querría que un actor que le interpretó en televisión diese su opinión sobre su vida, así que se lo dejaré a Shakespeare. "Oh, buen hombre, que bien aparece en tí el servicio constante del mundo antiguo... DEP". Con este tributo, Tobias Menzies, que dio vida al duque de Edimburgo en las temporadas tres y cuatro de The Crown, demuestra haber captado a la perfección la esencia del marido de Isabel II. Sin sentimentalismos, con ironía y también solemnidad, una dedicatoria tan impecable y tan al estilo 'Philip', como su aplaudida interpretación. Un día antes del funeral del príncipe consorte, el actor reflexionaba en un podcast de The Guardian sobre la figura de un hombre "muy fotografiado, pero muy desconocido" y el reto que supuso para el meterse en la piel de una figura que ha siginificado tanto para la historia reciente de Reino Unido y Europa.

Las imágenes que resumen el funeral del duque de Edimburgo

Menzies cogía el testigo de Matt Smith, que interpretó al Duque en su versión más juvenil, y lo hacía después de hacer acopio de toda la documentación a su alcance: biografías y sobre todo entrevistas en vídeo para poder empaparse de sus gestos, expresiones, su cadencia al hablar, su lenguaje no verbal. A la vista está que aprendió muy bien todo eso, pero también descubrió la naturaleza contradictoria de un hombre que tuvo que adaptarse al delicado equilibrio de la vida como miembro de la familia real y en una posición que le exigía tanta visibilidad como mesura, siempre tres pasos por detrás de su esposa, Isabel II. El gran reto para el actor era no caer en el cliché y se encontró con una personalidad tremendamente compleja. "Era alguien muy cauto con sus sentimientos y, aún así, no era frío, más bien apasionado, divertido, pero hay una energía en él. No es tranquilo, no es amable. Y todas esas cosas están en lucha dentro de él", ha explicado fascinado por cómo el Duque logró hacerse con el complicado papel de consorte a base de "dignidad y paciencia". 

Para el duque de Edimburgo no fue fácil su llegada a la familia real. No suele serlo para nadie, prueba de ello son Diana de Gales o, más recientemente, Meghan Markle. No hay duda de que su compromiso con la princesa Isabel supuso una oportunidad de oro para un jóven príncipe que llegó exiliado a Reino Unido y que había vivido una infancia y adolescencia más que dura. Sin embargo, para un hombre nacido en la aristocracia de comienzos del siglo XX, conformarse con un papel eternamente secundario y que le impedía dar su apellido a sus hijos, fue una tarea complicada que, según Menzies, acabó haciendo suya gracias a tomarse muy en serio su "no función". "Hay que reconocer el efecto que tuvo él en la institución, en la familia. Se tomó increíblemente en serio su "no función" y empleó mucho esfuerzo e inventiva para crear una vida para él con mucha ingenuidad y energía. Creo que la institución se benefició de ello", ha contado fascinado quien le dio vida en la pequeña pantalla.

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El siglo XX fue transformador para la monarquía británica, tan poco amiga de los cambios, y buena parte de la responsabilidad la tuvo el Duque, principal artífice de algunas de las innovaciones de la ceremonia de coronación de Isabel II, la primera televisada. También insistió en reducir el nivel de pompa y ostentosidad del acto en un tiempo en el que el país se encontraba sumido en la posguerra. "Ayudó a una apertura de la Monarquía, a, en cierto grado, desmitificar las cosas y modernizarla", considera.

Tobias Menzien no cree que a Felipe de Edimburgo le gustase de The Crown y va más allá, no cree que fuera fan de muchas series. "Yo diría que era más bien de documentales. Quería hechos", supone el actor. No es ningún secreto que el Príncipe era un apasionado de la ciencia y la tecnología. La ficción retrata esta fascinación especialmente en un capítulo en el que le vemos exultante por la llegada del hombre a la luna. En el plano más doméstico, Menzien ha recordado que fue él quien pronto pidió ordenadores en Palacio en cuanto la informática comenzaba a imponerse en nuestras vidas. "Era un innovador", ha dicho, y así lo fue hasta el diseño de su propio funeral, en el que respetando la solemnidad de la tradición, introdujo su toque personal en forma de Land Rover. Fue un modelo de este vehículo, que el mismo ayudó a diseñar, el que trasladó el féretro a la capilla de San Jorge. 

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