Nazismo, muertes y abandono: las tragedias que marcaron la juventud de Felipe de Edimburgo

Los duros acontecimientos a los que tuvo que enfrentarse forjaron su carácter

Young Mountbatten

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Felipe de Edimburgo siempre fue considerado la mano fuerte de la Familia Real. Quizás, los duros acontecimientos que tuvo que enfrentar en su infancia y adolescencia , así como su controvertido pasado familiar, forjaron la dureza de su carácter.

No tenía ni dos años cuando tuvo que abandonar Grecia junto a su familia, que se exilió en Francia. Y a los ocho años, quedó despojado de su madre, la princesa Alicia de Battenberg, que fue ingresada en un psiquiátrico, mientras su padre, el príncipe Andrés de Grecia, se instaló en Mónaco con su amante. Solo le quedaban sus cuatro hermanas mayores, que se casaron rápidamente, tres de ellas con aristócratas alemanes, y Felipe fue alejado de ellas al ser matriculado en un internado en Cheam.

Duque Edimburgo©CordonPress
Felipe de Edimburgo en un retrato tomado en 1951.

A los 12 años años, su padre le inscribió en una escuela alemana, pero poco después regresó a Inglaterra e ingresó en Gordonstoun, un durísimo internado escocés, famoso por sus métodos estrictos y espartanos, como ha reflejado, quien sabe si a medio camino entre la ficción y la realidad, la serie The Crown de Netflix (los alumnos eran obligados a vestir pantalón corto todo el año, a tener las ventanas abiertas en los meses fríos de invierto, a correr bajo la lluvia si era necesario por las mañanas antes de desayunar y a darse baños de agua helada).

Nueva tragedia y nazismo

En 1937, a los 16 años, fue golpeado de nuevo por la tragedia cuando su hermana Cecilie, la más cercana a él, murió junto a su marido y sus dos hijos en un accidente de avión, de camino a Inglaterra para visitarle. En el entierro, tal y como refleja el documental de Channel 4 Prince Philip: The Plot To Make a King, aparecía la imagen del afligido joven, que acompañaba el cortejo fúnebre de Cecile. Junto a él aparecían numerosos miembros de su familia que lucían el uniforme nazi. La instantánea había sido tomada en las calles de Darmstadt, cerca de Frankfurt. En ella se apreciaba también a diversas personas realizando el saludo nazi.

Duque Edimburgo©CordonPress

Al igual que Cecile, también sus hermanas Sophie y Margaret se casaron con aristócratas que acabaron convertidos en prominentes figuras del partido. Sin embargo, tal vez fuera Sophie la más cercana al régimen, tras su boda con el príncipe Christoph von Hessen, quien ocupó un alto cargo en el Ministerio del Aire del Tercer Reich, fue coronel de las SS y jefe del Servicio Secreto de Inteligencia. Sophie y su marido eran tan adeptos al régimen que llamaron a su primer hijo Adolf, en honor a Hitler.

En el mencionado documental de Channel 4, otra de las fotografías muestra a Sophie, sentada frente a Hitler, en la boda del comandante Hermann Goering y su ya esposa, Emmy. Una prueba más de la vinculación familiar con una de las épocas más oscuras de la historia de Europa. Su hijo, el príncipe Rainier von Hessen, admitía que su madre admiraba a Hitler, a quien su progenitora calificaba de “hombre encantador y aparentemente modesto”.

La mayor de todos los hermanos, Margaret, se casó con el príncipe de Hohenlohe-Langenburg, quien durante la Segunda Guerra Mundial luchó en el bando alemán en el frente ruso, donde resultó gravemente herido. Posteriormente dejó de ser un adepto al régimen y participó en un complot fallido para asesinar a Hitler el 20 de julio de 1944, lo que le valió la expulsión del ejército.

Duque Edimburgo©CordonPress
La mayor de todos los hermanos, Margaret, se casó con el príncipe de Hohenlohe-Langenburg. En la imagen, de 1947, aparece con tres de sus cinco hijos.

El marido de Isabel II habló por primera vez del pasado nazi de su familia en 2006, en una entrevista incluida en el libro Royals and the Reich. De alguna manera quiso justificar la adhesión al régimen nazi porque encontraron ‘atractivos’ los intentos iniciales de Hitler por recuperar el prestigio y el poder de Alemania: “Había un sentido de esperanza después del deprimente caos de la república de Weimar. Puedo entender a la gente que se aferraba a algo o a alguien que llamaba a su patriotismo e intentaba que las cosas funcionaran”. Asimismo, manifestaba que no era consciente de que nadie en su familia fuera antisemita.