Jacques y Gabriella de Mónaco, la excepción de la nueva generación royal: así crece su protagonismo en los grandes momentos de Estado


Una apuesta de Alberto y Charlène por naturalizar el oficio real desde la niñez, situando a los mellizos en la primera línea de la representación Grimaldi


Jacques y Gabriella de Monaco en el primer día de clase del curso 2025-2026© ©Michaël Alesi/Palacio principesco, Mónaco
Jose MorenoREDACTOR ESPECIALIZADO EN REALEZA
2 de octubre de 2026 a las 19:50 CEST

Europa comienza a perfilar las posiciones de cada uno de los nuevos miembros de las dinastías reinantes, proyectándose a través de ellos los nuevos papeles que comienzan a ahondar en cada una de las monarquías. Un momento clave en el que la preparación de las nuevas generaciones se ejecuta a través de guiones casi invisibles, aunque desvelándose con su propia presencia, pero de las formas más estrictas posibles. Y es que en Europa se ha acostumbrado a proyectar una imagen de distancia y protección de la privacidad pública con los más pequeños de casa real, marcando así la infancia de los miembros más jóvenes de las dinastías europeas. Sin embargo, Jacques y Gabriella de Mónaco protagonizan la otra cara de la moneda, quienes de forma excepcional están protagonizando una estrategia completamente diferente al haber adquirido, de forma progresiva, una visibilidad institucional inédita para su edad, apareciendo incluso en los grandes momentos ceremoniales del principado: una hoja de ruta que les sitúa en el centro de la representación dinástica. 

Retrato oficial de Jacques y Gabriella de Mónaco con motivo de su 11º cumpleaños© Vanessa von Zitzewitz/Princely Palace, Monaco
Retrato oficial de Jacques y Gabriella de Mónaco con motivo de su 11º cumpleaños

La proyección de los jóvenes royals

En antaño, los miembros más jóvenes de cada generación real acostumbraban a ser el centro de un eje dinástico cuya representación se traducía en una constante presencia institucional. Desde que eran pequeños asumían funciones de Estado, participaban en grandes recepciones y se convertían en la proyección del futuro de la Corona: participaban en reportajes, concedían entrevistas e incluso viajaban por el mundo para visibilizarse. Sin embargo, la generación real del siglo XXI ha sido la primera en estrenar una tendencia en la que la infancia se ha convertido en la prioridad absoluta de sus vidas, dejando atrás la participación excesiva, la responsabilidad institucional y un protagonismo centrado únicamente en los Reyes. Ejemplo de ello podría ser nuestra Casa Real: si Felipe VI se convertía durante su niñez en el foco de reportajes y documentales, el caso de la princesa Leonor y la infanta Sofía ha sido muy distinto, pues su infancia ha estado especialmente protegida, al igual que lo está siendo la de otros miembros, como los hijos de los príncipes de Gales; George, Charlotte y Louis. Durante sus primeros años, sus contados encuentros con un Pontífice se limitaron a saludos estrictamente privados en el Palacio de la Zarzuela. Su verdadero debut en una ceremonia solemne no se produjo hasta su juventud, con la visita de León XIV al Palacio Real. Esta es una norma no escrita de blindaje que Jacques y Gabriella de Mónaco han pasado por alto, pues su participación en actos de alto nivel se ha convertido, casi, en una constante en la casa monegasca. 

Cristina Reyes, estilista, sobre los looks de la princesa Leonor en la visita del Papa
La princesa Leonor y la infanta Sofía durante la visita del Papa

Ejemplo de ello fue su aparición sorpresa durante la visita de Emmanuel y Brigitte Macron el pasado junio del pasado año; un momento de distensión en el que los benjamines de los Grimaldi se pusieron al frente de la solemnidad para dar la bienvenida a quien representa al Estado que es, en sí misma, el reflejo de la relación de vecindad y soberanía compartida única en el mundo. Una participación que puso a los pequeños en el foco, y que, tiempo después, se proyectó de la forma más solemne posible con la visita del papa León XIV al Principado, momento en el que la presencia de los mellizos Grimaldi anunciaba de una forma inédita que no eran simples acompañantes de sus padres, sino representantes de la familia soberana. Fue durante esta visita donde los pequeños pusieron en práctica el ejemplo de sus pares, pues a través del regio protocolo asumieron un papel que supieron defender a la perfección. Los pequeños estuvieron junto a sus padres en la solemne ceremonia de bienvenida en el Palacio del Príncipe y, posteriormente, en la recepción familiar documentada por la propia Santa Sede. 

La Familia Real de Mónaco durante la visita del Papa León XIV al Principado© Getty Images
La Familia Real de Mónaco durante la visita del Papa León XIV al Principado

Y es que, en realidad, con la visita del presidente de Italia se confirma algo que se venía sospechando, pues Jacques y Gabriella se sitúan de forma progresiva en el centro del engranaje diplomático, mientras que otros miembros de la realeza, con una edad más avanzada, continúan sin ser partícipes de los actos más solemnes. Es el caso de los jóvenes príncipes de Dinamarca, Bélgica —cuyos príncipes han debutado con los emperadores de Japón a una edad más que diferenciada de la de los benjamines de Mónaco— o Países Bajos, entre otras casas reales cuya nueva generación continúa enfatizando su vida más íntima y una exquisita preparación para lo que el futuro les vaya a deparar dentro de la Corona; aunque, en ese sentido, los hijos de Alberto II y Charlène han marcado la diferencia. Y es que su presencia en actos de política exterior desvela precisamente eso: que su papel no se limita únicamente a los eventos más tradicionales, como las festividades de Santa Devota o el Día Nacional.

La princesa Charlene de Mónaco junto a sus hijos, los príncipes Jacques y Gabriella, durante la visita oficial del ministro italiano a Mónaco, el 2 de octubre de 2026.© GTRES
La princesa Charlene de Mónaco junto a sus hijos, los príncipes Jacques y Gabriella, durante la visita oficial del ministro italiano a Mónaco

Una excepción dinástica que se traduce en una realidad, y es que, al ser hijos del monarca y además compartir la condición de mellizos—con Jacques como heredero y Gabriella en segundo lugar de la línea de sucesión—, Alberto y Charlène tratan de visibilizar el peso de la Corona desde la infancia, aunque con una evidente prudencia que hace de la solemnidad un hecho para el recuerdo. Una visión que, como venimos explicando, contrasta de forma directa con otras formas de proyectar a los pequeños, como es el caso del príncipe Guillermo y Kate Middleton, quienes blindan la infancia de sus pequeños para tratar de ofrecerles la máxima normalidad posible antes de asumir el peso del Estado. Y es que, mientras el resto de casas reales reservan a sus hijos para momentos muy concretos, Mónaco parece haber optado por la naturalización temprana del oficio real, permitiendo que Jacques y Gabriella sean conscientes del regio protocolo y asimilen un legado milenario creciendo entre reyes, presidentes y papas desde la primera línea de la historia de su país.