Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza, el infante brasileño

por hola.com

En la extensa dinastía borbónica encontramos no pocos casos de personajes históricos singulares, ya sea por una trayectoria vital turbulenta o por lo inusual de su semblanza. Éste es el caso de don Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza (1811-1875), una vez que en su persona se aunaban las sangres reales de la Familia Real española, al ser bisnieto del rey Carlos III (1716-1788), y de la portuguesa, habida cuenta de que era igualmente nieto del rey Juan VI (1767-1826). A su extraordinaria alcurnia hay añadir el hecho de que don Sebastián Gabriel nació en el continente americano, concretamente en Brasil, después de que su familia tuviera que huir de Europa huyendo de Napoleón Bonaparte (1769-1821). Hombre de cultura extensa y comprometido políticamente en una primera etapa de su vida con el Carlismo, don Sebastián Gabriel buscaría en un periodo ulterior de su existencia la reconciliación de las dos ramas borbónicas españolas. En estas líneas repasamos su biografía.

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Nace don Sebastián Gabriel – su nombre completo era Sebastián Gabriel María Carlos Juan José Francisco Javier de Paula Miguel Bartolomé de San Geminiano Rafael Gonzaga - el 4 de noviembre de 1811 en el Palacio de los Virreyes de Río de Janeiro, siendo el único descendiente del matrimonio formado por Pedro Carlos de España (1786-1812), nieto del rey Carlos III y de la infanta María Teresa de Braganza (1793-1874), Infanta de Portugal e incluso durante un breve periodo Heredera al trono de ese país como Princesa de Beira hasta el nacimiento de su hermano Francisco Antonio (1795-1801). Era don Sebastián Gabriel, pues, Infante de Portugal y llegaría a ser nombrado más tarde igualmente Infante de España por orden del rey Fernando VII (1784-1833).

Una de las peculiaridades de la biografía del Infante es el hecho de que naciera en tierras brasileñas. La razón hay que buscarla en los acontecimientos históricos que se desarrollaron en gran parte de Europa a comienzos del siglo XIX. En 1807 el ejército francés invadía Portugal y el por aquel entonces aún regente infante Juan, hijo de la reina María I (1734-1816) y abuelo de don Sebastián Gabriel, se veía obligado con su familia a huir al exilio de forma onerosa, con nocturnidad y sin apenas tiempo de preparar la gran cantidad de equipajes que les acompañarían al exilio en la colonia brasileña.

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El viaje en barco de la Familia Real a través del Océano Atlántico solo puede calificarse de estrambótico, teniendo que hacer frente a una severísima tormenta, a una plaga de piojos que hizo estragos entre la tripulación y una carencia de alimentos que por poco acaba con la vida de los Braganza. Sea como fuere, el Rey y sus familiares consiguieron llegar a la Bahía de Todos los Santos, en Brasil. Así comenzaría el periodo de reinado del regente Juan VI en ultramar, caracterizado por una indudable modernización del país sudamericano, pero igualmente por graves problemas políticos y una corrupción prácticamente generalizada. El Rey intentó asimismo que Río de Janeiro se convirtiera en una suerte de ciudad cortesana europea de la época, ofreciendo fiestas de aire aristocrático a las que acudía lo más granado de la sociedad brasileña. Será en uno de estos eventos en los que el infante Pedro Carlos se enamoraría de su prima María Teresa, quienes casarían el 13 de mayo de 1810. Un año después nacía su único hijo, el infante Sebastián Gabriel.

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Un hecho marca la infancia del Infante hispano-luso: la muerte de su padre, apenas un año después de nacer, en el exilio americano. Su madre, pues, tiene que encargarse de la crianza del pequeño Infante, quien, como atestiguan sus escritos, siempre echará de menos a la figura paterna. Con la derrota de Napoleón en 1815 ya no existían obstáculos para el regreso de la Familia Real lusa a su patria. Sin embargo, el infante Sebastián Gabriel y su madre no volverían a Europa hasta 1821, cuando ambos se instalarían en Madrid, una vez que dos hermanas de la infanta María Teresa residían en la capital española: María Isabel de Braganza (1797-1818), esposa de Fernando VII, y María Francisca de Braganza (1800-1834), mujer de Carlos María Isidro de Borbón (1788-1855), futuro líder del Carlismo y primer pretendiente al trono español de esta rama de los Borbones.

Los años en Madrid del Infante y su madre se caracterizan por el cada vez más acusado protagonismo de Doña María Teresa en los tejemanejes de la Corte capitalina, siempre en pos de garantizar la llegada al trono español de don Carlos María Isidro, quien desde 1830 negaba la legitimidad de su sobrina, la futura Isabel II de España (1830-1904), hija de Fernando VII y de la cuarta esposa de éste, María Cristina de Borbón (1806-1878), y reclamaba desde entonces para sí la Corona. La tensión en la Corte entre los partidarios de don Carlos María Isidro, los carlistas, y los de la princesa Isabel, los isabelinos, era máxima lo que no impidió que el infante Sebastián Gabriel encontrara el amor en una de las hijas de la reina María Cristina, la princesa María Amelia de Borbón-Dos Sicilias (1818-1857), con la que no tendría descendencia. Durante estos años el Infante, gran aficionado a la pintura, comienza a compilar una espectacular colección de obras de arte que hoy en día se pueden contemplar, en gran parte, en el Museo del Prado de Madrid.

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En 1833 la muerte de Fernando VII hace estallar la tensión acumulada entre las dos facciones de Palacio y el conflicto deriva en la expulsión de los carlistas de España. De este modo, don Sebastián Gabriel, su madre y el resto de contrarios a la llegada al poder de la princesa Isabel deben abandonar territorio español. El Infante, en primera instancia reacio a apoyar la causa carlista, no tarda en convertirse en uno de los líderes de la causa, llegando a encabezar una campaña militar en Barcelona y participando de forma activa en varias batallas de la llamada Primera Guerra Carlista, como la de Oriamendi en 1837. Mientras, su madre, doña María Teresa, entregada a la causa, terminaría casando con don Carlos María Isidro en 1838, cuatro años después de la primera esposa de éste. María Teresa de Braganza pasaba así convertirse en consorte del rey de los carlistas.

La derrota de éstos condena a don Sebastián Gabriel y al resto de los acólitos de la causa a vivir en el exilio. El Infante lo hace en Nápoles, donde reside hasta 1857, fecha en la que queda viudo. Quizás cansado por los largos años de destierro y desilusionado por la cada vez menor relevancia del Carlismo en España, que tuvo que hacer al varapalo de la muerte de don Carlos María Isidro en 1855, el Infante escribe a su sobrina, la reina Isabel II rogándole poder regresar a España. Cuando la Soberana española acepta la proposición, don Sebastián Gabriel pasa a convertirse en un proscrito de la causa carlista.

De nuevo en España, el Infante lleva una vida alejada de las intrigas palaciegas, solo dedicado a las obras de caridad y al disfrute del lado más frívolo de la vida cortesana. Sería en este periodo cuando don Sebastián Gabriel contraería matrimonio en segundas nupcias con una sobrina de la reina Isabel, doña María Cristina de Borbón y Borbón (1833-1902), con quien tendría cinco hijos, ninguno de ellos con la categoría de Infantes de España.

En 1868 la revolución conocida como La Gloriosa termina con el reinado de Isabel II. Don Sebastián Gabriel y su familia se ven obligados, una vez más, a marchar al exilio, eligiendo en esta ocasión París como destino. En estos últimos años de vida el Infante, otrora adalid del Carlismo, se convierte en un acérrimo defensor de su sobrino, el futuro Alfonso XII (1857-1885), a quien consideraba como garante de la paz y el progreso de España. Asimismo se desvivió, si bien sin éxito, por aunar a las dos ramas borbónicas españolas, con la esperanza de que sellarán la paz definitiva. Su madre, María Teresa, defensora del Carlismo más conservador muere en su exilio italiano en 1874. Don Sebastián Gabriel, muy unido siempre a su progenitora, queda devastado y su salud se deteriora por momentos. Finalmente una pulmonía pone punto y final a su vida el 13 de enero de 1875.

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