No era su primer 'sí, quiero'. Tres meses antes, el pasado julio, se habían casado por lo civil en el castillo de Halbturn, en Austria, pero ahora tocaba la ceremonia religiosa, y la suya prometía ser la gran boda aristocrática del otoño. El sábado 17 de octubre, la duquesa Paulina de Württemberg y el conde Constantin zu Königsegg-Aulendorf pasaban por el altar en la iglesia de San Quirino, en Tegernsee (Alemania), en un enlace que reunió la alta sociedad europea, aunque las celebraciones comenzaron un día antes, con una tradicional recepción en un sitio emblemático de Tegernsee, el Herzogliches Bräustüberl.
La elección de la localidad bávara no era casual. Era un escenario muy especial para la novia, que sorprendió con un vestido con sello español —de Valenzuela Atelier, que tiene su sede en Madrid—, una histórica tiara de diamantes familiar, con forma de espigas de trigo, y un precioso velo de encaje de tres metros. Sus padres, el duque Philipp de Württemberg y María Carolina, duquesa en Baviera, aunque ahora separados, se habían casado allí en 1991. También su hermana mayor, la duquesa Sofía, que dio el 'sí, quiero' al conde Maximilien d'Andigné en 2018 —y que tampoco quiso perderse el enlace—. De hecho, el castillo de Tegernsee, una antigua abadía benedictina, pertenece a su abuelo materno, el duque Max de Baviera, así que todo volvía a quedar en 'casa'.
Pasadas las once de la mañana, Paulina aparecía por la elegante alfombra azul que se había desplegado ante la Iglesia. Caminaba hacia el altar del brazo de su padre, feliz de estar acompañando a su hija en esta ocasión tan especial y al que veíamos, hace tan sólo unas semanas en Mónaco, en el bautizo de la princesa Élisabeth de Orleans —la pequeña de Carlos Felipe y Naomi de Orleans de la que es padrino; y precedida por un pequeño cortejo de damitas y pajes, vestidos en azul y blanco. Radiante, entraba en el templo bajo la atenta mirada de su madre, sus hermanos, su abuela paterna, Diana, duquesa viuda de Württemberg y princesa de Orleans por nacimiento —es hija del recordado Enrique de Orleans, conde de París, y hermana de la acuarelista Ana de Orleans, duquesa viuda de Calabria— y sus cerca de 300 invitados. Entre ellos, Francisco, duque de Baviera; Luis de Baviera —tataranieto de Luis II y heredero de la Casa Wittelsbach—; y los príncipes herederos Alois y Sophie de de Liechtenstein. Sophie —que es hermana de su madre— además, recicló look, llevando el mismo abrigo y tocado que escogió para la coronación del rey Carlos III de Inglaterra.
Según recogía el medio alemán Bild, "cuando la duquesa entró, el tiempo se detuvo por un instante. No quedó un solo ojo seco en la sala, estaba radiante".
Dos linajes
El 'sí, quiero' de Paulina y Constantin unía dos dinastías. Por vía paterna, Paulina desciende de la casa de Württemberg y la de Orleans; y por parte de madre, está vinculada a la casa de Wittelsbach, a la que pertenecía la legendaria emperatriz Sissi. El novio también pertenece a una importante familia de la nobleza alemana, cuyos orígenes se remontan a la Edad Media, y es hijo del conde Markus zu Königsegg-Aulendorf y la condesa Philippa.
La pareja, que actualmente vive en Viena, comienza a escribir así un nuevo capítulo en su bonita historia. Constantin estudió Sociología, Ciencias Políticas y Economía, y ahora trabaja en los sectores de inversión y agricultura. Ella en la delegación europea de la empresa norteamericana de comunicación VML —según figura en su perfil de LinkedIn—, tras cursar un máster en Medios de Comunicación, y Sociología y otro en Experiencia de Cliente e Innovación.

















