"He sido aceptado por los monjes de Shaolin y viviré con ellos en China. Su historia se remonta a unos 1.500 años. Todos son maestros de kung-fu, la madre de las artes marciales, y quiero aprender de ellos", nos dijo el príncipe Simeón de Bulgaria en su primera entrevista, al cumplir 18 años. Y dicho y hecho. En noviembre, puso rumbo al monte Song, en la provincia de Henan, descrito como "el centro del cielo y la tierra", para profundizar en esta disciplina milenaria, y ahora ya es un discípulo Shaolin Kung Fu.
"Simeón superó con éxito todas las evaluaciones y puso punto final a la primera fase con un examen del que fueron testigos maestros y alumnos. Es el único estudiante occidental y fue emocionante el momento en el que recibió su primer diploma y también su nombre chino de Shaolin Kung Fu: Si Miao Tian —que se traduce al español como 'gran discípulo de Buda del magnífico cielo'—", nos dicen desde la legendaria escuela.
Ha regresado a Bulgaria temporalmente para participar en el desfile del Día de la Liberación con la Guardia Juvenil, pero en primavera volverá a China para un entrenamiento muy superior
Aceptado como discípulo
"El joven príncipe —añaden— ha demostrado el virtuosismo de las artes marciales Shaolin Kun Fu y Shaoshi Shan y lo tendremos de vuelta en primavera para un entrenamiento muy superior. Tras pasar el examen, lo que más le llenó de alegría fue ser aceptado como discípulo por el gran maestro Wang Hengying en una ceremonia oficial. Esto significó muchísimo para Simeón. Wang Hengying, que se dedica a difundir y promover la cultura tradicional de las artes marciales chinas, ha sido quien le ha guiado y entrenado. Esta admisión no es solo un testimonio de su arduo trabajo, sino un honor que le acompañará siempre; un valioso tesoro espiritual que le ayudará a impulsar la cultura de las artes marciales chinas. Esa es su idea, su deseo: en el futuro, quiere promover y desarrollar el espíritu de las artes marciales Shaolin Kun Fu".
Se levantaba a las cinco de la mañana para seguir un duro programa de entrenamiento de ocho a diez horas diarias; y seguía el mismo régimen de vida que todos los estudiantes
Nuevos amigos
A lo largo de estos dos meses, Simeón participó en las sesiones diarias de estudio y entrenamiento de la clase de competición, que reúne a los mejores estudiantes. Son alumnos que combaten en eventos de artes marciales a nivel nacional y mundial y atesoran medallas de oro y plata. No hablan inglés, pero lo han recibido con los brazos abiertos, lo han acompañado en todo y, al final, algunos de ellos también se han convertido en buenos amigos.
Durante dos meses estuvo sin teléfono. Solo pudo llamar a sus padres a su llegada y cuando ya estaba a punto de finalizar su estancia
El hijo de la princesa Kalina y el explorador Kitín Muñoz, que está hecho a todo —"la aventura y los desafíos son una escuela de vida"— y comenzó a practicar kung-fu, en Marruecos, cuando era un niño, asumió encantado el durísimo programa, que implica renunciar a la vida ordinaria y abrazar la austeridad en un camino de esfuerzo diario.
La barrera del idioma
Ha vivido cerca del pueblo de Dengfeng, en la provincia de Henan, en el impresionante complejo de 58.000 metros cuadrados, y durmió en el edificio Quanshi, con los entrenadores. Inicialmente, estaba previsto que compartiera dormitorio con sus compañeros, pero, teniendo en cuenta la barrera del idioma, se le permitió alojarse en el mismo edificio que los maestros, pudiendo disfrutar de una habitación individual. Esta fue la única diferencia, por lo demás, Simeón abrazó todas las normas, el menú vegetariano y los horarios establecidos y fue un estudiante más.
Simeón, que sigue estudiando árabe clásico y se está sacando el título de instructor de snowboard y otro de navegación, continúa entrenando en Bulgaria con el Látigo de Nueve Secciones
Su jornada comenzaba a las cinco de la mañana con una carrera por la naturaleza —que repetía varias veces a lo largo del día— y, después del desayuno, empezaba el entrenamiento hasta las 20:30 horas, diez minutos antes de que se apagaran las luces. Esto se traduce en ocho horas de entrenamiento, y algunos días hasta diez, cuando se acercaban los exámenes o quería mejorar en alguna técnica.
Armas de artes marciales
El joven príncipe aprendió rutinas de artes marciales, técnicas de ataque y estrategias defensivas desarrolladas exclusivamente por la escuela y completó la evaluación práctica de combate, logrando una rápida iniciación en el Shaolin Kung Fu. Los cursos que hizo abarcan habilidades internas: Yi Jin Jing —clásico del cambio de músculo-tendón—, fundamental en la herencia marcial, y habilidades básicas con los 24 movimientos de Shaolin, que complementó con otros ejercicios profesionales para mejorar su capacidad física.
Además, según nos cuentan desde la escuela Shaolin Kun Fu, Simeón entrenó con las armas de artes marciales y ahora domina el "pudao" (un tipo de espada ancha); el «guandao», arma emblemática de Guan Yu (general del período de los Tres Reinos), que es como una guadaña y se la conoce como "hoja del dragón verde"; el "jiujie bian" (látigo de nueve secciones), que eligió para el examen final, y el changqiang (lanza), "la reina de las armas". El plan de estudios también incluyó Sanda (combate libre), Shaolin Quan (boxeo) y Chunqiu Da Dao (gran sable de primavera y otoño), arma en la que fue instruido por Wang Guanxiong, director de la Escuela de Artes Marciales de la Montaña Shaoshi, campeón nacional de artes marciales del Chunqiu Da Dao y un gran atleta que participa en competiciones nacionales e internacionales.
Inmersión ancestral
Durante este tiempo de programa intensivo, Simeón "también realizó un estudio profundo de los orígenes históricos de las artes marciales Shaolin, el espíritu de la ética marcial y la esencia cultural de la autoformación". El príncipe recorrió lugares emblemáticos que le permitieron conocer la cultura tradicional china y adquirir una comprensión multidimensional de este país ancestral. Y realizó numerosas visitas a instituciones como el Museo de Armas Antiguas, el Museo de Cultura Agrícola y el Museo de Arte, propiedad de la Escuela de Artes Marciales de la Montaña Shaoshi. En el primero, profundizó en la evolución de las antiguas armas chinas, y en el segundo, en el antiguo patrimonio agrícola del país. Junto a sus compañeros, cosechó verduras en el huerto y recogió productos frescos que se incluyeron posteriormente en los menús de la escuela. Y en el Museo de Arte, descubrió la vasta colección de caligrafía y pinturas de diferentes dinastías, así como la escritura de la hoja de palma, un tesoro invaluable de la cultura budista.
Otra misión
Conseguido el diploma, Simeón ha vuelto temporalmente a su casa de Vitosha, en el barrio de Boyana, en Sofía, para cumplir con otra misión. El 1 de noviembre de 2025, participó por primera vez en el Día de los Próceres de la Nación junto a los escuadrones de la Guardia Juvenil de Bulgaria. Festividad instaurada por el Rey Boris, bisabuelo del príncipe. Y el próximo 3 de marzo, días antes de cumplir 19 años, participará en el desfile del Día de la Liberación. Será algo simbólico —un nieto del Rey Simeón desfilando con la Guardia Juvenil—, pero también histórico, y tiene que recibir instrucción.
No será esto lo único que haga durante su estancia en Sofía. El nieto más pequeño del Rey Simeón seguirá estudiando árabe clásico, aprovechará para sacarse el título de instructor de snowboard y el de patrón de yate —lleva tiempo preparándose— y seguirá entrenando con el Látigo de Nueve Secciones, que se trajo a Bulgaria, antes de volver a China. Shaolin es un paso más para este joven aventurero antes de unirse a la próxima expedición de su padre en balsa de juncos. Será una travesía transoceánica en familia.

















